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lunes, 19 de enero de 2009

El amor es química... y algo de amistad



La antropóloga Helen Fisher define tres tipos de amor

La antropóloga Helen Fisher define tres tipos de amor: el impulso sexual indiscriminado, la atracción sexual selectiva y el cariño.La antropóloga Helen Fisher define tres tipos de amor: el impulso sexual indiscriminado, la atracción sexual selectiva y el cariño ...


Las hormonas definen el calendario amatorio: la testosterona dispara el deseo y la oxitoscina mantiene la fidelidad

JAVIER SAMPEDRO EL PAÍS 18/01/2009

El amor se suele considerar indefinible, porque unos lo ven con Freud como una sublimación del sexo, otros con Fromm como una de las bellas artes, y otros le aplican la palabra al gato. Pero ¿y si los tres tienen razón?

La persona amada y un gol del equipo favorito activan la misma zona cerebral

Los animales tardan minutos en elegir pareja; los humanos, hasta año y medio

El hombre resulta más deseable si aparece rodeado de mujeres

En la valoración de pareja se buscan rasgos que están en uno mismo

La evolución de un gen en los topillos ha sido clave para estudiar el amor

Aspirar una determinada sustancia induce a prestar dinero


La antropóloga Helen Fisher, de la Universidad de Rutgers en Nueva Jersey, se basa en sus experimentos de imagen cerebral (por resonancia magnética funcional) y en el resto de la evidencia disponible para defender una definición tripartita del amor. Primero el impulso sexual indiscriminado, una fuerza autónoma que desata la búsqueda de pareja en cualquier acepción del término; luego la atracción sexual selectiva; y por último el cariño, el lazo afectivo de larga duración que sostiene a las parejas más allá de la pasión.

Son tres procesos cerebrales distintos, pero interconectados. Y tienen una profunda raíz evolutiva común, porque su balance controla la biología reproductiva de las especies.

El impulso sexual, la primera fase del amor, está regulado por la testosterona (masculina) y los estrógenos (femeninos) en el común de los mamíferos, más bien por la testosterona en los primates, y casi exclusivamente por la testosterona en el Homo sapiens.

Los hombres con más testosterona en la sangre tienden a practicar más sexo, pero también las mujeres suelen sentir más deseo sexual alrededor del periodo de ovulación, cuando suben los niveles de testosterona. El declinar de esta hormona con la edad va asociado a la reducción de todos los tipos de libido, incluidas las fantasías sexuales.

La testosterona no se relaciona con los gustos preferenciales, sino más bien con los genéricos. Los psicólogos del Face Research Laboratory de la Universidad de Aberdeen, Reino Unido, acaban de demostrar, por ejemplo, que los altos niveles de testosterona -incluso en el mismo hombre, cuando varían en distintos momentos- se correlacionan con su gusto por los rasgos de la cara asociados a la feminidad, en genérico, como ojos grandes, labios llenos, etcétera. De modo similar, muchos estudios han mostrado que los juicios de las mujeres sobre el atractivo masculino están afectados por los niveles de las hormonas sexuales.

Varios experimentos han cartografiado las zonas del cerebro que se activan al enseñar a los voluntarios una serie de fotos de contenido erótico explícito. Aunque los resultados son complicados, una de las activaciones más reproducibles y proporcionales al grado de excitación sexual declarado por el sujeto es el llamado córtex cingulado anterior. En un experimento independiente, esta misma zona resultó activarse cuando el equipo del voluntario metía un gol, una coincidencia que admite varios tipos de interpretación. O tal vez ninguna.

La segunda fase es el amor romántico, el amor en sentido clásico de la palabra enamorarse. Es un rasgo humano universal, y su característica definitoria es la atracción sexual selectiva. Por esta razón, los etólogos creen probable que el amor humano haya evolucionado a partir del ritual de elección de pareja, o cortejo de atracción típico de los mamíferos. Parece confirmarlo el hecho de que, en casi todos los mamíferos, ese cortejo se caracteriza por un notable despliegue de energía, persecución obsesiva, protección posesiva de la pretendida pareja y belicosidad hacia los posibles rivales.

Pero hay una diferencia. "En la mayoría de las especies", dice Fisher, "el ritual de elección de pareja dura minutos u horas, como mucho días o semanas; en los humanos, esa fase temprana de intenso amor romántico puede durar de 12 a 18 meses". Un año y medio para elegir pareja, ya está bien con el ritual de cortejo.

Según han documentado los antropólogos en 147 sociedades humanas, el amor romántico empieza "cuando un individuo empieza a mirar a otro como algo especial y único". Luego el amante sufre una deformación perceptiva por la que agiganta las virtudes e ignora las sombras del otro. Las adversidades estimulan la pasión, las separaciones disparan la ansiedad.

Son los signos de un alto nivel de dopamina en los circuitos del placer del cerebro, y así lo han confirmado los experimentos de imagen. Por ejemplo, enseñar a un voluntario una foto de su amada activa las rutas de la dopamina en los circuitos del placer. Estos circuitos guían gran parte de nuestro comportamiento -ni comer nos gustaría si no fuera por ellos-, y son los mismos que se activan en el ritual de cortejo, o de elección de pareja, de la mayoría de los mamíferos.

La hipótesis de Darwin era que las hembras elegían a sus parejas basándose en su "sentido innato de la belleza", pero la situación, al menos en la especie humana, parece haber sufrido todo tipo de complicaciones.

El equipo de Steve Buss, de la Universidad Estatal de California en Fullerton, ha demostrado que el mismo hombre les parece más deseable a las mujeres si aparece rodeado de mujeres que cuando aparece solo, o rodeado de otros hombres.

Por el contrario, una mujer pierde puntos ante los hombres si aparece rodeada de otros hombres. La interpretación no está muy clara, pero aquí hay algo que parece escapar del mero romanticismo. Hay otra componente más en en la elección de pareja. Cuando los investigadores preguntan a grupos de estudiantes heterosexuales cuáles son los atributos que más valoran para formar una pareja, cada estudiante parece buscar los mismos rasgos que se atribuye a sí mismo en un test independiente.

Pero el amor romántico, con ser larguísimo en el ser humano, no suele durar más allá de un año o año y medio, y los cachorros de nuestra especie están completamente inválidos a esa edad.

Tercer tipo de amor: el cariño

Hace falta otro mecanismo que prorrogue los lazos afectivos, y lo hay. La pista vino de dos especies de topillos.

El topillo de la pradera (Microtus ochrogaster) tiene un comportamiento familiar intachable. Las parejas son fieles hasta que las muerte las separa, e incluso el 80% de los topillos no vuelven a contraer matrimonio tras enviudar. Los dos cónyuges colaboran sin rechistar en el cuidado de la prole, y suelen vivir con los suegros en paz . Todo lo contrario que su especie hermana, el topillo de la montaña, Microtus montanus: hoscos, enclaustrados en sus madrigueras individuales, traidores con sus parejas; los machos no cuidan de la prole en absoluto, y las hembras abandonan a las crías a las dos semanas de parirlas.

Larry Young, de la Universidad de Emory, descubrió que la buena fama de Microtus ochrogaster sólo es cierta como promedio: muchos topillos de la pradera son fieles y empalagosos, en efecto, pero otros son tan traicioneros y correosos como sus primos de la montaña. Ello le permitió hallar que la causa de esas diferencias entre individuos es un solo gen que evoluciona muy deprisa. El gen fabrica el receptor de la vasopresina.

La vasopresina es una hormona capaz de alterar el comportamiento, pero necesita acoplarse a un receptor situado en las neuronas para ejercer sus efectos. Los topillos que llevan una versión muy activa del gen tienen mucho receptor de la vasopresina en el cerebro, y por tanto son fieles y empalagosos. Los que llevan una versión poco activa tienen poco receptor y por tanto son traidores y malencarados.La versión de alta actividad predomina entre los topillos de la pradera -de ahí la buena fama de la especie-, y la de baja actividad es la norma entre los primos de la montaña, pero cada topillo es un mundo.

Los científicos empezaron a analizar ese gen en las personas y a comparar sus variantes con sus perfiles psicológicos. También añadieron a sus investigaciones otro gen similar que tiene también la capacidad para evolucionar muy rápido, el del receptor de la oxitocina.

Los dos genes están relacionados con la oxitocina y la vasopresina, dos hormonas que afectan al circuito del placer (o de la recompensa) cerebral. Estas hormonas actúan a través de unos receptores situados en las neuronas de esos circuitos. Los dos genes clave fabrican el receptor de la oxitocina y el receptor de la vasopresina.

Hasse Walum y sus colegas del Instituto Karolinska, en Estocolmo, han estudiado recientemente a 552 pares de gemelos o mellizos, y a sus parejas. Han analizado su gen avpr1a (el receptor de la vasopresina) y los han sometido a pruebas para evaluar sus "índices de calidad en la relación marital" y de "vinculación con la pareja". El 32% de los hombres con el gen variante permanecen solteros (frente al 17% con el gen estándar), y todos sus índices de "calidad marital" y vinculación afectiva son significativamente menores.

Cuando una topilla de la pradera recibe una dosis cerebral de oxitocina, se siente vinculada de inmediato al macho que esté más cerca en ese momento, y de forma perdurable. En humanos se ha hecho una prueba similar, pero con dinero. Un equipo de economistas y psicólogos suizos demostró que una simple inhalación de un aerosol de oxitocina hace que la gente confíe más en los extraños y, por ejemplo, les preste mucho más dinero en una situación ficticia (pero con dinero real puesto por el voluntario).

Ambos genes evolucionan muy deprisa y producen variantes (alelos) de mayor o menor actividad, con efectos similares a aumentar o disminuir la cantidad de las hormonas. Ya se ofrecen por Internet productos como Enhanced Liquid Trust basados en la oxitocina, "diseñado para mejorar el área de citas y relaciones en tu vida".

Pero el amor se parece mucho al amor propio. Lisa DeBruine, de la Universidad McMaster de Ontario, reclutó hace unos años a un grupo de voluntarios para jugar por Internet a una especie de dilema del prisionero. Cada voluntario podía ver en el ordenador la cara del otro jugador, y sólo con eso tenía que decidir si compartía con él su dinero o intentaba hacerle una pifia. La pifia, en realidad, se la había hecho DeBruine a todos los voluntarios, porque al otro lado del ordenador no había nadie. El supuesto jugador no era más que un programa, y las caras habían sido generadas por métodos informáticos. El resultado fue que la mayoría de los voluntarios había decidido compartir su dinero candorosamente cuando la cara del otro jugador era... ¡la suya propia!

Si hay una cuarta fase del amor, lo más probable es que esté al otro lado del espejo.


Por qué atrae la belleza

J. S. 18/01/2009

Nuestra evaluación del atractivo de otra persona, incluso cuando nos atrae sexualmente, debe tener algo que ver con la percepción estética, en último término. ¿Por qué unas cosas nos parecen más bellas que otras? No sólo los artistas, sino también varios científicos contemporáneos, piensan que la percepción estética es una forma de conocimiento. El neurocientífico Semir Zeki, del Universiy College de Londres, destaca por ejemplo que "Michelangelo entendió instintivamente la organización visual y emocional del cerebro humano, y sus mecanismos comunes de funcionamiento". Fue ese entendimiento profundo, según Zeki, el que permitió al artista "explotar nuestra organización visual común para excitar experiencias compartidas que la palabra no puede alcanzar".

"Toda la belleza y la grandeza del arte", escribió John Constable, "está en ser capaz de elevarse sobre las formas singulares y las particularidades de cualquier tipo, mediante una idea abstracta más perfecta que cualquiera de los originales". Como una ecuación o una metáfora.


miércoles, 14 de enero de 2009

Una minoría de parejas mantiene viva la pasión durante décadas; los psicólogos estudian cómo lo logran

FUENTE: LA VANGUARDIA


La actividad cerebral de algunas parejas madura es igual que en novios recientes | Se ha realizado en personas que llevaban una media de 21 años de vida en pareja


Josep Corbella | LA VANGUARDIA Barcelona | 14/01/2009 | Actualizada a las 03:31h | Ciudadanos

Una minoría de parejas consigue mantener durante décadas el enamoramiento de los primeros meses de noviazgo, según ha comprobado una investigación de la Universidad de Stony Brook en Nueva York.

Los consejos de los investigadores

"No sabemos qué es lo que permite a algunas parejas construir relaciones de enamoramiento duraderas", reconoce el investigador Art Aron. "Pero hemos identificado varios factores que influyen en la calidad de una relación":

- Tener buenas aptitudes de comunicación, lo que permite resolver conflictos familiares sin crear tensión adicional.
- Hacer con la pareja de manera habitual actividades nuevas que supongan un reto.
- Celebrar juntos los éxitos de la otra persona.
- No estar sometido a grandes causas de estrés ajenas a la relación como la enfermedad de un familiar, la pobreza o conflictos profesionales.
- Que ninguno de los dos miembros de la pareja sufra ansiedad o depresión.


MÁS INFORMACIÓN

El estudio se ha basado en resonancias magnéticas del cerebro de 17 personas que decían estar tan enamoradas como al principio de la relación tras llevar una media de 21 años con la misma pareja. Los resultados muestran que, cuando estas personas piensan en sus parejas, se les activan las mismas áreas del cerebro que a las personas que se encuentran al principio de una relación.

"Siempre se había pensado que el amor apasionado decae inevitablemente con el tiempo. Sin embargo, en un estudio tras otro nos encontramos con estas personas que llevan muchos años juntas y que dicen estar intensamente enamoradas", ha explicado por correo electrónico el psicólogo Art Aron, director de la investigación. "Hasta ahora - explica Aron-habíamos atribuido estas manifestaciones de amor intenso a largo plazo a un proceso de autoengaño o al deseo de quedar bien". Pero Aron y su equipo en la Universidad de Stony Brook, intrigados por estas personas que aparecían en un estudio tras otro, decidieron investigar mejor qué tenían de especial.

En una investigación anterior realizada con estudiantes que llevaban entre uno y diecisiete meses de relación de pareja y que decían estar intensamente enamorados, los investigadores de Stony Brook habían identificado las áreas del cerebro que se activan durante el enamoramiento (véase La Vanguardia del 2/ VI/ 2005). Destacaba especialmente la actividad de la dopamina - un neurotransmisor clave en las adicciones-en áreas que regulan la motivación y la gratificación.

Curiosamente, las áreas que se activan en el enamoramiento se concentran en el hemisferio derecho del cerebro, mientras que las que registran la atracción facial se concentran en el izquierdo - lo que posiblemente explica que uno pueda enamorarse de una persona que no es guapa, o seguir enamorado de una persona que ya no es tan guapa-.

Las áreas cerebrales del enamoramiento tampoco coinciden con las que se activan en la atracción sexual - aunque algunas de estas áreas son comunes en ambos casos-.Esto puede explicar, según los investigadores de Stony Brook, que el enamoramiento se focalice en una sola persona mientras que la atracción sexual pueda dispersarse entre varias personas distintas.

Con todo, los participantes en el nuevo estudio han declarado mantener una vida sexual activa y satisfactoria con sus parejas. La investigación se ha basado en la misma técnica que la realizada hace cuatro años con los estudiantes recién enamorados: se les han mostrado imágenes de sus parejas para estimularles a pensar en ellas y, de manera simultánea, se ha monitorizado la actividad de su cerebro con resonancia magnética.

Los resultados se adelantaron en noviembre en el congreso anual de la Society for Neuroscience de EE. UU. celebrado en Washington - uno de los congresos de neurociencias más importantes del mundo, con más de 31.000 asistentes-y se presentarán próximamente en una publicación científica.

Los datos no permiten estimar qué porcentaje de parejas consigue mantener viva la pasión durante décadas, ya que los participantes no se reclutaron entre la población general, sino que se invitó a personas que llevaran muchos años enamoradas a enrolarse en el estudio. "Me di cuenta de que se referían a mí", ha declarado a Newsday. com Suzanne Bernstein, que conoció la investigación a través de un artículo periodístico.

Tras leer el artículo, Bernstein, que reside en California, se puso en contacto con el equipo de Aron en Nueva York y se ofreció a participar. A sus 59 años, y tras 18 años de matrimonio, Bernstein y su marido siguen caminando siempre cogidos de la mano y se dan los buenos días diciéndose "te quiero".

En declaraciones a The Sunday Times,Art Aron y su mujer Elaine, ambos de 64 años, que trabajan juntos en Stony Brook investigando las relaciones de pareja, han reconocido sentirse algo celosos de estas parejas excepcionales que consiguen mantener una relación tan intensa durante décadas.

Art y Elaine mantienen, según dicen, una muy buena relación de pareja. Pero al principio del estudio ninguno de los dos creía que la actividad cerebral propia de los primeros meses de noviazgo pudiera mantenerse a largo plazo. "Nuestros datos van contra la visión tradicional del enamoramiento, que indica que la intensidad de la relación decae de manera drástica en la primera década", declara Aron.

Y la relación, añade el investigador, puede ser incluso más gratificante para parejas como las que han participado en la investigación que para parejas recientes, ya que "mantienen una relación intensa y sexualmente activa, pero sin experimentar la ansiedad y la obsesión del inicio de un noviazgo".

Las píldoras de Cupido

Futuros fármacos podrán potenciar o inhibir el amor entre personas, vaticina el científico estadounidense Larry Young


J. Corbella | Barcelona | 14/01/2009 | Actualizada a las 03:31h | Ciudadanos

Fármacos que manipulan los sistemas cerebrales a voluntad para aumentar o reducir nuestro amor por otra persona pueden no estar muy lejos", afirma el investigador Larry Young, de la Universidad Emory de Atlanta (EE. UU.), en un artículo publicado en el último número de la revista Nature.

Young es especialista en investigaciones sobre la oxitocina, una hormona que se libera durante la amamantamiento y durante el coito y que refuerza los vínculos emocionales entre madres e hijos y en las parejas. Su predicción sobre el futuro desarrollo de píldoras del amor se basa tanto en sus investigaciones sobre la oxitocina como en las de otros investigadores sobre la neurobiología del amor.

Un fármaco que refuerce el vínculo emocional con otra persona podría ser útil para parejas en situación de crisis que no desean separarse. "No es una posibilidad lejana que se puedan usar fármacos en combinación con la terapia matrimonial", ha declarado Young a The New York Times.Este tipo de fármacos también podría tener demanda entre parejas que no están en crisis pero desean intensificar su relación.

Un fármaco con el efecto opuesto podría ser útil para parejas que sí han tomado la decisión de separarse y que sufrirán menos si consiguen romper el vínculo emocional que aún les une. O bien para personas que son víctimas de violencia o abuso en su relación de pareja.

Pero Young advierte contra un uso fraudulento de estos fármacos. "No falta mucho para que un pretendiente sin escrúpulos pueda introducir una poción de amor farmacéutica en nuestra bebida", señala.

Ya en la actualidad se ofrecen por internet productos para mejorar las relaciones afectivas basados en la oxitocina como Enhanced Liquid Trust, que dice estar "diseñado para mejorar el área de citas y relaciones en tu vida". Ninguno de estos productos ha demostrado tener la seguridad que se exige a los fármacos para autorizar su comercialización y, según Young, "es improbable que tengan ninguna eficacia".


¿Qué relación hay entre amor y sexo?

IGNACIO MORGADO BERNAL - Institut de Neurociència. Universitat Autònoma de Barcelona - 14/01/2009

El amor puede activar los mecanismos cerebrales del sexo y viceversa

Antropólogos como Helen Fisher han sugerido que en los humanos el atractivo con base sexual ha evolucionado hacia el amor romántico o pasional, una forma de lazo o unión que, en perspectiva evolutiva, tiende a asegurar la estabilidad de la pareja para garantizar el cuidado paternal de la prole. Un lazo instintivo similar se observa en animales como el campañol de pradera, pequeño ratoncillo que al copular segrega hormonas cerebrales como la oxitocina y la vasopresina, que contribuyen a mantener de por vida la fidelidad sexual de la pareja. En humanos se segregan también esas hormonas durante las relaciones afectivas y sexuales, pero no tienen la misma capacidad que en animales inferiores para establecer lazos duraderos, ya que el desarrollo de la corteza cerebral confiere al amor romántico, además de componentes motivacionales instintivos, otros emocionales que contribuyen a originar y mantener el atractivo entre los individuos de una pareja. ...


EL AMOR COMO ADICCIÓN

JOSEP CORBELLA

LA VANGUARDIA

JUEVES, 2 JUNIO 2005

Barcelona


El cerebro humano experimenta el enamoramiento igual que una adicción, según investigadores de Estados Unidos que han observado por resonancia magnética qué ocurre en el cerebro de personas que han iniciado hace poco una relación de pareja.

La investigación responde a viejos debates sobre la relación entre amor y sexo. Según resultados publicados el martes en The Journal of Neurophysiology, la atracción física
y el enamoramiento son procesos distintos que activan regiones distintas del cerebro. Esto explicaría, según los autores de la investigación, por qué una persona puede encontrar atractivas a múltiples parejas potenciales, pero difícilmente enamorarse de más de
una a la vez: la región que procesa el enamoramiento tiende a la monogamia, mientras que la que procesa la atracción física tiende a la poligamia.

Los investigadores –de la Universidad del Estado de Nueva York, la Universidad Rutgers de
Nueva Jersey y la Escuela de Medicina Albert Einstein de Nueva York– han analizado a 10 mujeres y 7 hombres de 18 a 26 años que declararon llevar entre 1 y 17 meses “intensamente enamorados”.

Las resonancias magnéticas indican que las regiones del cerebro que se activan cambian a medida que una relación de pareja madura.

En las parejas que llevan entre uno y siete meses juntas se observa una hiperactividad en áreas involucradas en las adicciones –sobre todo el área tegmental ventral y el núcleo caudado–. Pero en parejas que llevan más tiempo juntas empieza a activarse el pálido
ventral, que parece vital para establecer relaciones duraderas.


El estudio muestra que, a medida que pasan los meses y unas áreas del cerebro se activan,
otras se desactivan. Esto explicaría por qué una relación duradera y gratificante no impide que una pareja pueda verse sorprendida por un enamoramiento imprevisto: mientras el área del cerebro que garantiza la relación estable permanece activa, la habitación de la pasión, en el área tegmental ventral, se encuentra disponible.

Pero el resultado que los autores de la investigación consideran más relevante es que el enamoramiento no es una emoción sino más bien una adicción. “No hemos encontrado ningún patrón emocional consistente”, declara Arthur Aron, codirector de la investigación de la Universidad del Estado de Nueva York, en un comunicado.

Las emociones del enamoramiento, advierte Aron, pueden oscilar de manera caótica
entre la euforia, la ansiedad, el enfado, la tristeza o la alegría. Por el contrario, “todos nuestros voluntarios mostraron una actividad intensa en las regiones de motivación y recompensa del cerebro”. Estas regiones son las mismas que se activan en las adicciones.
Igual que en una adicción, los investigadores han observado que el enamoramiento se asocia
a intensas descargas de dopamina en el centro del cerebro.


Y otro punto en común con las adicciones: cuando una persona que se encuentra en esta fase efervescente es rechazada por su pareja, presenta un patrón de actividad cerebral similar al de un síndrome de abstinencia, según un nuevo estudio del mismo equipo de investigación difundido por The New York Times. Este síndrome de abstinencia explicaría por qué muchas rupturas, más que inhibir el deseo de estar con la otra persona, lo acrecientan.

Ignasi Morgado, catedrático de Psicobiología de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), recordó ayer que los estudios de Samir Zeki y Andreas Bartels en el Colegio Universitario de Londres han mostrado una inhibición de la actividad del córtex prefrontal –la principal sede de la racionalidad en el cerebro– en personas que declaran
estar muy enamoradas. “Por lo tanto, parece hacer falta una cierta irracionalidad para el
enamoramiento”, señaló.

Las principales áreas del cerebro involucradas en el enamoramiento trabajan a nivel inconsciente y son comunes a todos los mamíferos. Los autores del estudio
recuerdan además que hay una especie de ratones de las praderas que establecen relaciones
monógamas duraderas gracias a la activación de la misma área del cerebro que las personas.

Todo ello apunta a que “el enamoramiento es posiblemente un tipo de impulso básico de los mamíferos para optimizar el proceso de apareamiento”, afirma Helen Fisher, codirectora del estudio. Lo cual, sin embargo, no significa que la experiencia del enamoramiento sea igual en la especie humana que en otros mamíferos, ya que el cerebro humano tiene una capacidad de ser consciente del proceso superior al de cualquier otra especie. Y tampoco
significa, advierten los investigadores, que el enamoramiento pueda reducirse a los procesos
fisiológicos que se observan en las resonancias magnéticas, ya que es un fenómeno complejo
condicionado por influencias culturales.


miércoles, 3 de septiembre de 2008

Genes, fidelidad e infidelidad


El gen que los hace infieles

Fuente:
http://www.elpais.com/articulo/sociedad/gen/hace/infieles/elpepisoc/20080903elpepisoc_1/Tes

Una mutación presente en el 40% de los hombres condiciona su capacidad de compromiso y lealtad con su pareja

EL PAÍS, JOAN CARLES AMBROJO 03/09/2008

¿Son multitud el trío amoroso que aparentemente refleja Vicky Cristina Barcelona, la última película de Woody Allen? ¿Los seres humanos están hechos sólo para relaciones monógamas? Porque, ¿quién puede afirmar no haber amado o deseado a más de una persona a lo largo de su vida a la vez?

La infidelidad ¿culpa de un gen?

VIDEO - VNEWS - 03-09-2008

Lo de la infidelidad es un tema escabroso que trae por la calle de la amargura a muchas parejas. Pero ahora, todo podría dar un cambio después de la publicación de un estudio desde el Instituto Karolinska de Estocolmo, que asegura que es la existencia o no de un determinado gen en el hombre la que determina su infidelidad. - VNEWS

La noticia en otros webs

Las relaciones se están redefiniendo hacia la individualidad

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La variante se asocia también con la inestabilidad en el matrimonio

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Este trabajo puede ayudar a explicar otros problemas de interacción social

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Esta información no permite predecir cómo irá un matrimonio

Pueden estar seguros de que se habrán escrito ríos de tinta sobre las relaciones amorosas y sus dificultades y, cómo no, sobre la infidelidad. Al final, puede resultar que engañar a la pareja sea simplemente cuestión de tener o no un gen. Al menos, en los hombres. Y tiene un nombre, la variante 334, que la ciencia acaba de encontrar.

Esta mutación es un enlace directo entre los genes del hombre y su aptitud para la monogamia. Investigadores del Instituto Karolinska de Suecia han publicado en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences los resultados de un estudio según el cual los hombres que carecen de la variante de un gen que influye en la actividad del cerebro tienen mayor capacidad de compromiso con la mujer.

¿Eso quiere decir que, a partir de ahora, antes de pronunciar el "sí quiero", la novia debería pedir un certificado genético de su futuro marido? El efecto de esta variación genética es relativamente modesto, explica Hasse Walum, investigador del Instituto Karolinska y que ha participado en el estudio, "y no puede ser utilizado para predecir con ninguna precisión el comportamiento que tendrá un hombre en una futura relación", asegura.

Pero Helen Fischer, antropóloga de la Universidad de Rutgers y especialista en amor romántico, dijo al Washington Post que esta información genética podría ayudar a un hombre y a su esposa cuando vayan a contraer matrimonio. "Conocer los "puntos débiles" será útil para superar futuros problemas", afirma.

Y, ¿de qué manera influye la variante de este gen en los hombres? Técnicamente, dicho gen forma un receptor para la vasopresina, una hormona que se encuentra en muchos mamíferos. En general, las personas que presentan mayor preferencia por mantener una pareja estable tienen los niveles de dopamina, oxitocina y vasopresina aumentados. ¿Y esta hormona no podría afectar también al comportamiento de las mujeres? Los científicos estudiaron a los hombres porque se sabe que la vasopresina desempeña un papel más relevante en su cerebro que en el de las mujeres.

El mismo gen se ha estudiado previamente en los campañoles, unos ratones de campo, y resultó estar ligado al comportamiento monógamo de los machos. Este hecho, afirma Walum, "hace nuestros resultados aún más interesantes, y sugiere que los mecanismos del cerebro estudiados que sabemos dan lugar a enlaces fuertes entre los individuos de campañol pueden también ser relevantes en los humanos". Curiosamente, el efecto de la vasopresina en las relaciones humanas podría dar lugar a descubrir las causas de enfermedades que se caracterizan por problemas de interacción social como el autismo, concluye este científico.

El estudio lo han realizado con 1.100 personas (550 hombres gemelos suecos y sus correspondientes parejas o esposas). La variante del gen, el alelo 334, está presente en dos de cada cinco varones del estudio. La variante de este gen influye, asimismo, en las posibilidades de que existan problemas de convivencia en el matrimonio o en la relación de pareja.

Los investigadores suecos han encontrado que los hombres que llevan una o dos copias de la variante del alelo 334 se comportan a menudo de forma diferente en las relaciones de pareja, que los hombres que carecen de esta variante del gen.

Como explicó a EL PAÍS Hasse Walum, el 40% de los individuos estudiados llevaban una o dos copias del alelo 334. Tener esa variante, ¿qué significaba? Pues que estos hombres duplicaban también la probabilidad de haber sufrido una crisis marital o de relación durante el último año, a diferencia de los hombres que carecían de esa variante. Las mujeres que se casaron o unieron con los hombres que llevaban esas copias del gen se mostraron menos satisfechas de su relación amorosa con relación a las que se unieron con hombres sin esa variante.

Afortunadamente, no hay que asustarse. Los mismos científicos nos tranquilizan: tener ese alelo no marcará nuestras vidas. "Todo comportamiento humano tiene tres esferas, la biológica, la psicológica y la social, y todas ellas influyen de una manera u otra. La existencia de un factor biológico no significa que lleve al hombre a tener un problema de relación", asegura.

Miguel Ángel Cueto, psicólogo y secretario general de la Federación Española de Sociedades de Sexología. "Los factores sociales y psicológicos o la interacción con el medio pueden ayudar o perjudicar en los conflictos de pareja", añade Cueto.

Entonces, ¿la monogamia no está amenazada? "No creo que la monogamia esté más en declive que antes. Somos poligámicos por naturaleza y monogámicos de vocación", explica el psicólogo especializado en relaciones amorosas Walter Riso. "Los machos desparramando genes y las hembras diluyendo la paternidad entre varios para cuidar las crías es lo que enseñan las teorías evolucionistas", añade. Sin embargo, parece ser que en la cultura humana se imponen el acuerdo, los valores y el sentido de exclusividad.

"La experiencia muestra que aunque la posmodernidad avanza en la autonomía y otros rubros, los acuerdos afectivos que buscan la estabilidad amorosa siguen en boga. La gente quiere relaciones afectivamente estables, seguras y tranquilas, incluso los jóvenes", aventura el psicólogo Walter Riso.

Hay quienes buscan alternativas. La monogamia no tiene por qué ser necesariamente el mejor de los estilos de vida, "depende de lo que haya en juego, de los costos psicológicos, del sentimiento implicado en las personas", añade Riso.

Y es que, dice este psicólogo, abrir una sucursal afectiva puede resultar enloquecedor para todos los implicados. Sin embargo, sí cree posible que podamos amar a más de una persona al mismo tiempo: "Es cuando fragmentamos los tres componentes del amor: Eros (sexo), Philia (amistad) y Ágape (ternura). En vez de en una, pueden estar repartidos entre varias personas". Algunos expertos consideran que tendemos hacia una sociedad cada vez más individualista, donde las relaciones son cada vez más individuales porque las personas dan prioridad a sus trayectorias personales.

En este sentido, las relaciones de pareja se están redefiniendo "porque aparece como un contrato temporal, una relación puntual o de apoyo mutuo, y en muchos casos lleva a que estés abierto a cualquier tipo de relación y que dentro de tu trayectoria individual te parezca que es correcta, de forma que no colisione con otros compromisos ya adquiridos y lo explicitas", dice Antonio López, profesor de Sociología de la Universidad Española de Educación a Distancia (UNED).

¿Y qué está ocurriendo con estas trayectorias individualizadas y personales? Teóricamente, a algunas personas le puede llevar a establecer acuerdos con sus parejas como tener nuevas experiencias con otras personas distintas, de forma "que aporten un plus de novedad, por las características físicas o psicológicas", afirma López.

Pero toda cara tiene su cruz. Y es que, añade el sociólogo, los seres humanos no son tan maleables como los discursos que tenemos sobre nosotros mismos. Vamos, que una cosa se piensa, es la teoría, y otra, la práctica. "Cuando haces determinadas acciones, las relaciones (y tú mismo) se pueden deteriorar", añade López.

Una aventurilla puntual dentro de una relación monógama de nuevo cuño podría responder, no tanto a la libre elección de la persona, sino porque se encuentre insatisfecha "y en el fondo ambos pueden estar buscando la redefinición de la relación", dice el sociólogo. Cada persona debería adaptarse a su estilo de afecto y de amor que desee "y como el amor y las relaciones afectivas son polimorfas, cada uno tenemos la capacidad de decidir la relación afectiva, emocional o sexual que deseemos", dice Miguel Ángel Cueto.

Desde hace tiempo se habla de que las relaciones deben ser igualitarias. No parece ser el término más adecuado. Lo importante en las relaciones no es que sean igualitarias, "sino auténticas", añade Antonio López. "Es cuando se puede mantener una relación de igualdad, de respeto y sobre todo de apertura al otro".

Lo más habitual son las relaciones monógamas sucesivas. Es decir, relaciones que comienzan y acaban y en las que generalmente somos fieles mientras dura la relación. Las razones para ese comportamiento pueden tener una explicación casi biológica, dice Cueto: los estudios realizado en relaciones de pareja o de matrimonio indican que cuando una pareja tiene un hijo, durante los cuatro primeros años de vida, la relación funcionará bien porque el hijo no es autónomo y tanto la mujer como el hombre tienden a proteger a la prole, son más fieles y dedican más tiempo para educarlo, asegura.

¿Continuará existiendo la relación de pareja como el modelo fundamental en el futuro? "Es difícil saberlo", añade Cueto. Aunque quizá cada vez necesitemos menos de la monogamia sucesiva, sugiere este sexólogo. A veces se toma demasiado a la ligera el afecto y el sexo como elementos que pueden ser o ir por separado, cuando deberían ir más unidos, añade. "Los seres humanos somos modificables, incluso en la vida de pareja tenemos un ritmo, somos como ruedas dentadas y si una de ellas no va bien, se para y chirrían y eso a veces hace que la relación sea más conflictiva y compleja".

Uno va buscando un amor que le dure y que además le haga sentirse bien si es posible, y cuando no le hace sentir bien tendemos a modificar a la pareja. Lo aconsejable, explica Cueto, es que antes de que alguien busque un amante sustitutorio, se intente mejorar la relación con ayuda de especialistas. Y si al final resulta que nada funciona, lo mejor es romper: "¿Para qué seguir juntos?". No es fácil convivir en pareja, pero a veces no somos hábiles y tendríamos que intentar aprender.


Poner los cuernos a la estadística

Los profesionales niegan el tópico de que los varones son más promiscuos

MARUXA RUIZ DEL ÁRBOL 03/09/2008

“Comencé a ser infiel antes de cometer mi primera infidelidad”. Clara cree que rompió el delicado hilo de la lealtad cuando supo que su pasión por Fernando, “el otro”, “el tercero”, no tenía marcha atrás. “A él le gustaba yo y a mí me apetecía muchísimo”. Clara y Fernando son nombres ficticios, pero la infidelidad fue real. Como Clara preveía, acabó sucediendo, y el secreto dura ya tres años. ¿Es el de Clara un caso aislado entre las mujeres?

La verdad popular dice que sí. La última y única encuesta sobre adulterio del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) es antigua, de 1995. Sus datos se alinean con el tópico. Hace 13 años, el 46% de los españoles reconocía que había tenido alguna relación extraconyugal, frente al 17% de las españolas.

Al psicólogo y sexólogo Esteban Cañamares, sin embargo, no le cuadran esos cálculos a la luz de las confesiones que le han hecho desde el diván en 16 años de carrera. Son testimonios sinceros, ya que el paciente sabe que sus historias están blindadas por el secreto profesional. “La infidelidad amenaza la seguridad de la familia y la familia es un pilar de la sociedad. Por eso tenemos necesidad de pensar que una parte de la pareja es más estable, para salvaguardar su solidez. Ese rol, históricamente, le ha tocado a la mujer”.

Por la consulta de Cañamares han pasado, sin embargo, tantos hombres infieles como mujeres. En su libro ¿Por qué le es infiel? (2004), el sexólogo asegura que la encuesta del CIS de hace 13 años “contradice la lógica de cualquier razonamiento numérico”. “Donde hay 50 hombres traicionando a sus mujeres tiene que haber las mismas mujeres engañando a sus esposos. ¿Cómo es posible que existan muchos hombres infieles si no existen muchas mujeres que también lo sean? ¿Con quién son entonces infieles esos caballeros?” [Las visitas a las prostitutas no cuentan en este caso].

Cañamares rechaza también el tópico de que se cometan más infidelidades con solteras y viudas. “Ese razonamiento podría aplicarse también al contrario: que son las mujeres las que recurren a los solteros y a los viudos”.

A José María Castro, detective privado en Barcelona, tampoco le cuadran los cálculos de la antigua estadística del CIS: “Mi experiencia me dice que ni ellos han estado con tantas ni ellas con tan pocos”. La propensión a la infidelidad no la marca el género, añade, sino, sencillamente, la posibilidad de serlo. “El patrón hay que buscarlo en las profesiones liberales: abogados, detectives, periodistas, médicos... Las personas que conocen a más gente y cuyos horarios son más flexibles tienen más posibilidades de traicionar a sus parejas”.

Mientras la parte ofendida en la traición acude a detectives como José María Castro para destapar el engaño, otros profesionales se ofrecen al traidor para mantener viva la aventura. La web coartadaclub.com se dedica de manera profesional a montar coartadas para adúlteros: hace invitaciones para seminarios falsos, billetes de aviones que nunca han volado, ofrece cobertura telefónica y se asegura de que los dislates que la pasión oculta de sus clientes provocan en su tarjeta de crédito queden maquillados entre las facturas del banco.

El director comercial de esta web, Juan Vázquez, añade un voto más a la teoría de que, por cada 50 hombres adúlteros existen 50 mujeres infieles. Su empresa elabora estadísticas para conocer mejor el perfil de sus clientes. “Todos los meses nos encontramos con resultados similares. A veces un 49% de mujeres y un 51% de varones; a veces lo contrario, pero está siempre muy a la par”.

A falta de estadísticas más recientes, el tópico seguirá alimentándose, porque las propias mujeres defienden que ellas son menos infieles. Un estudio británico de 2007 concluyó que ellas buscan hombres con facciones femeninas cuando se trata de mantener una relación estable. Asocian su aspecto femenino con la fidelidad.