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martes, 17 de agosto de 2010

Los talibanes lapidan a una pareja acusada de adulterio en el norte de Afganistán

Acusaron a un hombre casado y una mujer comprometida de mantener una relación extramatrimonial y de intentar escapar juntos

LA VANGUARDIA 16/08/2010

Kabul. (EFE).- Un grupo de insurgentes talibanes lapidaron este domingo a un hombre y una mujer acusados de adulterio en un distrito de la provincia norteña afgana de Kunduz colindante con Tayikistán, según confirmó hoy a Efe una fuente oficial.

El suceso tuvo lugar en el pueblo de Mulá Quli, del distrito de Imam Sahib, en una zona sobre la que los talibanes mantienen un "control total", reconoció a Efe el gobernador distrital, Mohamad Ayub.

Los talibanes acusaron a la pareja de mantener una relación extramatrimonial y de intentar escapar juntos, y una "shura" o consejo decidió lapidarlos por adulterio, un castigo que les fue aplicado el domingo en público, ante unas 200 personas.

El hombre estaba casado y ella, comprometida. Tras ser detenidos y golpeados, dijo Ayub, ambos confesaron que habían mantenido una relación durante un par de meses.

Esta es la segunda condena de este tipo que salta a la luz pública este mes: el pasado 8, una viuda afgana embarazada fue ejecutada a tiros por un grupo de talibanes que la acusó de adulterio en la provincia noroccidental de Badghis.

"Es una violación de los derechos humanos. Incluso de ser condenada, tenemos tribunales para tratar ese tipo de sucesos",denunció a Efe en esa ocasión la presidenta de la Comisión Afgana Independiente de Derechos Humanos, Sima Samar.

Los talibanes recurrieron a lapidaciones públicas y latigazos para castigar el sexo extramatrimonial durante su estancia en el poder entre los años 1996 y 2001.

El adulterio sigue estando penado con la muerte en países como Irán, Arabia Saudí o Afganistán, país este último donde los insurgentes talibanes intentan derrocar al Gobierno en su lucha contra las tropas internacionales desplegadas en el territorio. 


Los talibanes lapidan a una pareja acusada de adulterio en Afganistán

Primera ejecución por apedreamiento tras la caída de los integristas en 2001


DAVID ALANDETE - Washington
ELPAIS.com - Internacional - 16-08-2010

A pesar de no regir el país desde la invasión estadounidense de 2001, los talibanes siguen aplicando su propia justicia, de acuerdo con su interpretación de la sharía o ley islámica, en las zonas de Afganistán en las que se han hecho fuertes gracias a su continuada campaña de insurgencia contra el Gobierno legítimo de Kabul. El domingo, recuperaron la práctica de la lapidación para matar a una pareja acusada de adulterio en Kunduz. La lapidación, junto con los latigazos y las amputaciones, era un castigo común en Afganistán entre 1996 y 2001, años en que los talibanes controlaron el país.
El hombre, de 28 años, identificado solo por su nombre de pila, Qayum, estaba casado. Sin embargo, y según ha revelado Amnistía Internacional, había huido a Pakistán con una mujer identificada como Sadiqa, de 20 años, soltera y prometida a otro hombre.

Durante su fuga, sus familiares pudieron contactar con ellos y les prometieron que, si regresaban, les perdonarían y les permitirían casarse sin problemas. Lo hicieron. Cuando regresaron a Afganistán, donde se alojaron en casa de unos amigos, fueron entregados a los talibanes. Según el jefe de policía de Kunduz, Abdul Raza Yaqoubi, fueron sometidos a un juicio sumario y lapidados inmediatamente, por separado, ante unas 150 personas.

El del domingo es el primer ajusticiamiento por apedreamiento en público en Afganistán del que se tiene noticia desde la caída de los talibanes, pero no la primera condena a muerte de una pareja adúltera afgana por la interpretación fundamentalista del Corán.

Hace un año fueron fusilados Abdul Aziz, de 21 años, y su novia, Gul Pecha, de 19, en la provincia de Nimroz. Ambos querían casarse, pero sus respectivas familias no lo permitían. Se fugaron con la intención de vivir anónimamente en Irán, aunque sus familiares les delataron, los buscaron y los entregaron a los talibanes, que los mantuvieron encerrados en una mezquita durante cuatro días mientras deliberaban sobre su futuro. Finalmente, se les envió al paredón en aquel mismo templo.

Pocos países islámicos siguen manteniendo la práctica de la lapidación. Entre ellos se encuentran Arabia Saudí, Somalia e Irán. Las autoridades religiosas de ese último país paralizaron el mes pasado el apedreamiento de Sakineh Mohammadi Ashtianí, de 43 años. Iba a ser ajusticiada por haber engañado a su fallecido marido. Los fiscales incluso la acusaron de haber conspirado para asesinarlo, algo que ella llegó a confesar públicamente el jueves en una entrevista en la televisión estatal iraní, aunque sus abogados aseguran que lo hizo después de permanecer sometida a torturas de toda índole durante varios días.

El pasado 8 de agosto los talibanes fusilaron en Afganistán a una mujer encinta, Bibi Sanubar, a la que acusaban de adulterio por haber mantenido relaciones sexuales con un hombre después de que su marido hubiera muerto. Previamente le dieron 200 latigazos.

Kunduz, la provincia en que se produjo el doble apedreamiento el domingo, vive una escalada de la violencia insurgente. En un año, ha pasado de ser una zona relativamente tranquila a convertirse en un bastión de los talibanes. Según el último informe de la ONU sobre víctimas en el conflicto afgano, en los primeros seis meses de 2010 Kunduz y las otras provincias del noreste del país han experimentado un incremento de un 136% en el número de civiles fallecidos en ataques con respecto a las mismas cifras de 2009.

El domingo, el mismo día en que los talibanes lapidaron a la pareja supuestamente adúltera, los insurgentes exigieron en un comunicado una investigación internacional sobre las muertes de civiles. Según la ONU, los talibanes han sido responsables de 965 de esos asesinatos en la primera mitad de 2010.


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Los talibanes reconquistan Afganistán

jueves, 16 de abril de 2009

Los talibanes fusilan a una pareja de jóvenes a causa de su amor. Ella tenía 19 años y él 21.


"Los talibanes fusilan a dos jóvenes amantes"

La pareja afgana intentaba huir a Irán para casarse | El Presidente Zardari acepta que radicales pastunes impongan la charia como ley en un valle pakistaní


Jordi Joan Baños LA VANGUARDIA | Nueva Delhi. Corresponsal | 15/04/2009

El Afganistán de los talibanes ya tiene su Romeo y Julieta. Los dos jóvenes responden a los nombres de Abdul y Pecha. O mejor dicho, respondían, puesto que un pelotón de fusilamiento puso anteayer un bárbaro punto final a su amor prohibido.

Y es que Nimroz, la más despoblada de las provincias afganas (150.000 personas en una superficie mayor que Catalunya) no está para romanticismo, ni siquiera suicidas. La Verona renacentista de los Capuleto y los Montesco aparece como el colmo del refinamiento frente a retrógrados empeñados en volver al siglo VII con fusiles de asalto.

Ella tenía 19 años y él 21. Ante la amenaza de los talibanes, que en los últimos tiempos han conseguido reagruparse y volver a imponer su ley en este confín sudoccidental de Afganistán, optaron por huir para casarse en el vecino Irán. Tenían buenas razones para temer la ira de los talibanes: Pecha Gul es pastún y musulmana suní, como los talibanes, mientras que Abdul Aziz es sistani (de lengua persa) y, lo que es peor, chií. Es decir, un hereje, según las creencias inculcadas en los talibanes por las escuelas coránicas financiadas por el wahabismo saudí.

Aunque durante el régimen talibán toda mujer debía respetar la purda (reclusión) y evitar cualquier contacto con hombres ajenos a su familia, en el caso de Pecha y Abdul la diferencia sectaria convertía su amor en pecado mortal. De hecho, fueron los mismos familiares de la joven los que alertaron a los hombres del pueblo de su huida. Romeo y Julieta intentaban cruzar al Irán chií de los ayatolás, como si se tratara del paraíso del amor libre. Los devolvieron por la fuerza a un lugar definitivamente peor.

Tres imanes dictaminaron la fetua: pena de muerte. Frente a la misma mezquita, los cuerpos de los jóvenes amantes fueron ametrallados. Su ejecución es también un símbolo del deterioro de la situación en Afganistán yde lapérdida de control de zonas cada vez más amplias del país por parte del ejército afgano y de las tropas de la OTAN. La permeable frontera de Afganistán sigue siendo cruzada a diario por caravanas de camellos –en el doble sentido del término– que no entienden de fronteras. Persas (sistanis), beluchis nómadas y pastunes pueblan la región. No obstante, la pastunización forzosa de la región, iniciada a finales del siglo XIX, fue retomada con ahínco por los talibanes. Ahora se encuentra atenazada entre la guerra y el tráfico de heroína con destino a Europa.

Mientras, en el vecino Pakistán, la talibanización defendida por los radicales pastunes conseguía ayer un marchamo legal. La aplicación de la charia en el valle de Swat y en toda la región pastún de Malakand, aprobada por el gobierno provincial, era ratificada por la firma del presidente Asif Ali Zardari.

El viudo de Benazir Bhutto tuvo la astucia política de someter la medida al Parlamento, algo que no era necesario, para evitar la demonización de su Partido Popular de Pakistán. Todas las fuerzas políticas, todas –con la excepción del antifeudal, aunque gangsteril, MQM de Karachi– defendieron la aplicación de la charia en la zona tribal. Algo que ya ha encontrado respuesta al otro lado de la frontera, donde el portavoz del presidente Hamid Karzai ha expresado que el apaciguamiento de los talibanes en Pakistán –donde se incuban muchas de las ofensivas en su territorio– constituye una amenaza para Afganistán, puesto que envalentona a los talibanes de ambos lados.