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sábado, 18 de abril de 2009

La piel humana tiene receptores especiales para las caricias

Sólo una velocidad de entre uno y 10 centímetros por segundo causa placer

MALEN RUIZ DE ELVIRA -EL PAÍS Madrid - 14/04/2009



Se ha estudiado mucho la neurobiología del dolor, pero muy poco la del placer. Por eso, científicos de la empresa Unilever y de la Universidad de Carolina del Norte (EE UU) se propusieron comprobar cómo se codifican las sensaciones táctiles agradables, o sea, las caricias.

La sensación placentera no se produce en la palma de la mano

Con un estimulador táctil robótico, que desplaza un pincel sobre el antebrazo del sujeto con una velocidad y una fuerza que se pueden variar, los investigadores han comprobado que son los mecanorreceptores del tipo táctil-C, entre todos los presentes en la piel, los encargados de responder a los estímulos lentos y ligeros. Se han medido directamente las veces que se disparaban estas terminaciones nerviosas libres y la intensidad de las señales mandadas al cerebro.

La velocidad a que se realizan las caricias ha resultado ser crucial para que se puedan considerar como tales. Según los voluntarios participantes en el experimento, los receptores mandan señales de placer al cerebro cuando la velocidad de la caricia oscila entre 1 y 10 centímetros por segundo. Si la velocidad es menor o mayor o no se produce esta sensación placentera o no se activan estas fibras nerviosas. La mayor activación del receptor, que se corresponde con la mayor sensación de placer, se produce a la velocidad de 1, 3 y 10 centímetros por segundo.

Los receptores táctil-C se encuentran únicamente en la piel con vello y están ausentes de la palma de la mano, las mucosas y en los genitales. Su estimulación activa un área del cerebro que se ha relacionando en experimentos anteriores con el proceso de emociones positivas. Por ello, los autores del experimento creen que esta ruta nerviosa está adaptada a la estimulación entre madre e hijo, o a la de naturaleza social, probablemente distinta de la estimulación puramente sexual. También creen que la sensación de placer no depende únicamente de la señal enviada al cerebro, sino que está matizada por experiencias previas y otros factores como la cultura en que vive el individuo.

"Estos resultados son la primera demostración de la relación entre una sensación hedonista positiva y la codificación en el sistema nervioso periférico", señalan los científicos, dirigidos por Hakan Olausson en la revista Nature Neuroscience, en la que se ha publicado el estudio.

Experimentos similares hechos sobre la piel de la palma de la mano no provocaron sensación de placer. La interpretación es que la naturaleza evita así que el cerebro reciba señales conflictivas, que pueda considerar que la mano es acariciada cuando ésta se utiliza para cualquier función.

Unilever, en un comunicado, da una interpretación ligeramente distinta, más adaptada a sus intereses como empresa de productos cosméticos. "Esta investigación indica que estamos hechos para disfrutar del acto físico de cuidarnos", indica Francis McGlone, uno de los autores del estudio. Se refiere concretamente a actos rutinarios diarios como darse crema en el cuerpo o lavarse la cabeza.

Apoyo emocional: aprender a consolar


Isabel Menéndez REVISTA MUJER

Apoyo emocional: aprender a consolar

Autor: EFE

La vida nos enfrenta en ocasiones al sufrimiento de personas a las que queremos, como cuando una amiga sufre la pérdida de un familiar. Es un proceso muy costoso al que en psicología denominamos duelo, palabra que procede del latín (dolus: dolor). Cuando estamos cerca de alguien en esa situación, ¿qué nos sucede? ¿Nos sentimos implicados en su dolor? ¿Qué podemos decirle? La frase te acompaño en el sentimiento expresa sabiamente lo que más le conviene a quien sufre un duelo: necesita que alguien le acompañe y ayude a desgastar los afectos que le invaden, para equilibrar su sistema emocional.

Sólo si hemos podido elaborar los duelos propios (todos hemos tenido pérdidas) y hemos aceptado nuestras carencias (a todos nos falta algo) y debilidades, podemos acompañar al que atraviesa un duelo. Si hemos elaborado nuestras dificultades internas, no nos dará miedo escuchar el dolor ajeno, no trataremos de obturar con nuestras palabras lo que tiene que decir sobre lo que siente, no taparemos con nuestras desgracias lo que le ocurre. En esos momentos, su dolor es el protagonista y necesita ser expresado.

Elena tiene un nudo en el estómago y una opresión en el pecho que sólo se alivia con el llanto
. Su madre ha muerto tras vivir los últimos meses arrasada por el Alzheimer. Está en el tanatorio, rodeada de amigos y familiares. Una cuñada se empeña en llevarla a la cafetería, pero ella no quiere. Prefiere estar rodeada de quienes la acompañan y explicar una y otra vez los últimos días de su madre. Su cuñada le dice que es mejor que piense en otra cosa y consigue arrastrarla a la cafetería, donde empieza a contarle lo mal que lo pasó ella con su madre. Elena se siente mal y regresa.

Una amiga se acerca y le pregunta cómo se siente, solidarizándose con su dolor. Elena se derrumba, comienza a llorar y, mientras le cuenta la angustia que siente, el nudo de su estómago se afloja. Su amiga la escucha mientras le aprieta la mano, le dice que necesitará tiempo para recuperarse y que cuente con ella.

Las personas muy narcisistas
, de las que se suele decir que quieren ser el muerto en el entierro, no saben acompañar a una persona en duelo, porque no pueden dejar nunca el protagonismo ni cuando el otro sufre. La mejor ayuda que podemos dar es escuchar su dolor: emociones como la tristeza, la soledad o la culpa por sentir que no se ha hecho lo suficiente buscan las palabras para expresarse y descargar el dolor.

Al intentar tranquilizar a alguien diciéndole que lo ha hecho todo bien, sin dejar que exprese la culpa que siente, obturamos su dolor. Siempre hay algo de culpa ante la muerte de otro, aunque no seamos conscientes de ello. Es la respuesta a la rabia que tenemos ante el abandono. Nos sentimos desvalidos y solos, por ello es importante tener compañía en ese momento.

Las personas que ayudan son las que no niegan sus conflictos, soportan las carencias y tienen capacidad para aguantar las frustraciones. Nos acostumbramos a vivir como si no fuéramos mortales y sólo en estas ocasiones nos percatamos de nuestra fragilidad. Quienes mejor toleran su fragilidad son más fuertes en las ocasiones difíciles.

ACTITUDES ÚTILES PARA AYUDAR A UNA PERSONA QUE VIVE UN DUELO:

• Preguntar cómo se siente y escuchar lo que cuenta, sin darle demasiadas recomendaciones. No se le debe pedir nada. El vacío que deja alguien se traslada al mundo interno y la boca y la garganta se sobrecargan. Cuando una persona atraviesa un duelo necesita hablar.

• Dejarle llorar si lo necesita, nunca censurar cualquier tipo de afecto que exprese. Llorar alivia la tristeza. La mejor forma de consolarle es abrazarle. Ante la muerte de alguien querido, el dolor es inevitable y saludable.