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jueves, 8 de octubre de 2009

El enigma de la escasa delincuencia femenina




Los factores biológicos y socioculturales explican el bajo porcentaje de encarceladas - Sólo diez de cada cien reclusos en España son mujeres

ELSA GRANDA
EL PAÍS  -  Sociedad - 05-10-2009

Los profetas de un meteórico incremento de la delincuencia femenina debido a la normalización social de la mujer pueden ir revisando sus teorías. También las feministas que, con razonamiento distinto, auguraban igualmente una equiparación criminal entre ambos sexos. Los tres principales indicadores de la delincuencia: detenciones, juicios y población reclusa, demuestran que no hay mucha novedad en el frente. Las mujeres delinquen menos, son menos violentas y reinciden menos. Aunque ha aumentado el número de mujeres con causas pendientes y en ciertos delitos, como la violencia contra los padres, donde las chicas ganan terreno y se acercan al 50% del total. No obstante, por cada 10 mujeres que cometen delitos o faltas hay 100 hombres. Y no es una novedad. Ha ocurrido en todas las épocas y en todos los países. ¿Por qué? No existe una respuesta única, insisten catedráticos y criminólogos.


La delincuencia femenina es la gran desconocida de la criminología y muchas de las decenas de teorías existentes están basadas en tópicos machistas o en afirmaciones sin base empírica. El italiano Cesare Lombroso, fallecido en 1909, aseguraba: "Educar y remover a las mujeres de sus características de domesticidad y maternidad que las mantienen como inocuas semicriminales, podría resultar un hecho desastroso para la humanidad". Bueno, de momento, la humanidad no parece estar hecha unos zorros por los crímenes femeninos. Los expertos consideran que existe una cascada de aspectos que influyen en la baja tasa de criminalidad de las mujeres, especialmente biológicos y socioculturales. Aunque tampoco se descartan el peso de otros, como los genéticos, psicológicos, fisiológicos, del aprendizaje, sensoriales, neurológicos... Desde la vetusta y misógina hipótesis que aseguraba que el 80% de los delitos cometidos por mujeres se producían en el periodo premenstrual o menstrual a aquella que señala que la fuerza física del varón le facilita la comisión del delito por resultarle más sencillo el control de la víctima, la obtención de un bien y la huida, o la que apela a la empatía de la mujer para justificar la baja tasa en los delitos de lesiones.

En 1960, la población reclusa en España sumaba 15.202 personas. En 2008, 73.558. El porcentaje de mujeres que cumplían condena hace 49 años con respecto al total era del 10,4%; mientras que en la actualidad la mujer representa el 8% de la población reclusa. Eso sí, en este tiempo se ha pasado de 1.596 presas a 5.950. Puede pensarse que esta tasa no refleja exactamente la realidad social, ya que sólo recoge los delitos más graves. Sin embargo, las estadísticas indican algo parecido: en la última década el número de hombres condenados ha pasado del 93,42% al 92%.

Otra pista sobre la disparidad de comportamientos delictivos aflora en la estadística de detenciones policiales. Entre 2000 y 2008 no varía sustancialmente el reparto entre ambos sexos. En 2000, los hombres detenidos por delitos y faltas sumaban el 90,2% del total; y en 2008, el 90,4%. Es decir, que las conductas antisociales y delictivas de las mujeres han aumentado, pero en la misma proporción que las de los varones en términos generales.

Los estudios sobre la diferencia biológica son recurrentes. El último se dio a conocer la semana pasada. Una universidad californiana sugería que los estrógenos, y no sólo la testosterona (hormona con presencia 10 veces mayor en el hombre), podrían jugar un papel importante en el hecho de que éstos desarrollen patrones de conducta más duros o agresivos.

Paz M. de la Cuesta Aguado, coautora del estudio Perfiles Criminológicos de la Delincuencia Femenina y profesora de Derecho Penal de la Universidad de Cantabria, subraya que la biología tiene un peso indudable, pero las condiciones sociales también. "La mujer se ha integrado en la sociedad a un nivel que no estaba, es decir, en el momento en que hay más mujeres profesionales, empresarias, más mujeres que hacen la declaración de la renta, hay más mujeres que cometen fraudes fiscales", señala.

Raquel Bartolomé, profesora de Psicología del centro de Investigación de Criminología de Albacete, explica que "las niñas tienden hacia objetivos relacionales y afectivos que indican que su conducta social va a estar dirigida a mantener sus relaciones y no ponerlas en peligro. Los niños son más activos físicamente, algo más agresivos y con peores habilidades sociales". Estas pequeñas diferencias de la infancia se van acentuando a medida que el individuo camina hacia la madurez. Y concluye: "Las mujeres no son ni mejores ni peores; tienen estilos de conducta diferentes".

Según Miren Ortubay, profesora de Derecho Penal de la Universidad del País Vasco, "no cabe una respuesta categórica" al abismo que existe entre el porcentaje de delincuentes de uno y otro sexo: "Aunque creo que el factor determinante es cultural, la violencia (sólo como último recurso, claro), el uso de la fuerza y cierto desprecio hacia la vulnerabilidad ajena son componentes esenciales de la masculinidad todavía hoy. Seguimos educando a las niñas para que no expresen agresividad y a los niños para que no manifiesten inseguridades ni ternura".

El incremento de los delitos cometidos por chicas jóvenes, que algunas fuentes sitúan en torno al 20%, no es percibido por los expertos como una señal de alarma. Según el Instituto Nacional de Estadística, el 91,7% de los inscritos en el Registro Central de Penados y Rebeldes en 2007 eran varones, y sólo el 8,3% mujeres, con una media de edad de 33 años. Mientras que en el Registro de Responsabilidad Penal del Menor, el porcentaje de chicas (entre 14 y 17 años) condenadas ascendía al 15%.

Raquel Bartolomé explica que las chicas tienden a hacer cosas que son de jóvenes, "y en cambio cuando las conductas son graves o muy dañinas la diferencia se mantiene". Y Paz M. de la Cuesta apostilla que las conductas delictivas o antisociales de ambos sexos están igualadas durante la adolescencia, pero a medida que los jóvenes maduran las diferencias aumentan. También señala que la realidad desmiente las teorías sobre el incremento de la delincuencia femenina debido a la liberación de la mujer. "Es cierto que las mujeres cometen delitos que antes le eran ajenos", pero, señala, "las cárceles no están precisamente llenas de feministas radicales, sino más bien de gente bastante tradicional". Además, apostilla, "en general, en las chicas hay más riesgo de que acaben en conductas que terminan siendo más dañinas para ellas mismas que para otros". Pero, ¿existe una violencia femenina oculta que no detecta el sistema? Las encuestas de autoinculpación, sí la detectan. Elena Larrauri, criminóloga y profesora de Derecho en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, defiende, sin embargo, que aunque exista un porcentaje de delincuencia femenina que no se detecte oficialmente, los sexos nunca se igualarían. "El delito por el que más se las castiga es por tráfico de drogas, que es uno de los delitos más perseguidos", apostilla.

Concepción Yagüe, subdirectora de Tratamiento de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias, que durante 17 años fue responsable de la cárcel de mujeres de Alcalá de Guadaíra (Sevilla), es seguidora de la corriente que explica la baja delincuencia femenina por causas fundamentalmente sociales y culturales y señala que "la mujer pudo eludir en el pasado la delincuencia por la protección familiar, de su pareja, o por tener otras fuentes indirectas de ingresos como la prostitución". Sin embargo, la teoría de la prostitución como alternativa no genera consenso. Ortubay la califica como "una manifestación del imaginario patriarcal más rancio, que tiende a equiparar sutilmente violencia y prostitución". Yagüe explica que el hecho de que la mayoría de las mujeres estén condenadas por tráfico de drogas se debe a que creen que no le hacen daño a nadie, no pone en riesgo su integridad física y aporta una importante cantidad de dinero. "Normalmente, los delitos contra las personas no tienen prevalencia en las mujeres", aclara. Jesús Martín, director de la prisión abulense de mujeres de Brieva, asegura que las reclusas son menos conflictivas y violentas que los varones. "En 20 años el incidente más grave ha sido el de una chica que le puso una cuchilla en el cuello a la funcionaria". Fue hace 18 años.





“Mi hija llegó a darme miedo”
    

Voces, empujones, bofetadas, amenazas, enganchones por el cuello... Claudia, la madre de Aitana no podía más. Pasó el peor trago de su vida al denunciar a su hija, que llevaba casi cinco años maltratándola a ella, a su pareja y —sospecha— a la abuela. Tiene grabado en la cara el desgarro de ver a su hija esposada ante el juez, que envió a la joven de 17 años a un centro de reforma de la Comunidad de Madrid, donde desde hace tres meses vive con otros siete chavales habituados a levantar la mano a sus padres.

“Llegó a darme miedo, pero lo más terrible es que te planteas quién es la persona que vive contigo”, reconoce apenada. El trabajo de los psicólogos no dio resultado; la libertad vigilada no surtía efecto, y las señales eran cada vez más preocupantes: agresión a un profesor, atraco con arma blanca, agresión a otra menor, consumo de drogas... La situación llegó a ser insostenible dentro y fuera de casa, y Claudia temió que si no actuaba su hija acabaría en poco tiempo, una vez cumplidos los 18 años, en la cárcel. La transformación de Aitana era irreversible. Su madre describe cómo comenzó a refugiarse en su propio caparazón: “Se aisló del mundo, sólo le quedaron dos amigas, los últimos dos años se enclaustró en casa, y claro, han sido los peores”. Claudia recomienda a otros padres estar alerta a algunas señales, como los gritos, para actuar cuanto antes: “La primera vez no sabes por dónde te viene. Piensas que no va a ir a más, se queda en una regañina de los policías y nada más; la segunda vez que la denuncié pasó la noche en el calabozo, y al día siguiente se vio ante el fiscal, y ahí ya vio que la cosa iba en serio”, recuerda.

Aitana tiene su propia teoría sobre las conductas antisociales de los jóvenes: son más violentos porque los padres toleran ahora más las cosas. “Las normas de este centro son las que debería haber en todas las casas, aunque está raro que yo lo diga. Pero si hay que estar a las diez en casa, hay que estar a las diez; y si haces algo mal, o no sales o te quedas sin paga”. Aitana justifica su violencia por los porros, que asegura haber abandonado: “Es que soy muy impulsiva y eso me ponía peor”. Pero declara que era consciente de lo que hacía cuando atacaba a su madre: “Cuando le das el primer bofetón no piensas en nada, pero con el segundo dices ‘¡qué he hecho!’. Piensas ‘no le voy a pegar más’... Los tres meses de internamiento, asegura, le han cambiado; aunque basta excavar un poco para ver que hay mucho trabajo por hacer en los 21 meses que restan de condena:

—¿Que harías si tuvieras un hijo y te pegara?

—Le daría una hostia, con pedón; yo no sería tan comprensiva.

    
      

La condena estrella: 'tarifa plana por drogas'
    

El perfil de las reclusas ha variado en los últimos 25 años. En los ochenta, el 86% cumplía una condenada por delitos contra la propiedad o contra las personas, y sólo el 11% por tráfico de drogas. Sin embargo, éste es actualmente el delito estrella, en el que ha incurrido casi el 65% de las mujeres que ingresan en las cárceles españolas. Existen tres perfiles bien diferenciados: el de la mujer de cierta edad que se dedica al trapicheo, el de la drogadicta que acaba robando para comprar y el de la mujer extranjera detenida por hacer de mula (transporte de droga), y a la que la justicia impone casi de oficio lo que ellas llaman tarifa plana: nueve años y un día "por el agravante de notoria importancia", que en algunas drogas se establece desde los 300 gramos.

    
      

TAMARA. 22 años. Valdepeñas. Robo con intimidación
    

"Haces lo que la heroína te ordena. Es un túnel negro, no ves la luz"

La vida de Tamara, con sólo 22 años, no tendría desperdicio como guión televisivo. Con ocho años ya tenía un porro en la boca, a los 19 se gastaba 300 euros diarios en una endiablada mezcla de cocaína y heroína. Ahora lleva 30 meses encarcelada, y aún tiene pendientes seis años y tres meses por 10 causas, entre ellas robo con intimidación. Tamara es amena y pizpireta, hermana de guardia civil y "la oveja negra" de una familia de seis hermanos. Le sobraban horas para fugarse de reformatorios y centros de desintoxicación, vivió cuatro años con un camello que la invitó a meterse por primera vez aquel veneno en el cuerpo, reventaba escaparates para robar teles de plasma y atracaba tiendas y kioskos con una "navajilla"... En la cárcel se ganó decenas de partes por mal comportamiento y tráfico de drogas. Ahora jura haber cambiado ("Prefiero estar aquí que estar en el cementerio"); quiere ser peluquera, casarse en noviembre y olvidarse de la droga. "Nunca hice daño a nadie. Robaba coches para hacer kundas (taxi en su argot ) de Ciudad Real a Madrid, y con lo que me sacaba consumía yo. Mi madre me decía: 'Eres como El Vaquilla'. Me pasaba días y días sin pasar por casa. No sabían si estaba viva o muerta. Era todos los días levantarte y fumar, levantarte y fumar. Es un túnel negro. No ves la luz. Tú haces lo que la heroína te ordena. Eres un trapo".

    
      

M. ELENA. 37 años. Venezuela. Tráfico de drogas
    

"Nadie que me conozca se lo creería al verme aquí, en la cárcel"

“No me considero una delincuente. Fue una mala elección en un mal día. No estaba muy mal de dinero, pero sí hubo un momento en que me sentí muy agobiada porque toda la carga familiar recaía sobre mí”. Cada día de los tres últimos años, María Elena, venezolana de 37 años, empleada de una editorial y madre de dos jóvenes de 17 y 15 años, se ha arrepentido de haber aceptado la invitación de una amiga “a la que le había salido bien otras veces” para transportar 1,7 kilos de droga a España. Fue hace tres años. El precio ajustado, cerca de 3.000 euros; la pena impuesta, nueve años y un día. No tenía antecedentes y nunca había probado la droga. “Ninguna persona que me conociera se creería verme aquí. Cuando estaba fuera rechazaba a cualquiera que pudiera venir de estas cosas y automáticamente la etiquetaba y la apartaba; pensaba que si venía de la cárcel es porque no servía. Y ahora me ha tocado estar a mí de este lado”, reconoce, al tiempo que explica que está estudiando trabajo social en la UNED para cuando quede en libertad emprender una nueva vida en España con sus hijos, “si puede ser”. “Ellos [los narcos] no te cuentan lo de las condenas tan altas, te lo pintan todo muy bonito, yo me dejé atrapar, ellos siempre van a la presa fácil. Ni se me pasó por la cabeza el riesgo que corría ni el daño que estaba haciendo”, recuerda afectada.

domingo, 25 de enero de 2009

Las chicas también pegan


Fuente:LA VANGUARDIA, 21-1-2009

La violencia y los delitos con patrón masculino crecen en las adolescentesGetti Images

Entre el año 2000 y 2008 se ha doblado el número de adolescentes ingresadas en centros de internamiento de Catalunya, a los que llegan los casos más graves


La violencia y los delitos con patrón masculino crecen en las adolescentes

Ellos son más violentos, pero ellas les ganan en pequeños hurtos | Ahora se hacen más visibles unas conductas que ya existían años atras

Javier Ricou | Lleida | 21/01/2009 | Actualizada a las 03:31h | Ciudadanos

Cada vez suman más en las estadísticas, aunque en números globales siguen siendo minoría. Los actos violentos protagonizados por chicas adolescentes han aumentado en los últimos años y su estilo de vida se equipara ya -en algunos comportamientos propios de la cultura juvenil- a las conductas de los chicos. Fuman tanto o más cannabis que ellos, beben lo mismo y, en el ámbito delictivo, incluso superan a los varones en la comisión de pequeños hurtos.

Aunque la cara más extrema de la violencia sigue siendo cosa de chicos. ¿Son ahora las chicas más violentas que haceuna década? ¿Delinquen más que antes?

Si el análisis se basa sólo en lo recogido en las estadísticas la conclusión es que sí. En Catalunya, los centros de Justicia Juvenil atendieron en el primer semestre de 2008 a un total de 5.258 menores. Eso supone un descenso de casos del 7,55%, respecto al mismo periodo del 2007. Pero ese decrecimiento no se ha registrado en los ingresos en centros de internamiento, a los que llegan los casos más graves. Y es ahí donde más ha crecido el número de chicas.

Entre el año 2000 y el 2008 se ha doblado (del 5,19% al 10,38%) el número de chicas adolescentes ingresadas en esos centros. Más de la mitad de esos menores (la media de edad es de 17 años) cometieron delitos contra la propiedad. Son cifras muy similares a las de hace ocho años. Pero hay otro indicador que revela un aumento de violencia en las conductas de esos adolescentes, del que no se salvan las chicas. Los delitos de lesiones registran un espectacular aumento. En el 2000 suponían el 14,22% y ahora, casi el 23%.

Cristina Rechea, catedrática de Psicología y directora del Centro de Investigación en Criminología de Castilla-La Mancha, otorga validez a estas estadísticas -el aumento de causas judiciales contra chicas se repite a nivel nacional-, pero aporta una visión nueva a este fenómeno, del que tampoco escapa el resto de Europa.

El centro que dirige Rechea destaca por ser el único en España que investiga con datos globales la evolución de la adolescente femenina en la delincuencia. Sus estudios han contado con el apoyo del Consejo General del Poder Judicial y en las encuestas realizadas en la última década a menores y jóvenes -revela- "no detectamos un cambio en el comportamiento de las chicas tan acusado como el que algunos predican tras una lectura rápida de las encuestas".

"Nuestros estudios revelan que las chicas pegan casi igual que lo hacían años atrás", afirma Raquel Bartolomé, psicóloga de este centro de criminología. Ahora esa violencia se ha hecho, sin embargo, mucho más visible. Y eso se debería, añade esta investigadora, "a la judicialización de esos casos, que años atrás se solucionaban por otras vías, como puede ser la terapéutica".

El trabajo realizado por este centro de Castilla-La Mancha sí que ha puesto al descubierto nuevas conductas entre las chicas, propias del sexo opuesto. "En aspectos concretos, como puede ser el consumo de cannabis o la ingesta de alcohol, apenas hay ya diferencias entre sexos", afirma Esther Fernández, otra de las psicólogas que han participado en estos estudios. Esa equiparación de roles se achaca, más que a una imitación de los patrones masculinos, a la inclusión de las chicas al estilo de vida juvenil, regido por conductas más propias del varón que del sexo femenino.

En la comparación por delitos, los chicos ganan por goleada en conductas de violencia extrema. Las chicas, por el contrario, superan al otro sexo en pequeños hurtos cometidos en tiendas. Dentro de ese mundo juvenil, lo que han hecho las chicas "es adaptarse a lo que hay", añade Raquel Bartolomé. El hecho, por ejemplo, de que una banda de chicas grave una paliza a otra con un teléfono móvil "habría que entenderlo como una consecuencia de la nueva realidad o medios de los que disponen ahora los adolescentes", precisan estas psicólogas.

Estas tres expertas en criminología ven como algo imposible que algún día chicas y chicos o mujeres y hombres alcancen niveles idénticos en las estadísticas por actos delictivos o violentos. El sexo femenino sigue siendo, en ese mundo, una minoría.

La percepción entre otros profesionales con experiencia en el tratamiento de menores es que las chicas que hoy acaban inmersas en un mundo de violencia y delitos suelen mostrar una insensibilidad mayor que la de los chicos. "Y también -afirma Javier Urra, psicólogo de la fiscalía de Menores de Madrid- suelen mostrarse más distantes y duras emocionalmente que los varones. Y eso complica el tratamiento".

Las agresiones en el seno de la familia son otro indicador del nuevo papel asumido por la chica violenta. Hace muy pocos años apenas se daban casos de madres o padres agredidos por una hija. En la actualidad, indica Javier Urra, tres de cada diez agresiones de este tipo las protagonizan las adolescentes.


Golpes de mujer con sellos masculinos

VENGATIVAS Volarla casa de la rival. Eso es lo que hizo hace sólo unas semanas una banda formada por chicas en un barrio del nordeste de Londres. Fabricaron una bomba casera y la hicieron estallar en la vivienda de la adolescente, con la que una de las integrantes de la banda discutió por un chico. Un vecino ajeno a la disputa murió en la explosión.


CRUELES Un grupo de chicas, de edades comprendidas entre los 16 y 18 años, tuvo atemorizadas a mediados del pasado año a otras adolescentes de su edad en el centro de A Coruña. Las integrantes de esta banda amenazaban y robaban en plena calle carteras, dinero y teléfonos móviles a las otras chicas.


VIOLENTAS Han sido bautizadas como la banda del vídeo por filmar una escena llena de crueldad. Se trata de una banda formada por chicas que eligieron, como víctima, a otra adolescente de origen sudamericano. Ocurrió en la localidad madrileña de Galapagar y mientras una de las chicas apaleaba a la joven, las otras filmaban y animaban a la agresora con gritos de "mátala".


ORGANIZADAS. Estaban organizadas y tenían muy claro su objetivo. Los Mossos descabezaron a finales del pasado año en Lleida una banda formada por adolescentes del sexo femenino especializadas en robos a pisos. A los agentes les sorprendió el modus operandi usado por estas chicas, idéntico al empleado por las bandas de ladrones masculinos.


Las chicas protagonizan una quinta parte de los delitos que se cometen entre los diez y los diecisiete años en el Reino Unido

La raíz de la delincuencia

RAFAEL RAMOS

Londres. Corresponsal

Las estadísticas señalan que el número de delitos cometidos por chicas adolescentes ha aumentado un 25%en los últimos tres años, pero numerosos sociólogos expresan serias dudas de que las cifras constituyan un reflejo de la realidad social y estiman que se debe a una mayor tolerancia hacia el comportamiento violento del sexo femenino, y al deseo político del Gobierno y de la policía de mostrar firmeza.

Un reciente estudio oficial publicado en el Reino Unido indica que una quinta parte de los delitos atribuidos a la franja de edad de entre diez y diecisiete años son cometidos por chicas. El año pasado las adolescentes fueron autoras de 15.672 ataques violentos, 19.722 robos, 5.964 incidentes de desorden público y 5.748 de daños criminales a la propiedad. Ciento ochenta y ocho jóvenes fueron condenadas por incendios premeditados,y mil quinientas por tráfico o consumo de droga.


“La verdad se encuentra a mitad de camino entre las estadísticas y el escepticismo de algunos expertos”, dice Olivia Spencer, profesora especializada en delincuencia juvenil. En los últimos años ha aumentado de manera alarmante el abuso de alcohol y la pertenencia a bandas por chicas menores de edad, factor que contribuye al comportamiento antisocial y la violencia, pero no lo suficiente, ni mucho menos, como para justificar un incremento de la delincuencia del veinticinco por ciento”.

En la actualidad, 207 chicas se encuentran internadas en prisiones o reformatorios para menores, en comparación con 2.735 niños, y ambas cifras registran año tras año un alza continuada que responde tanto al incremento de la criminalidad como al de la población juvenil en Gran Bretaña y las políticas de tolerancia cero en materia de ley y orden. Sobre todo en el caso de las mujeres, comportamientos agresivos o antisociales

que hasta hace poco se habrían dejado en manos de la familia o de los maestros ahora justifican la intervención policial y la presentación de cargos.

“Un factor nada desdeñable –dice el criminólogo Steven Cahill– es la necesidad de la policía bajo presiones del Gobierno para alcanzar determinados objetivos en materia de arrestos y sentencias, a fin de dar la impresión de que el estado se muestra firme en la lucha contra la delincuencia, y nada más fácil para engrosar las estadísticas que se propasan bajo la influencia del alcohol o roban cosméticos en unos grandes almacenes, cuando hasta hace poco habría bastado con una simple amonestación”.

La creciente violencia en las escuelas públicas británicas –donde son cada vez más comunes los detectores de

metales para impedir que los adolescentes entren armados con pistolas y cuchillos– y la cultura de amenazas, insultos e incluso ataques a profesores hacen que los responsables de los colegios llamen con mucha más facilidad a la policía en cuanto se produce una pelea o un incidente de cualquier tipo, lo mismo si está protagonizado por chicos como por chicas.

El comportamiento delictivo de las chicas está muy vinculado a episodios de abusos sexuales y a factores sociales como la pobreza, el abandono, la expulsión del hogar, el fracaso escolar, el alcoholismo y el crecimiento en el seno de familias disfuncionales.

Mujeres violentas (CARTA)

SÍLVIA ALBERICH | 23/01/2009 | Actualizada a las 22:09 | El lector Opina

Con referencia al reportaje "Las chicas también pegan" (La Vanguardia,21/ I/ 2009), sobre la violencia femenina, me gustaría comentar lo siguiente: Aunque el porcentaje de actos violentos masculinos es muy superior al de las mujeres, las mujeres cometen más hurtos. ¿Son estos dos tipos de delito comparables? Más adelante, en un recuadro y resaltado en rojo: "vengativas", "crueles", "violentas". Y en el reportaje se dice que las mujeres violentas son más insensibles que los hombres, más distantes y más duras emocionalmente. No se aportan datos, se trata de una percepción. Una percepción un tanto peligrosa e incluso mal intencionada. Esta descripción de las chicas delincuentes me recuerda a la eterna estereotipación bipolar femenina: santa, madre y asexual por un lado; pérfida, lujuriosa y sin escrúpulos por otro. Esa dicotomía María/ Eva sobre la que se sustenta un imaginario colectivo que promueve un sistema de valores cuya consecuencia más extrema es la violencia estructural contra las mujeres que caracteriza nuestra sociedad.