miércoles, 14 de enero de 2009

Una minoría de parejas mantiene viva la pasión durante décadas; los psicólogos estudian cómo lo logran

FUENTE: LA VANGUARDIA


La actividad cerebral de algunas parejas madura es igual que en novios recientes | Se ha realizado en personas que llevaban una media de 21 años de vida en pareja


Josep Corbella | LA VANGUARDIA Barcelona | 14/01/2009 | Actualizada a las 03:31h | Ciudadanos

Una minoría de parejas consigue mantener durante décadas el enamoramiento de los primeros meses de noviazgo, según ha comprobado una investigación de la Universidad de Stony Brook en Nueva York.

Los consejos de los investigadores

"No sabemos qué es lo que permite a algunas parejas construir relaciones de enamoramiento duraderas", reconoce el investigador Art Aron. "Pero hemos identificado varios factores que influyen en la calidad de una relación":

- Tener buenas aptitudes de comunicación, lo que permite resolver conflictos familiares sin crear tensión adicional.
- Hacer con la pareja de manera habitual actividades nuevas que supongan un reto.
- Celebrar juntos los éxitos de la otra persona.
- No estar sometido a grandes causas de estrés ajenas a la relación como la enfermedad de un familiar, la pobreza o conflictos profesionales.
- Que ninguno de los dos miembros de la pareja sufra ansiedad o depresión.


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El estudio se ha basado en resonancias magnéticas del cerebro de 17 personas que decían estar tan enamoradas como al principio de la relación tras llevar una media de 21 años con la misma pareja. Los resultados muestran que, cuando estas personas piensan en sus parejas, se les activan las mismas áreas del cerebro que a las personas que se encuentran al principio de una relación.

"Siempre se había pensado que el amor apasionado decae inevitablemente con el tiempo. Sin embargo, en un estudio tras otro nos encontramos con estas personas que llevan muchos años juntas y que dicen estar intensamente enamoradas", ha explicado por correo electrónico el psicólogo Art Aron, director de la investigación. "Hasta ahora - explica Aron-habíamos atribuido estas manifestaciones de amor intenso a largo plazo a un proceso de autoengaño o al deseo de quedar bien". Pero Aron y su equipo en la Universidad de Stony Brook, intrigados por estas personas que aparecían en un estudio tras otro, decidieron investigar mejor qué tenían de especial.

En una investigación anterior realizada con estudiantes que llevaban entre uno y diecisiete meses de relación de pareja y que decían estar intensamente enamorados, los investigadores de Stony Brook habían identificado las áreas del cerebro que se activan durante el enamoramiento (véase La Vanguardia del 2/ VI/ 2005). Destacaba especialmente la actividad de la dopamina - un neurotransmisor clave en las adicciones-en áreas que regulan la motivación y la gratificación.

Curiosamente, las áreas que se activan en el enamoramiento se concentran en el hemisferio derecho del cerebro, mientras que las que registran la atracción facial se concentran en el izquierdo - lo que posiblemente explica que uno pueda enamorarse de una persona que no es guapa, o seguir enamorado de una persona que ya no es tan guapa-.

Las áreas cerebrales del enamoramiento tampoco coinciden con las que se activan en la atracción sexual - aunque algunas de estas áreas son comunes en ambos casos-.Esto puede explicar, según los investigadores de Stony Brook, que el enamoramiento se focalice en una sola persona mientras que la atracción sexual pueda dispersarse entre varias personas distintas.

Con todo, los participantes en el nuevo estudio han declarado mantener una vida sexual activa y satisfactoria con sus parejas. La investigación se ha basado en la misma técnica que la realizada hace cuatro años con los estudiantes recién enamorados: se les han mostrado imágenes de sus parejas para estimularles a pensar en ellas y, de manera simultánea, se ha monitorizado la actividad de su cerebro con resonancia magnética.

Los resultados se adelantaron en noviembre en el congreso anual de la Society for Neuroscience de EE. UU. celebrado en Washington - uno de los congresos de neurociencias más importantes del mundo, con más de 31.000 asistentes-y se presentarán próximamente en una publicación científica.

Los datos no permiten estimar qué porcentaje de parejas consigue mantener viva la pasión durante décadas, ya que los participantes no se reclutaron entre la población general, sino que se invitó a personas que llevaran muchos años enamoradas a enrolarse en el estudio. "Me di cuenta de que se referían a mí", ha declarado a Newsday. com Suzanne Bernstein, que conoció la investigación a través de un artículo periodístico.

Tras leer el artículo, Bernstein, que reside en California, se puso en contacto con el equipo de Aron en Nueva York y se ofreció a participar. A sus 59 años, y tras 18 años de matrimonio, Bernstein y su marido siguen caminando siempre cogidos de la mano y se dan los buenos días diciéndose "te quiero".

En declaraciones a The Sunday Times,Art Aron y su mujer Elaine, ambos de 64 años, que trabajan juntos en Stony Brook investigando las relaciones de pareja, han reconocido sentirse algo celosos de estas parejas excepcionales que consiguen mantener una relación tan intensa durante décadas.

Art y Elaine mantienen, según dicen, una muy buena relación de pareja. Pero al principio del estudio ninguno de los dos creía que la actividad cerebral propia de los primeros meses de noviazgo pudiera mantenerse a largo plazo. "Nuestros datos van contra la visión tradicional del enamoramiento, que indica que la intensidad de la relación decae de manera drástica en la primera década", declara Aron.

Y la relación, añade el investigador, puede ser incluso más gratificante para parejas como las que han participado en la investigación que para parejas recientes, ya que "mantienen una relación intensa y sexualmente activa, pero sin experimentar la ansiedad y la obsesión del inicio de un noviazgo".

Las píldoras de Cupido

Futuros fármacos podrán potenciar o inhibir el amor entre personas, vaticina el científico estadounidense Larry Young


J. Corbella | Barcelona | 14/01/2009 | Actualizada a las 03:31h | Ciudadanos

Fármacos que manipulan los sistemas cerebrales a voluntad para aumentar o reducir nuestro amor por otra persona pueden no estar muy lejos", afirma el investigador Larry Young, de la Universidad Emory de Atlanta (EE. UU.), en un artículo publicado en el último número de la revista Nature.

Young es especialista en investigaciones sobre la oxitocina, una hormona que se libera durante la amamantamiento y durante el coito y que refuerza los vínculos emocionales entre madres e hijos y en las parejas. Su predicción sobre el futuro desarrollo de píldoras del amor se basa tanto en sus investigaciones sobre la oxitocina como en las de otros investigadores sobre la neurobiología del amor.

Un fármaco que refuerce el vínculo emocional con otra persona podría ser útil para parejas en situación de crisis que no desean separarse. "No es una posibilidad lejana que se puedan usar fármacos en combinación con la terapia matrimonial", ha declarado Young a The New York Times.Este tipo de fármacos también podría tener demanda entre parejas que no están en crisis pero desean intensificar su relación.

Un fármaco con el efecto opuesto podría ser útil para parejas que sí han tomado la decisión de separarse y que sufrirán menos si consiguen romper el vínculo emocional que aún les une. O bien para personas que son víctimas de violencia o abuso en su relación de pareja.

Pero Young advierte contra un uso fraudulento de estos fármacos. "No falta mucho para que un pretendiente sin escrúpulos pueda introducir una poción de amor farmacéutica en nuestra bebida", señala.

Ya en la actualidad se ofrecen por internet productos para mejorar las relaciones afectivas basados en la oxitocina como Enhanced Liquid Trust, que dice estar "diseñado para mejorar el área de citas y relaciones en tu vida". Ninguno de estos productos ha demostrado tener la seguridad que se exige a los fármacos para autorizar su comercialización y, según Young, "es improbable que tengan ninguna eficacia".


¿Qué relación hay entre amor y sexo?

IGNACIO MORGADO BERNAL - Institut de Neurociència. Universitat Autònoma de Barcelona - 14/01/2009

El amor puede activar los mecanismos cerebrales del sexo y viceversa

Antropólogos como Helen Fisher han sugerido que en los humanos el atractivo con base sexual ha evolucionado hacia el amor romántico o pasional, una forma de lazo o unión que, en perspectiva evolutiva, tiende a asegurar la estabilidad de la pareja para garantizar el cuidado paternal de la prole. Un lazo instintivo similar se observa en animales como el campañol de pradera, pequeño ratoncillo que al copular segrega hormonas cerebrales como la oxitocina y la vasopresina, que contribuyen a mantener de por vida la fidelidad sexual de la pareja. En humanos se segregan también esas hormonas durante las relaciones afectivas y sexuales, pero no tienen la misma capacidad que en animales inferiores para establecer lazos duraderos, ya que el desarrollo de la corteza cerebral confiere al amor romántico, además de componentes motivacionales instintivos, otros emocionales que contribuyen a originar y mantener el atractivo entre los individuos de una pareja. ...


EL AMOR COMO ADICCIÓN

JOSEP CORBELLA

LA VANGUARDIA

JUEVES, 2 JUNIO 2005

Barcelona


El cerebro humano experimenta el enamoramiento igual que una adicción, según investigadores de Estados Unidos que han observado por resonancia magnética qué ocurre en el cerebro de personas que han iniciado hace poco una relación de pareja.

La investigación responde a viejos debates sobre la relación entre amor y sexo. Según resultados publicados el martes en The Journal of Neurophysiology, la atracción física
y el enamoramiento son procesos distintos que activan regiones distintas del cerebro. Esto explicaría, según los autores de la investigación, por qué una persona puede encontrar atractivas a múltiples parejas potenciales, pero difícilmente enamorarse de más de
una a la vez: la región que procesa el enamoramiento tiende a la monogamia, mientras que la que procesa la atracción física tiende a la poligamia.

Los investigadores –de la Universidad del Estado de Nueva York, la Universidad Rutgers de
Nueva Jersey y la Escuela de Medicina Albert Einstein de Nueva York– han analizado a 10 mujeres y 7 hombres de 18 a 26 años que declararon llevar entre 1 y 17 meses “intensamente enamorados”.

Las resonancias magnéticas indican que las regiones del cerebro que se activan cambian a medida que una relación de pareja madura.

En las parejas que llevan entre uno y siete meses juntas se observa una hiperactividad en áreas involucradas en las adicciones –sobre todo el área tegmental ventral y el núcleo caudado–. Pero en parejas que llevan más tiempo juntas empieza a activarse el pálido
ventral, que parece vital para establecer relaciones duraderas.


El estudio muestra que, a medida que pasan los meses y unas áreas del cerebro se activan,
otras se desactivan. Esto explicaría por qué una relación duradera y gratificante no impide que una pareja pueda verse sorprendida por un enamoramiento imprevisto: mientras el área del cerebro que garantiza la relación estable permanece activa, la habitación de la pasión, en el área tegmental ventral, se encuentra disponible.

Pero el resultado que los autores de la investigación consideran más relevante es que el enamoramiento no es una emoción sino más bien una adicción. “No hemos encontrado ningún patrón emocional consistente”, declara Arthur Aron, codirector de la investigación de la Universidad del Estado de Nueva York, en un comunicado.

Las emociones del enamoramiento, advierte Aron, pueden oscilar de manera caótica
entre la euforia, la ansiedad, el enfado, la tristeza o la alegría. Por el contrario, “todos nuestros voluntarios mostraron una actividad intensa en las regiones de motivación y recompensa del cerebro”. Estas regiones son las mismas que se activan en las adicciones.
Igual que en una adicción, los investigadores han observado que el enamoramiento se asocia
a intensas descargas de dopamina en el centro del cerebro.


Y otro punto en común con las adicciones: cuando una persona que se encuentra en esta fase efervescente es rechazada por su pareja, presenta un patrón de actividad cerebral similar al de un síndrome de abstinencia, según un nuevo estudio del mismo equipo de investigación difundido por The New York Times. Este síndrome de abstinencia explicaría por qué muchas rupturas, más que inhibir el deseo de estar con la otra persona, lo acrecientan.

Ignasi Morgado, catedrático de Psicobiología de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), recordó ayer que los estudios de Samir Zeki y Andreas Bartels en el Colegio Universitario de Londres han mostrado una inhibición de la actividad del córtex prefrontal –la principal sede de la racionalidad en el cerebro– en personas que declaran
estar muy enamoradas. “Por lo tanto, parece hacer falta una cierta irracionalidad para el
enamoramiento”, señaló.

Las principales áreas del cerebro involucradas en el enamoramiento trabajan a nivel inconsciente y son comunes a todos los mamíferos. Los autores del estudio
recuerdan además que hay una especie de ratones de las praderas que establecen relaciones
monógamas duraderas gracias a la activación de la misma área del cerebro que las personas.

Todo ello apunta a que “el enamoramiento es posiblemente un tipo de impulso básico de los mamíferos para optimizar el proceso de apareamiento”, afirma Helen Fisher, codirectora del estudio. Lo cual, sin embargo, no significa que la experiencia del enamoramiento sea igual en la especie humana que en otros mamíferos, ya que el cerebro humano tiene una capacidad de ser consciente del proceso superior al de cualquier otra especie. Y tampoco
significa, advierten los investigadores, que el enamoramiento pueda reducirse a los procesos
fisiológicos que se observan en las resonancias magnéticas, ya que es un fenómeno complejo
condicionado por influencias culturales.