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jueves, 5 de enero de 2012

Los hombres tienen un 16 % más de neuronas que las mujeres

ELLAS TIENEN EL CEREBRO MÁS PEQUEÑO PERO MÁS EFICAZ



Según un estudio de científicos españoles, los hombres tienen el cerebro un 10 % más grande que las mujeres. ¿Para qué les sirve esta diferencia? No para ser más inteligentes aunque sí para orientarse mejor en un espacio.

    Todo hombre nace con una brújula en el cerebrover el video
    Video: antena3.com
    antena3.com  |  Madrid  | Actualizado el 03/01/2012 a las 10:28 horas

    Todo hombre nace con una brújula en el cerebro. Lo dice el estudio revela que el cerebro del hombre es un 10% mayor que el cerebro de la mujer. Esto se traduce en un 16% más de neuronas para él, aunque no le hacen más inteligente.
    "El hombre tiene más neuronas dedicadas al razonamiento espacial. El cerebro de ellas es más eficiente, necesita menos enegía y es mejor para las tareas verbales", asegura el psicólogo Miguel Burgaleta, catedrático de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, autor del estudio.
    Ellas disponen de más conexiones neuronales que les permiten hacer varias cosas a la vez. Tienen el cerebro más pequeño pero es más eficaz, consume menos energía y sus conexiones de la materia blanca es más compacta.
    Y todo esto es la evolución genética. Hay que remontarse a las primeras versiones del “homo” cuando salía a cazar, desarrollando parte de su cerebro para situarse en el entorno, no perderse e idear estrategias de ubicación.
    La densidad neuronal de las mujeres les facilita expresar sus emociones, entender la comunicación no verbal y potencia la empatía con los demás. Actitudes desarrolladas por las madres del Paleolítico.

    sábado, 27 de marzo de 2010

    La conexión emocional (...el debate sobre el sustrato biológico y el aprendizaje)

    FONT: http://www.elpais.com/articulo/cataluna/conexion/emocional/elpepiespcat/20100327elpcat_4/Tes/

    GEMMA LIENAS 27/03/2010

    Un amigo psiquiatra me pide si puedo presentar el libro de un psicoanalista, por lo que me manda el prólogo como aperitivo.

    Sin hincarle el diente aún, mi primera intención es decir no, ya que el psicoanálisis y, sobre todo, Freud, siempre me han creado un rechazo atroz, rechazo que comparte un sector significativo de la población y de la comunidad científica, algunas de cuyas críticas reelabora Richard Webster en su libro Por qué Freud estaba equivocado.

    Al margen de la tendencia del doctor a reinterpretar las evidencias cuando no confirmaban sus hipótesis, personalmente no soporto su misoginia. Por ejemplo, su estúpida clasificación del orgasmo femenino en dos categorías, buena o madura -el vaginal, alcanzado por un 5% de las mujeres- y mala o infantil -el clitoridiano, del que disfrutan el 95% restante-, que ha amargado la respuesta sexual de muchas generaciones. O su perversa idea -aún postulada por terapeutas en activo- de que las mujeres maltratadas lo son por la tendencia femenina al masoquismo. O su alucinante ocurrencia de que ellas tienen envidia del pene. ¿Cómo se puede ansiar algo que, por erguirse cuando no es pertinente, te deja en evidencia, y te vuelve a dejar en evidencia si no se yergue siendo pertinente? Más que una prebenda de los dioses, parece un castigo mitológico.

    A pesar de mis reservas, leo el prólogo. Me sorprende agradablemente, puesto que su autor, Ramon Riera, se centra en la importancia del aprendizaje emocional para nuestro posterior funcionamiento como personas. Lo cuenta así: "Los humanos hemos evolucionado y nos hemos diferenciado de los grandes simios en el hecho de que podemos utilizar las relaciones con los demás para aprender a regular nuestras reacciones emocionales. Por tanto, en la especie humana, las relaciones son la fuente principal en la que aprendemos nuevas maneras de afrontar emocionalmente la vida".

    Una frase resume de forma precisa la importancia de la conexión emocional para los seres humanos: "Yo siento que tú sientes lo que yo siento". Una frase que, por poner un contraejemplo, no parece alentar ni la conducta del gerente del Instituto Metropolitano del Taxi, que usó un insulto machista y poco novedoso para calificar a la directora de TV-3, ni la de ella en su irrespetuosa entrevista al presidente de la Generalitat.

    El resto de la lectura de La connexió emocional, pues así se titula el libro, no me defrauda. Por un lado, el autor plantea la terapia psicoanalítica como una escucha activa y empática con el paciente, de modo que me reconcilia con ella. Por otro, refuta muchas de las teorías de Freud y las reelabora a la luz de su propia experiencia médica. En ningún caso, desde luego, intenta "comprimir" el malestar del otro para encajarlo en alguna idea peregrina, sino que trata de averiguar qué aprendizaje emocional en los inicios propició una determinada respuesta adaptativa, que ahora ha dejado de ser eficaz y genera dolor. Un ejemplo de ello puede ser el comentario respecto a cuánto ha cambiado su forma de tratar a pacientes homosexuales: "He aprendido que suele ser más útil investigar la vergüenza que les genera el hecho de ser homosexuales en un mundo dominado por heterosexuales, que no investigar las posibles causas de su homosexualidad".

    Y, por último, echa por tierra no sólo algunas de las teorías misóginas de Freud, sino también las de los biologistas puros y duros, que no dudan en proclamar la subordinación femenina basándose, por ejemplo, en la jerarquía animal y los machos alfa, olvidando justamente que la conexión emocional diferencia a la humana de las otras especies.

    Si a todo eso añadimos que, mediante la resonancia magnética, el autor puede probar los puntos de contacto que hay entre ciertos aspectos de la psicología cognitiva y algunos de los nuevos postulados psicoanalíticos, entenderán que les recomiende este libro interesante y ameno, que cumple con su propósito inicial: "No entiendes algo a fondo hasta que no eres capaz de contárselo a tu abuela".

    martes, 9 de marzo de 2010

    ¿DECIDIMOS DE FORMA DIFERENTE HOMBRES Y MUJERES?. Hombres, mujeres, género y psicobiología (castellano y catalán)



    Ignacio Morgado: «Las mujeres encuentran antes una calle en el mapa que los hombres»


    Ignacio Morgado. Foto: ARCHIVO
    Ignacio Morgado. Foto: ARCHIVO
    CRISTINA SAVALL
    BARCELONA
    ‘¿DECIDIMOS DE FORMA DIFERENTE HOMBRES Y MUJERES?’Auditorio AXA. Diagonal, 557.
    12.05

    Ignacio Morgado (San Vicente de Alcántara, Badajoz, 1951), catedrático de Psicobiología en el Instituto de Neurociencia y la Facultad de Psicología de la Autònoma de Barcelona, participa en la quinta edición de Rethink Barcelona, que hoy dedica una jornada a la mujer y su relevancia a la hora de decidir las compras familiares.

    –¿Qué es la psicobiología?
    --Una disciplina científica que estudia cómo el cerebro crea y controla la mente y el comportamiento.

    –¿Decidimos de forma distinta hombres y mujeres?
    –No siempre, aunque somos diferentes por biología y por cultura. Las grandes decisiones, como qué casa nos vamos a comprar, dónde nos iremos a vivir o si tendremos o no hijos suelen ser compartidas. Las mujeres eligen los electrodomésticos y los hombres, el coche.

    –¿Cómo piensa una mujer?
    –Por cultura está más abocada al hogar y a los hijos, pero eso está cambiando. La mujer cada vez está más sumergida en ámbitos hasta ahora propios de hombres.

    –¿En qué destacan?
    –Las mujeres tienen mejor percepción en todas las modalidades sensoriales, menos en la vista. Poseen mayor fluidez verbal, más capacidades emotivas. Son mejores en movimientos finos y precisos de las manos, en cálculo matemático y en memoria emocional. El cerebro femenino se forma más rápidamente. Una chiquita de 18 años es mucho más madura que sus compañeros.

    –¿En qué sobresalen los hombres?
    –En razonamiento lógico y matemático, en ligar cabos difíciles, en relacionar datos. En habilidades y destrezas motoras.

    –¿Por qué dicen que a muchas mujeres les cuesta leer un mapa?--Tienen peor orientación espacial, aunque poseen más capacidad para localizar y distinguir un objeto del conjunto. Si ponemos un mapa delante de un hombre y de una mujer, ella tiene más probabilidades de localizar una calle antes que él.

    –¿El origen de estas diferencias?
    –Tiene un componente biológico importante, pero también hay aspectos educacionales, como que las mujeres elijan determinados tipos de carreras.

    –Su ponencia es virtual. ¿Se puede comunicar desde la distancia?
    –Una enorme cantidad de información la adquirimos desde la distancia. El cine es la prueba de que una pantalla transmite información lingüística y emocional. 

    Ignacio Morgado: «Les dones troben abans un carrer al mapa que els homes» 


    Ignacio Morgado. Foto: ARXIU
    Ignacio Morgado. Foto: ARXIU

    CRISTINA SAVALL
    BARCELONA
    ‘¿DECIDIMOS DE FORMA DIFERENTE HOMBRES Y MUJERES?’Auditori AXA. 
    Diagonal, 557.
    12.05

    Ignacio Morgado (San Vicente de Alcántara, Badajoz, 1951), catedràtic de Psicobiologia a l’Institut de Neurociència i la Facultat de Psicologia de l’Autònoma de Barcelona, participa en la cinquena edició de Rethink Barcelona, que avui dedica una jornada a la dona i la seva rellevància a l’hora de decidir les compres familiars.

    –¿Què és la psicobiologia?
    --Una disciplina científica que estudia com el cervell crea i controla la ment i el comportament.

    –¿Decidim de manera diferent els homes i les dones?
    –No sempre, tot i que som diferents per biologia i per cultura. Les grans decisions, com quina casa volem comprar, on anirem a viure o si tindrem fills o no solen ser compartides. Les dones elegeixen els electrodomèstics i els homes, el cotxe.

    –¿Com pensa una dona?
    –Per cultura està més abocada a la llar i als fills, però això està canviant. La dona cada vegada està més submergida en àmbits fins ara propis dels homes.

    –¿En què destaquen?
    –Les dones tenen més bona percepció en totes les modalitats sensorials, menys en la vista. Tenen més fluïdesa verbal, més capacitats emotives. Són millors en moviments fins i precisos de les mans, en càlcul matemàtic i en memòria emocional. El cervell femení es forma més de presa. Una noia de 18 anys és molt més madura que els seus companys.

    –¿En què sobresurten els homes?
    –En raonament lògic i matemàtic, a poder lligar caps difícils, a relacionar dades. En habilitats i destreses motores.

    –¿Per què diuen que a moltes dones els costa llegir un mapa?--Tenen més mala orientació espacial, encara que posseeixen més capacitat per localitzar i distingir un objecte del conjunt. Si posem un mapa davant d’un home i d’una dona, ella té més probabilitats de localitzar un carrer abans que ell.

    –¿L’origen d’aquestes diferències?
    –Té un component biològic important, però també hi ha aspectes educacionals, com que les dones elegeixin determinats tipus de carreres.

    –La seva ponència és virtual. ¿Es pot comunicar des de la distància?
    –Una enorme quantitat d’informació l’adquirim des de la distància. El cine és la prova que una pantalla transmet informació lingüística i emocional. 

    domingo, 21 de febrero de 2010

    NATURALEZA Y CULTURA: Cerebros plásticos. "Yes, we can!"


    CÓMO APRENDER CAMBIA LA ESTRUCTURA CEREBRAL

    A diferencia del cerebro de los animales, que viene con conocimientos de fábrica, el del ser humano nace vacío, pero con una fascinante y única propiedad: la plasticidad. Nuestro cerebro está hecho para cambiar, para reconfigurarse a cada instante y adaptarse al entorno. Y es nuestra herramienta secreta para aprender toda la vida

    Cristina Sáez | 20/02/2010 SUPLEMENTO ES, La Vanguardia

    María no para. Antes de las siete de la mañana hoy ya estaba en pie. A primera hora le toca taichi y luego tiene clase de informática; dice que les están enseñando a crear una presentación en Power Point con fotos y música, y ya piensa que ordenará las fotos de Navidad así para enseñárselas al resto de la familia. Además, se ha apuntado a un curso de inglés y también va a teatro, que siempre le ha gustado. Y, por si fuera poco, desde hace algunos meses dirige un centro de gente mayor en el barrio de Gràcia, en Barcelona. A sus 81 años, es incansable. Tiene energía y vitalidad para dar y tomar. "Dicen que somos de la tercera edad y a veces nos preguntan que para qué hacemos esto o aquello. Nos miran incrédulos cuando les decimos que estamos estudiando. Se creen que no podemos aprender. Pero, ¡ja!, eso se lo han creído ellos!", afirma desafiante. Ahora María sabe que la neurociencia les da la razón. 

    El mito de las sopas de letras

    A pesar de lo que muchos creen, hacer sopas de letras no ayuda mucho mantener el cerebro en forma ni tampoco prevenir ciertas enfermedades, como por ejemplo el alzheimer. Pero lo cierto es que esta creencia no está sustentada por ninguna evidencia científica. Si bien las investigaciones en neurociencia que se han realizado sugieren que las sopas de letras pueden aportar dentro de un programa de entrenamiento del cerebro, por sí solas no funcionan. Las sopas de letras ayudan a mejorar nuestra fluidez verbal, que es un tipo de proceso basado en los centros del cerebro del discurso y el lenguaje. Pero sólo aquellos pasatiempos complicados, que te suponen un reto, mejoran la función cerebral. Los que son demasiado fáciles no sirven de mucho. Es importante desafiar al cerebro para que mejore y se produzcan cambios. Y si bien la fluidez es una función importante, es una entre muchas. Lo mejor para mantener nuestro cerebro en buena forma es ejercitarlo en más de un campo.

    Las neuronas espejo y el deporte

    Las neuronas espejo, situadas en la parte frontal del cerebro, son las responsables de que aprendamos. Cuando vemos a otros realizar una acción, esas neuronas captan la información, la analizan y la almacenan, para que después podamos repetir esa acción. Se ha descubierto que cuando nos imaginamos haciendo algo, se activan las mismas neuronas que cuando realmente lo hacemos; eso quiere decir que el cerebro sigue aprendiendo, por lo que la práctica mental puede resultar eficaz e influir –sutilmente, claro– en nuestra respuesta a la hora de jugar al tenis o al fútbol o de patinar o de cualquier deporte. En este sentido, además, se han llevado a cabo experimentos con ratones y ratas y se ha visto que su hipocampo, encargado de la memoria y el aprendizaje, está influenciado por el deporte. Cuando los roedores hacían ejercicio, tendían a crearse neuronas nuevas en su hipocampo, algo que no ocurría en aquellos animales que apenas semovían.

    Mecanismos de compensación

    La plasticidad cerebral también sirve para compensar deficiencias, como la sordera, o la pérdida de alguna función, como ocurre en ocasiones tras un infarto cerebral o un accidente. En estos casos, los científicos han visto que el cerebro tiene la capacidad de reajustarse a las nuevas necesidades. Así, en las personas sordas, el córtex auditivo, en lugar de activarse y responder a las señales sonoras, como ocurre en los oyentes, se concentra en la lectura labial. Richard Haier, profesor emérito de la Universidad de California y neurocientífico, estudia esta plasticidad cerebral en hombres y mujeres. Este experto ha hallado que no todos los cerebros funcionan de la misma manera y que el cerebro masculino y femenino tienen formas distintas de llegar al mismo punto. Para Haier, "conocer estos caminos diferentes será importante para la rehabilitación de pacientes con lesiones cerebrales o con daños causados por impactos frontales, así como de ancianos cuyo deterioro podamos frenar con una reestructuración del cerebro". Así, conociendo cómo funciona cada cerebro, los neurólogos podrían aprovechar su capacidad de adaptación para estimular esas conexiones y restituir funciones.


    Hasta hace apenas 30 años, se creía que los seres humanos nacíamos con un número determinado de neuronas, que se estimaba alrededor de los cien mil millones; que durante la infancia nuestro cerebro se formaba, maduraba y que a partir de los 40 años de edad, empezaba a deteriorarse irremediablemente, lo que nos imposibilitaba aprender nada nuevo. Sin embargo, durante la última década, el desarrollo de nuevas técnicas de imagen de resonancia magnética, que permiten escanear la actividad cerebral de una persona a lo largo del tiempo, ha permitido ver que, al contrario de lo que se pensaba, el cerebro sigue desarrollándose toda la vida. Y que sí, nos hacemos mayores, nos salen las primeras canas, las primeras arrugas; puede que nos cansemos mucho más al subir las escaleras, que durmamos menos, pero podemos seguir aprendiendo, porque nuestro cerebro viene preparado de serie para ser educado durante toda la vida. ¿No es fantástico?

    Cerebros cambiantes  

    Es cierto que nacemos con un número determinado de neuronas y que se van muriendo a medida que nos hacemos mayores –se especula que a razón de 1.000 al día–. Sin embargo, la ciencia no sabe si es bueno o malo. Que las células se autoliquiden es, en muchos casos, una garantía de supervivencia; por ejemplo, un buen número de células tiene que suicidarse durante la formación del feto para que este se forme correctamente, como las que unen todos los dedos de la mano; de no ser así, tendríamos membranas, como los patos, y no podríamos ni tocar el piano ni coger un bolígrafo ni teclear en un ordenador.

    En algunas regiones, como el hipocampo, se ha visto que incluso pueden crearse nuevas neuronas.Y los neurocientíficos también han descubierto que no es tan importante la cantidad de células cerebrales como las conexiones que se establecen entre ellas, las sinapsis. Y estas sí se crean, se renuevan y se densifican, por lo que aunque tengamos 60, 80 o 100 años, podemos aprender a tocar el piano, un nuevo idioma o lo que nos echen.

    "Esta máquina que tenemos todos dentro de nuestra cabeza está diseñada para cambiar. Nos confiere la capacidad de hacer cosas mañana que no podíamos hacer hoy y cosas hoy que ayer no podíamos hacer", explica Michael M. Merzenich, un prestigioso neurocientífico, profesor emérito de la Universidad de California, en San Francisco, experto en aprendizaje. Nuestros cerebros tienen la fascinante capacidad de modificarse físicamente; de reconfigurarse para adaptarse al entorno y las circunstancias cambiantes. Eso es la plasticidad cerebral, una cualidad fascinante y única del cebrero humano.

    De forma instintiva y sin esfuerzo, a cada instante, aprendemos cosas nuevas. Con sólo estar aquí sentados, leyendo esta revista, nuestro cerebro está escaneando y registrando todo lo que nos rodea, obteniendo información que almacenará para después, en caso necesario, recuperarla y usarla. "No es estático, sino que responde a los cambios y a nuevos aprendizajes durante toda la vida", indica la neurocientífica Sarah Blakemore, del Instituto de Neurociencia Cognitiva de la Universidad de Londres. Aunque cómo ocurre eso y por qué es una cuestión mucho más profunda y complicada, y es lo que estudia la neurociencia actual; saberlo abriría las puertas a hallar soluciones para personas con alguna deficiencia, como sordera o ceguera, o que han sufrido daños tras un accidente o un infarto cerebral y han perdido funciones.

    Cerebros sociales "Si cogiéramos a un niño actual y lo pusiéramos en la edad de piedra no aprendería nada. Ni Einstein hubiera sido Einstein así", asegura Javier de Felipe, neurobiólogo del Instituto Ramón y Cajal, del CSIC, que estudia con su equipo la neocorteza, la estructura que recubre el cerebro y que es la parte del sistema nervioso más propiamente humana. "Nuestro cerebro no ha evolucionado durante miles de años, sigue siendo el mismo que el de nuestros antepasados. Lo que hace que avance es la evolución cultural, no la biológica. Vemos, aprendemos, copiamos y avanzamos".

    Para Michael Merzenich, "cada uno tenemos un set de habilidades y capacidades adquiridas que se derivan de nuestra plasticidad, la adaptabilidad de esta increíble máquina de cambios que tenemos en la cabeza. Pero esas habilidades y capacidades individuales están muy influidas por nuestro entorno y eso tiene que ver con la cultura contemporánea".

    Y es que, a diferencia de los animales, que nacen con conocimientos de fábrica, nosotros lo hacemos vacíos, pero con la capacidad de aprender. Sin embargo, no podemos hacerlo solos, sino que necesitamos vivir en sociedad. En 1996 se descubrió que teníamos unas neuronas situadas en la parte frontal del cerebro encargadas de registrar las acciones de los otros y de repetirlas; se activan al observar acciones, emociones y sentimientos en los demás, por lo que son esenciales para interactuar con otras personas, entenderlas y, sobre todo, para aprender. "Somos cerebros sociales, necesitamos estar en contacto con otros cerebros para desarrollarnos", –asegura Sarah Blakemore, de la Universidad de Londres–. Si miramos a los bebés, veremos que pueden hacer pocas cosas, pero su cerebro es como una esponja, que retiene información y empieza a llenarse y a aprender; pero para eso necesita que otras personas le enseñen. Estudios realizados con bebés demuestran que aprenden mucho más si ven a personas de carne y hueso que si se les ponen grabaciones de audio o vídeos".

    "Yes, we can!" En el laboratorio, los científicos tratan de ver qué pasa con el cerebro cuando se adquiere un conocimiento nuevo. Cada cosa nueva que aprendemos, ya sea una canción, un pase de baile, una palabra o una ecuación matemática, comporta cambios físicos constatables en nuestro cerebro. Es lo mismo que ocurre cuando practicamos un deporte. Basta pensar en el brazo derecho del tenista Rafa Nadal. La materia gris se puede encoger, si no la usamos demasiado, o todo lo contrario, densificarse, crecer. Los cambios físicos explican cada conocimiento adquirido pero también los despistes: que nos olvidemos del nombre de una persona o de cómo se llega a tal sitio puede reflejar que hay algún cable dañado, degradado.

    Investigaciones recientes demuestran que, con las circunstancias adecuadas, el cerebro adulto también puede aprender, aunque la maquinaria se deteriore con la edad y sea menos maleable que la de un niño, por lo que cueste más asimilar cosas nuevas, tal y como señala Merzenich. "Hay cosas que podemos hacer para dar cuerda de nuevo a la maquinaria y que no se pare", afirma este neurocientífico, que ha fundado una empresa, Posit Science, en la que un equipo de expertos parte de los últimos avances en ciencia para crear software de formación cognitiva, programas de ejercicios mentales, para activar la mente (www.positscience.com). "Podemos aprender sin importar la edad. Toda la vida. En contra de lo que se creía. Eso sí, tenemos que esforzarnos, porque ya no somos tan ágiles como cuando teníamos 20 años", asegura Maria, la protagonista del inicio de este reportaje.

    "Querer es poder. Úsalo o piérdelo –sentencia Merzenich–. El cerebro no es como los ordenadores, a los que les introduces información y ya está, y esa información se mantiene para siempre almacenada en el cerebro sin usarse. Nuestra mente es como un músculo: hay que ejercitarla cada día, estimularla para que se produzcan conexiones nuevas". Y en eso, quizás, las emociones tengan mucho que ver. Hasta hace poco, la ciencia se basaba únicamente en la genética para acercarse al cerebro. No obstante, ahora la neurología se ha aliado con la psicología para ver de qué manera nos afectan otros factores, como por ejemplo, nuestro estado emocional, y han descubierto que desempeñan un papel esencial. Que existe una relación muy intensa entre los sentidos, la memoria y la cognición. Por ejemplo, a medida que nos hacemos mayores, nos volvemos más olvidadizos, distraídos. En gran parte esto es así porque nuestro cerebro no procesa con tanta intensidad lo que oye o lo que ve como antes, lo que lleva a que no almacene las imágenes de nuestras experiencias tan vívida y claramente, y por tanto, nos cueste recordarlas.

    Los avances en neurobiología, que se suceden a gran velocidad, gracias en buena medida al desarrollo tecnológico, están conduciendo a una mayor comprensión de la plasticidad cerebral. Y eso, coinciden en señalar los que saben, está empezando a revolucionar la ciencia e incluso la propia salud del cerebro, puesto que se están comenzando a buscar terapias basadas en la plasticidad del cerebro para tratar muchos problemas cognitivos. Esta increíble capacidad del cerebro de adaptarse a las circunstancias cambiantes puede ser de gran ayuda para estimular a las personas mayores con problemas de pérdida de habilidades cognitivas o en los primeros estadios del alzheimer para detener la progresión de su enfermedad. A los esquizofrénicos les puede ayudar a mejorar sus síntomas y a llevar vidas normales. Los músicos afectados por distonía focal –una enfermedad conocida popularmente como el "cáncer del músico" y que se trata de un repentino y misterioso trastorno por el que el cerebro incorpora un error en un movimiento automatizado y bloquea la movilidad de una parte del cuerpo– pueden aprender a tocar de nuevo un instrumento sin dolor. Aquellas personas que han sufrido un infarto cerebral y han perdido habilidades pueden reaprenderlas, trazar nuevas conexiones neuronales, y volver a recuperarlas.Y esta lista podría seguir hasta el infinito. "Yes, we can!"

    Cuando aprendemos

    Dime cómo es tu cerebro y te diré de qué trabajas. Nuestra materia gris nos delata, es capaz de ofrecer muchísima información sobre las cosas a las que dedicamos nuestro tiempo. Y es que, de la misma forma que cuando comenzamos a practicar un nuevo deporte, como por ejemplo, tenis, se nos desarrollan los músculos del brazo, en el cerebro pasa algo similar. Cada vez que aprendemos algo, ya sea una lengua, un paso de baile, una palabra o una cara, se modifica; se establecen nuevas conexiones entre neuronas y cambia la intensidad entre otras.

     De hecho, es posible ver cambios físicos en nuestra materia gris con tan sólo cinco días practicando piano, por ejemplo. En Londres, un equipo de neurocientíficos realizó un experimento con los taxistas para ver y analizar esos cambios que se producen en el cerebro. En la capital inglesa, los taxistas deben aprenderse cerca de 25.000 rutas distintas para aprobar el examen para obtener la licencia de taxi. Además, cada día tienen que recordar miles de nombres de calles, qué vías están cortadas, a qué hora hay más tráfico en cada zona de la ciudad. En definitiva, ¡tienen una memoria prodigiosa!

     Con técnicas de imagen cerebral, los científicos vieron que este colectivo tenía en hipocampo mucho más desarrollado que un conductor cualquiera. Esta región del cerebro es la encargada de ayudarnos a recordar dónde hemos dejado las llaves del coche o cómo llegar a tal plaza. Su tarea es almacenar coordenadas. Además, los neurocientíficos se percataron de que el tamaño del hipocampo tenía también que ver con el tiempo que cada persona llevara dedicada al taxi.

     Llevaron a cabo un estudio similar con músicos. Descubrieron que, por ejemplo los violinistas, tenían más desarrollada la parte de su cerebro que controla el movimiento de los dedos de la mano. Es más, el córtex auditivo –la región que procesa la música, situada muy cerca de la superficie del cerebro, a ambos lados de la cabeza, junto a las orejas– es casi un 25% más grande en los músicos profesionales que en el resto.

    lunes, 4 de enero de 2010

    Hombres, ciencia y monogamia


    FUENTE: Redes 26: “La monogamia no es natural” se emitió en la madrugada del domingo 8/03.
    Entre el 25 y el 50 % de los hombres occidentales reconocen haber sido infieles a su pareja al menos una vez. ¿Y las mujeres? ¿Habría dos tipos de monogamia: una social y otra sexual? Con el matrimonio de Judith Eve Lipton, psiquiatra del Swedish Medical Center en Washington, y David Barash, psicólogo de la Universidad de Washington, Eduardo Punset ahonda en los intereses de cada sexo en la vida en común.

    miércoles, 18 de noviembre de 2009

    SIMIOS Y EL SUSTRATO BIOLÓGICO

    ENLACE A TEXTO EN PDF: http://www.educacioncontracorriente.org/portal/index.php?view=article&catid=36%3Aarticulistas&id=2740%3Ael-pais&format=pdf&option=com_content&Itemid=66



    Los estudios de campo están cambiando la imagen que teníamos de los chimpancés. 

    En realidad, la pregunta no es si ellos se parecen a nosotros, sino cuánto hay de ellos en nosotros.

    Cada vez hay más pruebas de que los grandes simios pueden pensar en el pasado y el futuro, y eso determina su presente; algo que se consideraba exclusivo del humano.

    Los chimpancés son muy xenófobos. Son criaturas muy pacíficas en su comunidad, pero con los vecinos su tolerancia es cero. Salen en busca de enemigos para atacarlos.

    Según Jane Goodall, los chimpancés pueden razonar, tener emociones similares a las nuestras y establecer relaciones familiares que pueden durar hasta 60 años.



    Simios: Amor y venganza


    Cada vez conocemos mejor el sorprenden comportamiento de los primates. (Las imágenes que aparecen en esta fotogalería son obra del artista estadounidense George Mead Moore y pertenecen a su trabajo para el Proyecto Gran Simio)






    • 7. Servicios sexuales

       GEORGE MEAD MOORE - 2009-11-03 

       

      SIMIOS,NOBLES, CRUELES O VENGATIVOS

      LUIS MIGUEL ARIZA EL PAIS, 08/11/2009

      No es que ellos hayan cambiado. Es que los conocemos cada vez mejor. Chimpancés y gorilas pueden ser crueles, vengativos, xenófobos, calculadores, agradecidos. Comportamientos que antes creíamos exclusivos de los humanos. Hemos hablado con algunos de los principales expertos en primates. Y no dejan de sorprendernos.

      El parque nacional Tai, al sur de Costa de Marfil, cubre un área de más de 3.300 kilómetros cuadrados y supone la mayor reserva de selva tropical de África Occidental. Árboles de más de 46 metros de altura se alzan para prevenir la llegada de los rayos del sol, y la penumbra que reina en el corazón del bosque esconde sorprendentes tesoros animales, como leopardos, búfalos, hipopótamos pigmeos, antílopes y elefantes. Por supuesto, también es el reino de los chimpancés. Durante la estación seca, que transcurre desde diciembre hasta febrero, los turistas que hayan conseguido los permisos necesarios pueden acercarse hasta este santuario, pero si alzan la mirada no verán más que una gigantesca maraña de hojas y ramas que forma el dosel de esta selva. Eso sí, a los sonidos habituales de los monos e insectos se les unirán curiosos chasquidos que parecen salidos de gargantas humanas. Las comunidades de chimpancés que viven en las alturas se dedican a partir nueces usando las piedras como martillos, pero ese comportamiento extraordinario está oculto gracias a la opacidad de la selva.

       El primatólogo Cristopher Boesch, director del departamento de primates del Instituto Max Planck en Leipzig (Alemania), conoce bien los secretos que hay tras ese umbral oscuro. Hace cinco años, Boesch guió al naturalista David Attenborough y su equipo de la BBC a través de las selvas del Congo para descubrir ante las cámaras las estrategias de caza en grupo de estos monos. Las últimas filmaciones, que utilizan cámaras infrarrojas desde el aire, han desvelado al mundo una estrategia excepcional, una secuencia digna de cualquier película de acción: un grupo de cinco exploradores se desplaza por el suelo de la selva. Entre la cacofonía habitual, sus sentidos son capaces de aislar el sonido que emite su presa, una comunidad de monos colobos que se mueven por una autopista ininterrumpida de ramas, inaccesibles a los pesados cazadores que acechan abajo. Sin embargo, los chimpancés tienen una oportunidad. Avanzan con sigilo para situarse poco a poco debajo de los colobos, que, a decenas de metros más arriba, se creen a salvo. Es un equipo especializado: hay un conductor, un guía, individuos que hacen de bloqueadores y los expertos en emboscadas. El guía es el que se desenvuelve con mayor rapidez y empieza a trepar por uno de los árboles, mientras los otros se quedan abajo, observando; en un determinado momento, la caza comienza. Los chimpancés se alejan rápidamente de la comunidad de colobos, calculando cuáles serán sus movimientos por la autopista arbórea, y dos de los bloqueadores suben eligiendo dos árboles estratégicamente situados a derecha e izquierda. El experto en emboscadas, el chimpancé cazador más experimentado, se desplaza aún más deprisa, eligiendo un árbol más alejado y trepando rápidamente hasta ocultarse.

      El guía ataca a los colobos, los cuales, presas del pánico, se dispersan; pero dos de ellos permanecen juntos en la huida. Los bloqueadores les salen al paso; los monos son obligados a huir en una dirección, donde les espera el cazador. Si consiguen romper la trampa, se salvarán. Pero también es probable que caigan en las garras de los chimpancés. El éxito de la cacería es celebrado por el grupo con chillidos y expresiones de ferocidad. Pero tales empresas para conseguir carne suelen ser peligrosas, pues las caídas y las heridas pueden poner en riesgo la integridad de los miembros del grupo de caza.

      Las hembras, que no participan en las cacerías, siempre tienen la posibilidad de ofrecer sus servicios sexuales a los machos a cambio de carne. Este hallazgo, documentado por Boesch y la antropóloga Cristina Gomes, ha revelado una característica insólita. "Las chimpancés hembra sólo copulan cuando están en celo", indica Gomes a El País Semanal. "Pero descubrí que los machos pueden compartir carne con una hembra aunque no esté aún en celo. Eso significa que podrá copular más con ella cuando entre en celo".

      Cuando llega el momento, un macho puede aparearse hasta veinte veces con la hembra con la que ha compartido la carne, y sólo dos veces con cualquier otra hembra en celo del grupo. La monogamia no existe en los chimpancés. Para Gomes, esta tendencia -una preselección del macho por parte de la hembra a cambio de un bocado de proteínas- es una "especie de trueque, una parte muy importante de cualquier sociedad humana".

      Gomes y Boesch publicaron estos hechos recientemente en la revista PLoS ONE. "Es un intercambio a largo plazo. Él comparte hoy la carne con ella aunque no esté en celo. Y ella copulará con él dentro de dos meses. Es casi una relación", dice Gomes. Para Boesch, la conclusión es obvia: "Nuestros hallazgos añaden cada vez más pruebas de que los chimpancés pueden pensar en el pasado y en el futuro, y que esto influye en su comportamiento presente".

      Los estudios de campo están cambiando la imagen que teníamos de los chimpancés. En realidad, la pregunta no es si ellos se parecen a nosotros, sino cuánto hay de ellos en nosotros. Hace veinte años, la idea de "humanidad" habría parecido simplemente absurda. Hoy no. Los grandes simios -chimpancés, gorilas, bonobos y orangutanes- se comportan como un espejo en el que descubrimos rasgos que antes pensábamos que eran exclusivamente nuestros. "Los chimpancés son muy xenófobos", asegura Gomes. "Son criaturas pacíficas con miembros de su propia comunidad, pero con los vecinos su tolerancia es cero; algo muy característico de los seres humanos. Forman grupos que van en busca de enemigos para atacarlos". También existe la otra cara de la moneda. "La relación entre madre e hijo puede durar toda la vida. Las madres son muy protectoras".

      Frans de Waal, psicólogo en la Universidad de Emory (Atlanta) e investigador en el Centro Nacional de Investigación de Primates en Yerkes, el mayor de Estados Unidos, es uno de los primatólogos más respetados del mundo. "Todos los grandes monos poseen una personalidad tan poderosa que hace que nos veamos reflejados en ellos con sólo un contacto visual", indica a El País Semanal por correo electrónico. No hay que ser un experto. Basta una visita al zoológico y mirar a un chimpancé o a un gorila a los ojos. Así lo cuenta De Waal: "Sentimos que somos similares, y ese sentimiento es mucho mayor del que se desprende con otros animales. No es cuestión de que los primates puedan mirarnos directamente a los ojos; porque también hay otras especies con visión binocular, como los gatos o los búhos, y no nos pasa eso. Es la mente que percibimos que está detrás, el deseo, la reflexión, las emociones. Y todo eso resulta tan parecido a nosotros que cuando los occidentales se encontraron con los monos por primera vez en los zoológicos, a principios del siglo XIX, en París y Londres, se disgustaron? ¡Sí, fue un disgusto!". Las razones, nos dice este experto, radican en que los monos recordaban a los visitantes demasiadas cosas sobre ellos mismos, violando la norma establecida entonces por la religión que dictaba que el hombre no era un animal, sino algo muy diferente. "Esta separación es fácil de mantener cuando miramos a un conejo o un ave, pero con los monos nos colocamos en una posición problemática, y la gente no termina de acostumbrarse".

      Con motivo del bicentenario del nacimiento de Charles Darwin, De Waal acaba de publicar un ensayo en la Fundación John Templeton cuyo título es explícito: ¿Explica la evolución la naturaleza humana? Obviamente, dice el mono. "Convivo a diario con chimpancés y bonobos. Y como nosotros, luchan por el poder, disfrutan del sexo, buscan seguridad y afecto, matan por su territorio, y valoran la confianza y la cooperación. Usamos teléfonos celulares y volamos en aviones, pero nuestra construcción psicológica sigue siendo la de un primate social". El chimpancé suele ser el objeto de estas comparaciones por su similitud genética con los humanos, pero De Waal describe experimentos en los que los monos capuchinos buscan recompensas para sus semejantes a pesar de que ellos no ganan nada en el intento; el carácter desinteresado y filantrópico tampoco es exclusiva nuestra.

      Los gorilas llevan años demostrando habilidades más que sorprendentes, desarrolladas gracias al continuo contacto con las personas. The Gorilla Foundation es una organización sin ánimo de lucro, fundada por la psicóloga Penny Paterson, de la Universidad de Stanford (California), hace más de un cuarto de siglo. Comenzó con su encuentro casual con una cría de gorila llamada Koko en el zoo de San Francisco. Tras un año de aprendizaje, Koko ya sabía manejar 25 palabras en el lenguaje americano de los signos. Ahora sabe más de 1.000. En la propia web de la fundación hay un vídeo donde Koko se dirige al internauta. El animal se palpa el hombro derecho, el pecho y la nariz para decir "soy un buen gorila"; se lleva los dedos a los ojos como si estuviera llorando para expresar que está triste, o golpea el puño de su mano derecha contra la palma de su mano izquierda para pedir ayuda. De acuerdo con esta fundación, Koko es capaz de pintar un ave, entender el inglés o inventar nuevos términos como "pulsera para dedo" para describir un anillo. Es el gorila más famoso del mundo después de King Kong. Hace unos años, un grupo de médicos de la Universidad de Stanford se reunieron para tratar a esta celebridad. Koko tenía dolor de muelas, y lo explicó haciendo gestos de dolor y señalando su boca, describiendo un nivel de dolor entre ocho y nueve en una escala de diez. Como necesitaba anestesia, los médicos aprovecharon para hacerle un chequeo completo de cinco horas: ecocardiograma, radiografías, escáneres de ultrasonidos, colonoscopia, broncoscopia, revisión ginecológica (por lo visto, la gorila había expresado su intención de tener descendencia) e incluso chequeo de arterias. ¿A qué conclusiones llegaron? "El exterior puede ser muy distinto, pero por dentro se parece mucho a los humanos", indicó el cardiólogo David Liang a la revista Stanford Report, editada por la universidad. "Aparte de las proporciones, todo es muy parecido". En su opinión, cualquier doctor que viera las imágenes del corazón de Koko no podría asegurar que no fuese humano.

      ¿Koko? es un caso extraordinario -sometido a continuos debates y polémicas- que ilustra cómo un gran simio puede adaptarse para vivir en una sociedad humana. Sin embargo, hay dos personas en el mundo que han entendido mejor a los grandes simios en su hábitat que ningún otro científico: Dian Fossey, que se adentró en el universo de los gorilas de montaña en Ruanda -y que murió asesinada a machetazos el 26 de diciembre de 1985, probablemente a manos de cazadores furtivos-, y Jane Goodall, que llegó a África para estudiar a los chimpancés y descubrir aspectos sobre ellos absolutamente desconocidos. Goodall, cuyo instituto (www.janegoodall.es) busca sensibilizar a las jóvenes generaciones acerca del mundo de los grandes simios y el cuidado del medio ambiente, ha charlado telefónicamente con El País Semanal. "No pienso en los grandes simios como una clase de humanos, porque nosotros mismos somos simios. Ahora sabemos mucho más sobre similitudes en cuanto a comportamiento y biología. Cualquier distancia entre nosotros y ellos es cuestión de grado".
      Los chimpancés son capaces de razonar, de tener emociones similares a las nuestras y de establecer relaciones familiares que pueden durar hasta 60 años, en palabras de Goodall, sin duda la mayor autoridad mundial en este asunto. Nuestros s son idénticos en más de un 90% -hay estudios que sugieren sólo un 1% de diferencia, mientras que otros apuntan a porcentajes algo mayores-; aunque esta primatóloga advierte de que los seres humanos también compartimos el 50% de nuestros genes con las moscas de la fruta. La clave que nos distancia no está ahí, sino en el sofisticado lenguaje humano. "Podemos enseñar a nuestros hijos y planificar futuros lejanos, entablar debates? Eso es lo que ha desarrollado enormemente nuestro intelecto; de ahí que no tenga sentido comparar ni al chimpancé más inteligente con cualquier humano".

      La experiencia de Jane Goodall encierra un testimonio fascinante que marcó el estudio de los grandes simios durante el siglo XX. Los chimpancés hablan entre ellos. Y ella aprendió a escucharlos: llamadas ligadas a emociones del tipo "aquí estoy", "he encontrado comida que vale la pena", "esto me asusta", "estoy triste", "me han atacado" o "necesito ayuda". También se expresan mediante gestos, posturas, besos. "Los chimpancés son muy conservadores. Nunca habían visto a un primate blanco como yo, y huyeron". Sin embargo, y de forma gradual, fueron acostumbrándose a su presencia. Y uno de ellos, al que llamaría posteriormente David Greybeard, fue quien rompió el hielo. "Perdió el miedo antes que los otros, se os plátanos y empezó a acostumbrarse a mí cada vez más". La reacción de su grupo fue hostil al principio, al considerarla como un depredador: gritos, intimidaciones, ramas arrojadas? Pero Goodall se mantuvo firme, hasta ganarse su confianza, y pudo acercarse a ellos lo suficiente como para reconocerlos como individuos. Sin embargo, y a medida que ella acumulaba experiencias valiosas, se topó con otro aspecto más tenebroso: los chimpancés se embarcaban en guerras. "Fue todo un shock descubrir que, como nosotros, tienen un lado oscuro, que son capaces de cometer actos de extrema brutalidad, la mayoría de las veces entre miembros de comunidades distintas". Hay patrullas que barren sus territorios, y si encuentran a dos individuos aislados, pueden atacarlos e incluso despedazarlos.

      A pesar de ello, la cultura, entendida como un método de aprendizaje mediante la observación, la imitación y, especialmente, la transmisión de una generación a otra, encaja perfectamente en el universo chimpancé. A lo largo de África se han catalogado comunidades que fabrican instrumentos de una manera diferente según el grupo -el uso de ramas como palitos para extraer termitas o herramientas para cascar nueces-, y esa diversidad, las distintas formas que tienen de usar esos objetos naturales, "es uno de los aspectos más fascinantes". Y añade Goodall: "Lo triste es que quizá nunca lo sepamos, pues mientras estamos hablando usted y yo, las poblaciones de chimpancés siguen desapareciendo por culpa de la deforestación y el crecimiento de las poblaciones humanas".

      Señala que cuando inició sus observaciones en África, en 1960, la población de chimpancés rondaba los dos millones de individuos; hoy, como máximo, pueden quedar unos 300.000, la mayoría aislados en pequeños grupos.

      La organización Proyecto Gran Simio / España, que busca otorgar derechos morales -la libertad individual, el derecho a la vida y a la no tortura- a los grandes antropoides, dibuja una situación dramática. En palabras de Pedro Pozas, director ejecutivo, "la situación de los grandes simios en sus hábitats resulta deprimente; a este ritmo, en menos de diez años las poblaciones principales habrán desaparecido para siempre". Aporta datos estremecedores: en Costa de Marfil se ha extinguido en los últimos diez años el 90% de las poblaciones de chimpancés; en Indonesia, el 80% de las selvas ha sido talado, con el perjuicio consiguiente para los orangutanes. Esta organización elaboró una proposición no de ley -que fue aprobada en 2008 en el Congreso de los Diputados- sobre los derechos de los simios, con el objetivo de animar al Gobierno a impulsar una Ley de Grandes Simios, aunque el asunto ha quedado aparcado. "Es algo que apoyo, aunque no es en lo que quiero centrarme y dedicar personalmente mis energías", concluye Goodall. "Tenemos derechos humanos desde hace mucho tiempo, pero se violan a diario. Basta leer la prensa. Prefiero trabajar sobre nuestra responsabilidad como seres humanos y enseñar a los niños a tratarlos con más respeto".