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sábado, 9 de enero de 2010

¿Sexistas desde la adolescencia?

Mayte Rius


La meticulosidad, el carácter sensible, la docilidad,la amabilidad, la responsabilidad y el orden son comportamientos y actitudes característicos de las mujeres. La valentía, la destreza física, la competitividad y la agresividad son rasgos característicos de los hombres, que, por otra parte, no deben llorar. Así lo creen muchos adolescentes españoles a juzgar por los resultados de múltiples investigaciones sobre este grupo de población que ponen de manifiesto que chicos y chicas mantienen una visión muy estereotipada en la atribución de actitudes, aptitudes y cualidades por razón de sexo. ¿No hemos avanzado en la superación de las creencias sexistas?

"Sí que hay un avance importante en la generación de adolescentes; en nuestras investigaciones con alumnos y familias que cursan educación secundaria obligatoria (ESO) hemos encontrado un rechazo generalizado a las creencias sexistas más explícitas, que asocian masculinidad y violencia o cuestionan la igualdad de derechos entre hombres y mujeres; pero el rechazo disminuye sensiblemente cuando los estereotipos sexistas se expresan de forma más sutil o cuando se relacionan con las diferencias en la educación y la expresión emocional", explica María José Díaz-Aguado, catedrática de Psicología de la Educación de la Universidad Complutense y responsable de una serie de investigaciones sobre adolescencia, sexismo y violencia de género. Como ejemplo del avance en la superación de desigualdades y equiparación de derechos recuerda que hace 22 años fue necesaria una campaña institucional pidiendo a las familias que no limitaran las posibilidades de estudio de las niñas - el eslogan era "No limites su educación: es una mujer del siglo XXI"-, mientras que ahora el 58% de quienes aprueban la selectividad son mujeres y un 68,2% de las jóvenes de 18 años continúa estudiando, frente al 56,7% de los varones.

Pero como otros muchos investigadores de la materia, Díaz-Aguado subraya que hay un sexismo más allá de la igualdad de oportunidades, un sexismo basado en la dualidad femenino-masculino que se mantiene sobre todo en la educación emocional. Algunos autores lo denominan sexismo benévolo o neosexismo por contraposición al sexismo tradicional, hostil y beligerante. Maite Garaigordobil, profesora del Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos de la Universidad del País Vasco, lo define como "un conjunto de actitudes interrelacionadas hacia las mujeres que son sexistas en cuanto las considera de forma estereotipada y limitada a ciertos roles, pero que tiene un tono afectivo positivo (para el perceptor) y tiende a suscitar en éste conductas categorizadas como prosociales, de ayuda o de protección". Yes esta consideración estereotipada la que muchos investigadores han observado entre los adolescentes en diferentes ámbitos: desde el uso de los electrodomésticos, hasta el reparto de tareas en el hogar, la distribución del tiempo de ocio o la imagen social ideal. Garaigordobil apunta que los rasgos sexistas de los adolescentes no difieren mucho de los de los adultos, siendo más marcados en ellos que en ellas.

Tareas de casa Los profesores de la UNED Antonio Bustillos y María del Prado Silván-Ferrero han analizado las diferencias entre chicos y chicas en la contribución de las tareas domésticas y han llegado a las siguientes conclusiones: ellas contribuyen en mayor medida; hay tareas que se consideran más femeninas, como fregar o poner la lavadora, y que son realizadas mayoritariamente por las adolescentes, mientras que los chicos participan en tareas menos estereotipadas, como ordenar la habitación o recoger la ropa, aunque las féminas también hacen más en este apartado. Pero para Silván-Ferrero, lo más llamativo es que el grupo desfavorecido, las chicas, acepta este reparto desigual por una ideología sexista de benevolencia hacia el varón. "Las mujeres perpetúan desde edades muy tempranas el ser el grupo de menor estatus haciendo las tareas domésticas más sexistas y más típicamente de mujeres; y resulta que las que más contribuyen en casa son las que muestran más benevolencia hacia los chicos y su papel tradicional de paternalismo protector", resumen los investigadores en Benevolent sexism toward men and women: justification of the traditional system and conventional gender roles in Spain.(Sex roles, 57).

Aunque el estudio está realizado en una población rural, sus conclusiones no difieren en exceso de las que arroja la amplia investigación publicada por el Instituto Vasco de la Mujer-Emakunde sobre los adolescentes del País Vasco, que revela una diferencia de más de 14 puntos porcentuales entre las chicas y los chicos a la hora de hacerse la cama y de 10 puntos cuando se trata de ordenar su cuarto o de limpiar la casa. El estudio constata "pautas de reproducción de género muy asentadas" en los estudiantes de entre 14 y 17 años y advierte que "en vez de integrar a los chicos en las tareas domésticas, hemos sacado a las chicas, una circunstancia relevante si tenemos en cuenta que, en la mayoría de los casos, trabajan los dos progenitores".

Valores y emociones Alfonso Barca Lozano, Ana Porto Rioboo y Rosa Santorum, del departamento de Psicología Evolutiva y de Educación de la Universidade da Coruña, se han dedicado a comprobar si los alumnos de secundaria gallegos muestran o no estereotipos sexistas y han concluído que sí, en especial las alumnas, que se atribuyen como propias cualidades y aptitudes tradicionalmente asignadas a mujeres como docilidad, obediencia, orden, cuidado de la apariencia física o afectividad. Respecto a las actitudes y comportamientos tradicionalmente asignados a hombres, hallaron que los chicos se otorgan los estereotipos de valentía, destreza física y competitividad, mientras que sus compañeras les ven como más agresivos y menos cuidadosos en sus trabajos. Detectaron, además, que, cuanto más mayores, más estereotipados. Y, por sorprendente que parezca en jóvenes que han compartido aula, juegos y estudios desde el parvulario, los investigadores gallegos han comprobado que se mantienen vigentes tópicos como que las mujeres son demasiado emocionales para gobernar, que son más serviciales o que los hombres son más seguros. En términos generales, las adolescentes se muestran más en desacuerdo con las actitudes sexistas respecto a sus funciones o capacidades laborales y políticas: un70% rechaza los tópicos que tienen que ver con estas cuestiones, mientras que sólo entre un 32% y un 58% (según el tópico planteado) de los chicos se muestra en contra. Tampoco muestran actitudes muy estereotipadas en las relaciones de pareja o familia. En cambio, son más sexistas a la hora de atribuirse valores comunales como ser más capaces de cuidar a los demás o de asegurar que los hombres son más egoístas y arrogantes.

Imagen social Estas percepciones diferenciadas sobre las cualidades de hombres y mujeres repercuten en la imagen social que los adolescentes tienen del sexo opuesto. María José Díaz-Aguado ha constatado que mientras las chicas ponderan la inteligencia, la simpatía y la sinceridad por encima de la apariencia física cuando se les pregunta por las cualidades importantes en un chico, ellos priman el físico sobre el resto de las cualidades cuando piensan en su mujer ideal. "Los resultados parecen indicar que la idea de mujer objeto está bastante superada, sobre todo en el caso de las chicas, pero curiosamente luego son ellas las que al referirse a su vida cotidiana admiten que están muy preocupadas por adelgazar, lo que pone de manifiesto un nuevo sexismo que asocia éxito de la mujer con delgadez", explica la catedrática de la Complutense. En su opinión, el cambio en las creencias sexistas es superficial porque no se ha superado la dualidad femenino-masculino ni el tradicional modelo social de dominio-sumisión. De acuerdo con sus investigaciones, un 38% de los adultos encargados de la educación de los adolescentes sigue estando algo, bastante omuyde acuerdo con que "los hombres no deben llorar", lo que implica que se mantiene el sexismo en la educación emocional. "Con esta dualidad entre lo que es femenino y masculino privas a las personas de estrategias necesarias para reducir y resolver conflictos: a los chicos les privas de llorar o de pedir ayuda porque esas se consideran estrategias femeninas, y a ellas las privas de herramientas de acción o distracción que se inculcan a los varones, cuando todos y todas deberían tener todas las estrategias y utilizar la más adecuada en cada momento", comenta Díaz-Aguado.

Ocio Los estudios también detallan diferencias por razón de sexo sobre cómo ocupan su tiempo libre los adolescentes. En general, las chicas dedican más tiempo a formación y actividades culturales, y los chicos al ordenador y los deportes. "Quizá la principal diferencia que hemos encontrado es que las chicas se hacen adultas y se preparan para el mundo adulto antes que ellos porque saben que el futuro es más complicado, y dejan antes de hacer deporte o de tocar un instrumento para dedicar su tiempo a prepararse para el futuro, centrándose en los estudios, los idiomas, etcétera", resume Ana Alberdi, responsable de estudios de Emakunde. Enla investigación realizada en el País Vasco constataron que precisamente unas de las principales reivindicaciones de igualdad de las adolescentes era esta: mayor disponibilidad de tiempo durante la semana para actividades no vinculadas con la preparación del día de mañana y poder disfrutar de los mismos periodos de sociabilidad que los chicos durante el fin de semana, pues se quejan de estar más limitadas por sus familias por ser mujeres.

Estudios Son también numerosas las investigaciones que constatan diferencias en los adolescentes según su sexo a la hora de elegir los estudios que cursarán o la profesión que ejercerán. Alberdi, de Emakunde, subraya que, en el caso de los jóvenes del País Vasco, la sensación es que son conformistas y reproducen el modelo actual: "No hay un elevado porcentaje de chicas que quiera ir a carreras a las que antes no iban las mujeres". Mercedes López Sáez, de la UNED, ha dirigido un equipo de investigadores que ha estudiado, entre el 2003 y el 2007, los factores que influyen en la segregación vocacional de mujeres y hombres, y ha llegado a la conclusión de que existen estereotipos concretos que determinan la elección de una u otra modalidad de bachillerato dependiendo del sexo. Por una parte, se considera que los bachilleratos de humanidades y ciencias sociales requieren menos capacidad intelectual. Por otra, hay modalidades calificadas de más femeninas y otras más masculinas, y los alumnos creen que esa condición se extrapola a quienes las cursan. Así, los adolescentes creen que la chica más femenina es la de ciencias naturales y de la salud, mientras que la del bachillerato tecnológico es la menos femenina. En cambio, se otorga la mayor puntuación de masculinidad a los chicos que cursan el bachillerato tecnológico, aunque ellas muestran preferencia por los que cursan ciencias naturales y de la salud.

Milagros Sáinz Ibáñez, en una tesis merecedora del primer premio del Instituto de la Juventud para tesis doctorales 2007, también detalla toda una serie de estereotipos en las recomendaciones que reciben los adolescentes sobre los estudios que deben cursar. "Para los chicos son las ingenierías y el ámbito de la informática las carreras que más les han aconsejado, mientras que para las chicas son las vinculadas a ciencias sociales y de la salud". Sáinz relaciona la falta de presencia femenina en entornos tecnológicos y su menor interés por el ordenador y la informática con la transmisión de valores y expectativas que reciben de padres y profesores, "que desalientan a las chicas para que sigan unas determinadas trayectorias académicas y profesionales que consideran reñidas con la feminidad y con la formación de una posible familia". La realidad es que, según las investigaciones, las chicas tienen un peor concepto de su habilidad respecto al ordenador y la informática que los chicos.

28-II-09, Mayte Rius, es/lavanguardia

lunes, 22 de junio de 2009

Generación 'ni-ni': ni estudia ni trabaja

Los jóvenes se enfrentan hoy al riesgo de un nivel de vida peor que el de sus padres - El 54% no tiene proyectos ni ilusión


"Se está produciendo una gran quiebra cultural. Los componentes identitarios de los jóvenes no son ya las ideas, el trabajo, la clase social, la religión o la familia, sino los gustos y aficiones y la pertenencia a la misma generación y al mismo género; es decir: elementos microespaciales, laxos y efímeros"

JOSÉ LUIS BARBERÍA EL PAÍS 22/06/2009

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Tan preparados y satisfechos con sus vidas, y tan vulnerables y perdidos, nuestros jóvenes se sienten presa fácil de la devastación laboral, pero no aciertan a vislumbrar una salida airosa, ni a combatir este estado de cosas. El dato asomaba hace poco, sin estrépito, entre los resultados de la última encuesta de Metroscopia: el 54% de los españoles situados entre los 18 y los 34 años dice no tener proyecto alguno por el que sentirse especialmente interesado o ilusionado. ¿Ha surgido una generación apática, desvitalizada, indolente, mecida en el confort familiar? Los sociólogos detectan la aparición de un modelo de actitud adolescente y juvenil: la de los ni-ni,

caracterizada por el simultáneo rechazo a estudiar y a trabajar. "Ese comportamiento emergente es sintomático, ya que hasta ahora se sobrentendía que si no querías estudiar te ponías a trabajar. Me pregunto qué proyecto de futuro puede haber detrás de esta postura", señala Elena Rodríguez, socióloga del Instituto de la Juventud (INJUVE).

Algunos sociólogos detectan una atmósfera juvenil muy inflamable

Economizan sus esfuerzos por miedo a la frustración

La incertidumbre se impone en el empleo y en la pareja

Sólo el 40% de los universitarios tiene una actividad acorde con sus estudios

Están predispuestos a aprovechar el momento, "aquí y ahora"

"La gente no tiene prisa en hacerse mayor", dice una voluntaria de ONG

La crisis ha venido a acentuar la incertidumbre en el seno de una generación que creció en un ámbito familiar de mejora continuada del nivel de vida y que ha sido confrontada al deterioro de las condiciones laborales: precariedad, infraempleo, mileurismo, no valoración de la formación. Las ventajas de ser joven en una sociedad más rica y tecnológica, más democrática y tolerante, contrastan con las dificultades crecientes para emanciparse y desarrollar un proyecto vital de futuro. Y es que nunca como hasta ahora, en siglos, se había hecho tan patente el riesgo de que la calidad de vida de los hijos de clase media sea inferior a la de los padres.

Ese temor ha empezado a extenderse, precisamente, entre la generación que de forma más abrumadora, siempre por encima del 80%, declara sentirse satisfecha con su vida. El virus del desánimo está minando la naturaleza vitalista y combativa de la gente joven aunque encontremos pruebas fehacientes individuales y colectivas de su consustancial espíritu de superación.

He aquí una muestra de resistencia a la adversidad extrema, junto a la prueba de cómo el discurso consumista ha resultado una trampa para tantos jóvenes audaces que creyeron en el maná crediticio y el crecimiento económico sin fin. "No podemos hacer frente a las hipotecas", resume Luis Doña, de 26 años, padre de una niña de 15 meses, presidente de la Asociación de Defensa de los Hipotecados, que pretende renegociar la deuda contraída con los bancos y recabar la ayuda de la Administración. Llevados por el entusiasmo de haber encontrado un empleo estable, como comercial de una multinacional, él y su compañera adquirieron hace cuatro años un crédito hipotecario de 180.000 euros a pagar en 30 años para comprar un piso. "Teníamos que abonar 800 euros al mes, pero es que ya estábamos pagando 600 de alquiler. Hace un año, de buenas a primeras, nos quedamos los dos sin trabajo y ya se nos ha agotado el paro. Hemos conseguido que el banco nos cobre únicamente los intereses de la deuda, pero es que son 560 euros al mes y no los tenemos, porque no nos sale nada. ¿Desmoralizados? Lo que estamos es desesperados y eso que nuestro caso no es tan dramático como el de otras familias que han sido desahuciadas, han tenido que refugiarse en casa de su madre o su suegra".

Eduardo Bericat, catedrático de Sociología de la Universidad de Sevilla, cree que la falta de ilusión hay que interpretarla, no tanto por los efectos de la crisis, como por el cambio cultural producido con anterioridad. "El modelo de vocación profesional que implicaba un proyecto vital de futuro y un destino final conocido, con sus esfuerzos y contraprestaciones, ha desaparecido. Ahora, la incertidumbre se impone en el trabajo y en la pareja y no está claro que la dedicación, el compromiso, el estudio o el título, vayan a tener su correspondiente compensación laboral y social", afirma. Si la pregunta clásica de nuestros padres y abuelos: "¿Y tú, que vas a ser?" pierde fundamento, se entiende mejor que los esfuerzos juveniles respondan, más que a la ilusión por un proyecto propio, al riesgo de quedar descartado. "Si no estudio, si no hago ese master...". Según el informe Eurydice, de la Unión Europea, sólo el 40% de los universitarios españoles tiene un trabajo acorde con sus estudios.

A los jóvenes no les resulta emocionalmente rentable comprometerse en un proyecto de vida definido porque piensan que estaría sometido a vaivenes continuos y que difícilmente llegaría a buen puerto. "Aplican la estrategia de flexibilizar los deseos y de restar compromisos; nada de esfuerzos exorbitantes cuando el beneficio no es seguro. Como el riesgo de frustración es grande, prefieren no descartar nada y definirse poco", explica Eduardo Bericat. A eso, hay que sumar un acusado pragmatismo -nuestros chicos son poco idealistas-, y lo que los expertos llaman el "presentismo", la reforzada predisposición a aprovechar el momento, "aquí y ahora", en cualquier ámbito de la vida cotidiana. De acuerdo con los estudiosos, esa actitud responde tanto a la sensación subjetiva de falta de perspectivas, como al hecho de que el alargamiento de la etapa juvenil invita a no desperdiciar "los mejores años de la vida" y a combinar el disfrute hedonista con la inversión en formación.

A falta de datos sobre el alcance del "síndrome ni-ni", el catedrático de Sociología de Sevilla explica que el pacto implícito entre el Estado, la familia y los jóvenes, pacto que compromete al primero a sufragar la educación y a la segunda a cargar con la manutención, alojamiento y ocio, hace creer a algunos jóvenes que en las actuales circunstancias pueden retrasar la toma de la responsabilidad. "Desarrollan una actitud nihilista porque no se les exige estar motivados, ni asumir responsabilidades y hay redes y paraguas sociales. En las convocatorias para cubrir plazas de becarios, me encuentro con aspirantes de treinta y tantos y hasta de cuarenta años, y lo curioso es que esos becarios se comportan como becarios. Es la profecía autocumplida. Si les llamas becarios y les pagas como tales terminarán convirtiéndose en becarios. Lo que me preocupa es la infantilización de la juventud", subraya.

"Los jóvenes de ahora no son capaces de arriesgar, son conservadores", constata Elena Rodríguez. ¿La tardía emancipación juvenil española (bastante por encima de los 30 años de media) es, sobre todo, fruto de la inestabilidad y precariedad del mercado laboral o consecuencia de ese supuesto conservadurismo? Aunque la diversidad y pluralidad de la juventud aconseja huir de las visiones unívocas, no se puede perder de vista que ellos no han tenido que vencer los obstáculos de las generaciones precedentes. "Miramos con descrédito la vida que nos ofrece la sociedad. Nuestros padres trabajaron mucho y se hipotecaron de por vida, pero tampoco les hemos visto muy felices. No es eso lo que queremos. La gente tiene pocas prisas para hacerse mayor", explica Letizia Tierra, voluntaria de una ONG. Por lo general, las personas que trabajan en asociaciones de ayuda juvenil tienden a repartir sus juicios con la medida de la botella medio llena, medio vacía.

"En el CIMO (Centro de Iniciativas de la Juventud) vemos apatía y falta de ilusión generalizada. Muchos de los 200.000 nuevos titulados universitarios anuales afrontan con pesimismo la búsqueda de empleo. Saben que hay un elevado porcentaje de puestos de cajeros, reponedores, almacenistas, dependientes, etcétera ocupados por diplomados o licenciados", afirma Yolanda Rivero, directora de esa asociación que atiende a diario a más de 600 jóvenes. Con todo, descubre también a muchos jóvenes capaces de adaptarse y de asumir retos y riesgos. "La generación JASP (jóvenes sobradamente preparados) tiene la ventaja de su mayor formación. A la vista del panorama, continúan formándose, viajan, trabajan, de camarero, si es preciso, para pagarse un master y aprovechan sus oportunidades, aunque, eso sí, en casa de papá y mamá hasta los 35 años, por lo menos".

El catedrático de Psicología Social Federico Javaloy, autor del estudio-encuesta de 2007, Bienestar y felicidad de la juventud española, cree probado que nuestros jóvenes no son apáticos y desilusionados, aunque lo estén, por contagio ambiental. "Lo que pasa es que rechazan el menú laboral que les ofrecemos. El fallo es nuestro, de nuestra educación y nuestros medios de comunicación", sostiene. Aunque las ONG encauzan en España las inquietudes que los partidos políticos son incapaces de acoger, tampoco puede decirse que la participación juvenil en ese campo sea extraordinaria. "Algo menos del 10% de los jóvenes participa en algún tipo de asociación, deportivas, en su mayoría, pero el porcentaje que lo hace en las ONG no llegará, seguramente, al 1%", indica el catedrático de Sociología de la UNED, José Félix Tezanos. Autor del estudio Juventud y exclusión social, Tezanos detecta entre los jóvenes una atmósfera depresiva, un proceso de disociación individualista, condensado en la expresión "sólo soy parte de mí mismo" y el debilitamiento de la familia. "Se está produciendo una gran quiebra cultural. Los componentes identitarios de los jóvenes no son ya las ideas, el trabajo, la clase social, la religión o la familia, sino los gustos y aficiones y la pertenencia a la misma generación y al mismo género; es decir: elementos microespaciales, laxos y efímeros", subraya.

El sociólogo de la UNED se pregunta hasta cuándo aguantará el colchón familiar español y qué pasará cuando se jubilen los padres que tienen a sus hijos viviendo en casa. A su juicio, el previsible declive de la clase media, la falta de trabajos cualificados -"el bedel de mi facultad es ingeniero", indica-, el becarismo rampante, la baja natalidad y el desfase en gasto social respecto a Europa están creando una atmósfera inflamable que abre la posibilidad de estallidos similares a los de Grecia o Francia. "Podemos asistir al primer proceso masivo de descenso social desde los tiempos de la Revolución francesa", augura.

Más apocalíptico se manifiesta Alain Touraine en el prólogo del libro de José Félix Tezanos. "Nuestra sociedad no tiene mucha confianza en el porvenir puesto que excluye a aquellos que representan el futuro" (...) "Se piensa que los jóvenes van a vivir peor que sus padres", escribe el intelectual francés. Y añade: "Avanzamos hacia una sociedad de extranjeros a nuestra propia sociedad" (...) "Si hay una tendencia fuerte, es que tendremos un mundo de esclavos libres, por un lado, y a un mundo de tecnócratas, por otro" (...) "Los jóvenes tienen que trabajar de manera tan competitiva, que se acaban rompiendo (...) No están sólo desorientados, es que, en realidad, no hay pistas, no hay camino, no hay derecha, izquierda, adelante, detrás".

Nadie parece saber, en efecto, con qué se sustituirá la vieja ecuación de la formación-trabajo-estatus estable, si, como pregonan estos sociólogos, la educación en la cultura del esfuerzo toca a su fin y gran parte de los empleos apenas darán para malvivir. Aunque estamos ante una generación pragmática que no ha soñado con cambiar el mundo, muchos estudiosos creen que la juventud no permitirá, sin lucha, la desaparición de la clase media. "El mundo que alumbró la Ilustración, la Revolución francesa y la Revolución industrial está agotado. La superproducción y la superabundancia material en estructuras de gran desigualad social carecen de sentido, hay que repensar muchas cosas, construir otra sociedad", afirma Eduardo Bericat.

Las dinámicas encaminadas a establecer nuevas formas de relaciones personales, la búsqueda de una mayor solidaridad y espiritualidad, más allá de los partidos y religiones convencionales, los intentos de combatir la crisis y de conciliar trabajo y familia, el ecologismo y hasta el nihilismo denotan, a su juicio, que algo se mueve en las entretelas de esa generación. "Son alternativas que, aisladamente, pueden resultar peregrinas, pero que, en conjunto, marcan la búsqueda de un nuevo modelo de sociedad", dice el profesor. ¿Será posible que esta juventud supuestamente acomodaticia y refractaria a la utopía sea la llamada a abrir nuevos caminos?

jueves, 28 de mayo de 2009

Las redes sociales del odio


'No soy extrovertido. Prefiero criticar en un rincón. Burlarse une'

MARÍA OVELAR EP3 EL PAÍS 22/05/2009

Las redes antisociales nacieron para paro-diar Facebook o MySpace y su manera de coleccionar amistades a miles. Ahora reivindican su carácter ¿contracultural?.

El último eslabón de las comunidades virtuales son las redes antisociales, plataformas que parodian el buen rollo que impera en Facebook o MySpace y lo sustituyen por odio e insultos. Con nombres tan explícitos como Enemybook o I fucking hate you, estos portales nacieron de la necesidad de mofarse de la taberna global en la que se ha convertido la Red. Uno de ellos, Myfrienemies, incluso permite insultar desde el anonimato, una práctica muy perseguida en los últimos tiempos.

No soy extrovertido. Soy de los que prefieren quedarse en un rincón criticando con un par de personas a los asistentes de una fiesta. Por cualquier motivo: que nos parezcan estúpidos, hablen raro o tengan pinta de tontos. Burlarse une. Owen Knapp fundó en 2004 I fucking hate you (IFHY), una plataforma feroz que cuenta con cerca de 7.000 perfiles. A diferencia de Facebook, aquí es complicado coleccionar amistades. IFHY sólo permite que seas amigo de alguien si compartes un mínimo de personas odiadas. Pero no se puede tildar de antisocial, aquí los usuarios también comparten algo: el odio.

En medio de la explosión de las redes, nos preguntábamos por qué aparecían. A mí me parecían estúpidas. ¿De qué servía aceptar amigos sin ton ni son, explica Bryant Choung por teléfono desde Washington. A este estudiante de MIT se le ocurrió fundar su particular red, Snubster, después de una cena con unos colegas en 2006. Me presentaron a una chica. Cuando llegué a casa me esperaba una petición de amistad en Friendster [una de las redes sociales más antiguas]. Aquello me sacó de quicio. Me sentí obligado a aceptar aunque sabía que no volvería a hablar con ella. El objetivo de su página web no es otro que el de ser borde. Imagina que alguien te ha ofendido. Lo incluyes en el apartado On Notice [avisados]. Y si lo odias, lo pones en Dead to me [muerto para mí], explica.

A este estadounidense de origen coreano le sorprende el triunfo de las plataformas tradicionales. Antes de que Occidente enloqueciera con ellas, en Corea y Japón ya existían. Pensé que no funcionarían en EE UU por lo cauta que es la gente con su vida privada. Se equivocó. Y el ciberespacio se inundó de ?contenedores de relaciones, el concepto con el que Gaby Castellanos describe Tuenti o Facebook.

Castellanos preside la agencia de publicidad SrBurns y la asociación de especialistas en redes sociales Social Media Club. Son un reflejo de la vida. Hasta generan celos. Hay quien rompe si se entera de que su pareja no ha publicado en Facebook que están saliendo o si la ve ligar. ¿Quién no recuerda que Lindsay Lohan cortó con su novia en Twitter?. A raíz del boom de las redes, su agencia ideó una herramienta para hacer la prueba del algodón definitiva: Facebrity, una aplicación que mide el índice de popularidad de un usuario en Facebook y que ya cuenta con más de 5.000 fans. No compensa coleccionar 32.000 amigos si no te relacionas con ellos, argumenta; ?Facebrity mide la reacción de la comunidad a tus comentarios y diferencia a los internautas entre tímidos y abiertos.

Para Sean Bonner, director de Bode Media y editor de blogs de 34 años, el problema es el término: Etiquetamos como amigos a contactos digitales, pero al principio sólo son meros conocidos. Bonner fundó Isolatr, una red social para llamar la atención sobre esta situación. En ella, si alguien quería abrir un perfil, no podía: la página web era falsa. Era una forma de decir basta, ¡no tengo por qué abrirme un perfil en todas las redes que aparecen!.

¿Existe un elemento contracultural en todo este fenómeno? Son las redes anti- sociales el nuevo punk Roberto Balaguer, psicólogo y experto en nuevas tecnologías, cree que sí: Relacionarse a través de la agresión es algo pobre, pero para muchos es la única manera. Enemybook, por ejemplo, funciona como la red social de los aislados o incomprendidos. Toma aspectos underground como el odio a las normas. Por ejemplo, la supuesta obligación de tener que ser simpático en la Red?.

En Enemybook, red con más de 16.000 seguidores, no se añaden amigos, se añaden enemigos. Los más odiados: George Bush (casi 4.000 enemigos), el propio Enemybook (180) y el nuevo diseño de Facebook (40). Matulef, su creador, explica desde Boston la génesis del portal. No me fiaba de lo virtual, prefería el cara a cara. Enemybook nació como sátira..., ¡pero se volvió en mi contra! Me hizo popular y tengo más contactos de los que conozco?, revela.

Profesores de la UdL advierten del peligro del "uso lúdico" de Internet

EFE - Barcelona - 25/05/2009

Los alumnos de secundaria hacen un uso demasiado "lúdico" de Internet y tienen escasa capacidad para encontrar, entender y priorizar los contenidos de la Red, según un estudio sobre el uso docente de la red realizado por los profesores de la Universidad de Lleida (UdL) Manoli Pifarré, Jaume Sanuy, Conxita Vendrell y Susanna Gòdia.

Son los autores del libro Internet en la Educación Secundaria: pensar, buscar y construir, en el que, tras un trabajo de seis años y la participación de 20 profesores y 400 alumnos de ESO, propone herramientas para gestionar el uso de Internet en los institutos, infundiendo una visión crítica de la Red.

Pifarré explica que los adolescentes ven el ordenador como "una máquina de jugar" en la que interactúan con amigos, con los que intercambian material audiovisual y que "les permite mantener una conversación con un cierto anonimato". Los adolescentes "pasan horas y horas" viendo vídeos o descargando música y tienen tan interiorizadas las redes sociales que "aquel que no está, queda marginado en el instituto", con lo que los actos de la vida virtual tienen consecuencias en la vida real. Pifarré añade que los jóvenes "saben hacer funcionar un ordenador, pero no saben utilizarlo. Se limitan a dar un paseo superficial sin profundizar".

martes, 5 de mayo de 2009

Documental: Hablando de sexo con adolescentes (RTVE)

Fuente: Heterodoxia 5 Mayo 2009

Imagen Documentos TV RTVEExtraído de RTVE: La educación sexual de los niños y adolescentes se ha dejado, prácticamente, en manos de los medios de comunicación y el resultado de ello es que están desbordados por mensajes relativos al sexo, pero muy mal informados. Una prueba de ese desconocimiento es que el número de abortos entre chicas de 15 a 19 años se ha duplicado en los últimos diez años.

En ‘Hablando de sexo con adolescentes’ se recogen los testimonios de más de un centenar de adolescentes, entre 14 y 17 años, que han hablado con libertad sobre cómo viven y sienten ellos el sexo, sobre sus fantasías, sus carencias en materia de educación sexual y sus miedos

  • “HABLANDO DE SEXO CON ADOLESCENTES” se emite en DOCUMENTOS TV el martes 5 de mayo de 2009 a las 23:05 en La 2 de TVE.

Producción: NAIS PRODUCCIONES (España), Duración: 55’, Dirigido por Manuel Sánchez Pereira

En el documental se comprueba que los chicos y chicas son consumidores, casi diarios, de pornografía, que ven en la televisión o en internet. Esta circunstancia hace que el prototipo de hombre y mujer que los adolescentes buscan tenga muy poco que ver con la realidad. De hecho, cada año unos cuarenta mil menores solicitan una intervención de cirugía estética. Los expertos también señalan que conceptos como la sensualidad, el erotismo o el compromiso, han sido desechados. El sexo es penetración.

Además, se ha convertido en una oferta de ocio más. Por eso, muchos chicos no tienen ningún pudor, ni problema moral, en reconocer que si una noche no ligan, van a lo seguro: pagan y punto. Acuden en grupo a un prostíbulo, como demuestra el aumento masivo del uso de la prostitución en menores de treinta años.

Mientras tanto, los padres se sienten incómodos hablando de este tema con sus hijos y confían en que ya reciben suficiente información por otras vías.


martes, 21 de abril de 2009

Alcanzar la condición de adulto

Límites y fronteras de la madurez

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Criterios de la condición adulta

Manuel Cruz - LA VANGUARDIA 19/04/2009

Un rasgo significativo de la condición adulta o madura es que no se obtiene ni se consigue, sino que es atribuida o recibida

¿Cuándo decimos que una persona joven ya ha entrado de lleno en la edad adulta? Antaño ese tránsito estaba claro y unívocamente señalizado a través de determinados ritos de paso. Del servicio militar, por ejemplo, se decía - con un convencimiento que hoy sin duda nos hace sonreír-que los chicos volvían hechos unos hombres. La desaparición - o la devaluación-de tales ritos ha desdibujado las fronteras y emborronado los límites, de manera que plantear hoy la pregunta inicial obliga a una mínima definición previa de lo que queremos decir en cada caso. Si identificamos, como suele hacerse en el lenguaje ordinario, edad adulta con pleno desarrollo de todas las esferas del individuo (física, psicológica, emotiva...), de inmediato comprobamos que no resulta fácil dibujar hoy aquellas líneas de demarcación, de la misma forma que se hace francamente difícil establecer el grado de madurez de una generación en comparación con otra. Así, se suele afirmar que los varones de las generaciones anteriores solían empezar a trabajar a los catorce años, mientras que las mujeres acostumbraban a casarse con veintipocos y empezaban a tener hijos de inmediato. .

La generación actual, en cambio, se incorpora mucho más tarde al mercado de trabajo (no son pocos los que lo hacen cerca ya de la treintena), abandonando el domicilio familiar, contrayendo matrimonio y asumiendo responsabilidades como padres bien entrada esa década. Si se atiende únicamente a estos elementos, se tendría entonces la tentación de concluir que la madurez de la condición adulta se alcanzaba antes mucho más deprisa que ahora. Pero, a poco que uno amplíe los elementos que considerar e introduzca, por decir algo a voleo, datos como el de que muchos mozos no habían visto el mar hasta que habían ido a la mili, o que muchas mujeres no habían conocido varón hasta que se casaban, en seguida se deja ver que el signo de la comparación está lejos de ser inequívoco.

Pero probablemente no baste con concluir, a partir de lo precedente, que lo que consideramos edad adulta es algo que varía a lo largo del tiempo y según las sociedades. Sin duda parece ser así, pero no habríamos avanzado gran cosa con la constatación (a fin de cuentas, ¿qué hay que no varíe a lo largo del tiempo y según las sociedades?) si no fuéramos capaces de mostrar a través de qué mecanismos se produce la variación. Y es al llegar a este punto cuando se nos aparece un rasgo particularmente significativo de la condición adulta o madura, a saber, que ella no se obtiene ni se consigue, sino que es atribuida o recibida. En concreto por las generaciones anteriores, que son las que establecen los procedimientos o, en todo caso, los criterios para la atribución.

Importa subrayar esto porque no siempre están claros tales criterios. Hay algo profundamente inquietante en la forma como las generaciones ya instaladas en la madurez tienden a considerar a las que vienen detrás. Así, llama la atención la reacción - a medio camino entre el estupor y el escándalo-que, con tanta frecuencia, tienen ante los más jóvenes.

Llevo toda mi vida escuchando la frase “los jóvenes de hoy saben muchísimo más que nosotros”, frase que, a menudo, se refuerza con aquella otra, igualmente repetidísima, “yo a su edad era muy inocente”.

La cosa no daría mucho de sí a no ser porque la pronuncian incluso aquellos que no lo eran en absoluto, lo que mueve a pensar en el motivo profundo por el que los individuos, a partir de una cierta edad, necesitan proyectar inocencia con efectos retroactivos sobre su biografía.

Quizá sea una forma indirecta de intentar descargarse de responsabilidades, de protegerse por anticipado de los reproches que precisamente los más jóvenes les podrían lanzar por la trayectoria que han seguido o por la forma en que han vivido. Acaso nada deje más en evidencia el radical artificio de eso que llamamos condición adulta - y ya no digamos madurez-que la confrontación con aquellos que optan por vez primera a ella. Probablemente, la desaparición - o la devaluación-de los ancestrales ritos de paso a la que empezábamos aludiendo haya sumido en una profunda confusión a esos mayores encargados de gestionar el relevo. En todo caso, la confusión nunca es un buen lugar para quedarse a vivir.

Y resulta un poco preocupante que los mismos que con tanta frecuencia son capaces de sobreproteger a los más jóvenes hasta extremos casi ridículos, también lo sean de reaccionar, nerviosos, cuando se sienten amenazados por esa misma franja generacional, exigiendo, pongamos por caso, el más duro de los castigos para ciertos delitos, con independencia de la edad del delincuente. Poca madurez, desde luego, parecen demostrar quienes tienen criterios tan volubles.

M. CRUZ, catedrático de Filosofía de la Universitat de Barcelona (UB)

Un término polisémico

Josefa Pérez Blasco - 19/04/2009

La tendencia continúa: convertirse en adulto es un proceso cada vez más lento, progresivo y fragmentado

El término adultez designa realidades muy diversas incluso dentro de un mismo marco temporal y geográfico. Obviamente, la diversidad se multiplica cuando comparamos distintas generaciones o grupos culturales. Desde la segunda mitad del siglo XX se viene definiendo la adolescencia como un periodo de transición en el desarrollo humano propio de las sociedades occidentales complejas, y por tanto, inexistente en entornos menos sofisticados y evolucionados tecnológicamente, en los que el paso de la infancia a la adultez es más temprano - cercano a la pubertad-, rápido y ritualizado. Esta tendencia continúa: convertirse en adulto es un proceso cada vez más lento, progresivo y fragmentado. Las últimas teorías sobre el desarrollo describen una segunda transición, aproximadamente entre los 18 y los 30 años, denominada adultez emergente, con características específicas que la diferencian de la adolescencia y de la vida adulta propiamente dicha. Así, aun cuando este grupo de edad goza de mayor libertad que grupos más jóvenes, quienes lo integran siguen, total o parcialmente, dependiendo y conviviendo con su familia, mientras continúan explorando en las esferas afectivosexual y vocacional y construyendo su visión del mundo. ...


J. PÉREZ BLASCO, profesora titular de la Universitat de València

(artículo todavía incompleto hasta que pueda consultarse en la hemeroteca de LA VANGUARDIA pasado un mes)


domingo, 18 de enero de 2009

El viaje hacia la adolescencia: "Las chicas posan perfectamente y los chicos no saben dónde meterse"

Retrato de una metamorfosis

FOTOS - RINEKE DIJKSTRA - 09-01-2009

Una niña vestida de hada con un traje rosa puede ser toda una metáfora de la infancia femenina. Como lo es este retrato en el Prospect Park de Brooklyn (Nueva York).- RINEKE DIJKSTRA

  • Retrato de una metamorfosis - Los primeros disfraces
  • Retrato de una metamorfosis - Entre la seguridad y el miedo
  • Retrato de una metamorfosis - Con gesto firme
  • Retrato de una metamorfosis - Vegetación como fondo
  • Retrato de una metamorfosis - Miradas tristes
  • Retrato de una metamorfosis - Dos años de trabajo
  • Retrato de una metamorfosis - Siempre en verano
  • Retrato de una metamorfosis - En busca de la espontaneidad
.

JESÚS RUIZ MANTILLA EL PAÍS EPS 11/01/2009

La cámara de Rineke Dijkstra ha captado durante dos veranos a niños y adolescentes en los parques de todo el mundo. El resultado es el fascinante retrato de una metamorfosis. La mutación adulta.

El lenguaje del cuerpo es algo imprevisible. Como la espontaneidad. Nada de eso se estudia. Ni se programa. Menos en aquellos que se encuentran a las puertas de la metamorfosis más crucial de sus vidas. Rineke Dijkstra lo sabe. En sus fotografías, esta artista holandesa (Dutch, 1959) quiere captar precisamente ese viaje transformador que nos lleva de la niñez a la adolescencia. El momento largo, prolongado y tormentoso que nos convierte en proyectos de hombres y mujeres.


Dos veranos le costó penetrar con su cámara en las vidas quietas de estos niños y jóvenes que podrán contemplarse a partir del 29 de enero en Madrid en la galería de La Fábrica. Dos años en los que anduvo tranquilamente con sus objetivos por diferentes parques de todo el mundo -entre Europa, Asia y América- buscando secretos y enigmas ocultos tras sus miradas, en la etérea delicadeza de sus gestos huidizos.

Los ojos de todos aquellos que están a punto de decir adiós a su niñez despiden una tristeza nítida. Una nostalgia que rechaza su propio nombre. O que lo ignora. Una pena inconsciente que añora el refugio de la infancia -haya sido feliz o desgraciada- y teme con incertidumbre su nuevo lugar en el mundo.

Aunque sonrían, las niñas y los niños que han desfilado ante el ojo de Dijkstra añoran lo mismo. Da igual que posen en el Amoy Botanical Garden de Xiamen que en Central Park de Manhattan o en el Retiro madrileño. Tanto importa que paseen por la Ciudadela en Barcelona o se tumben sobre la hierba fresca del Vondelpark de Amsterdam y el Prospect Park de Brooklyn...

Toda la serie tiene el mismo escenario: la vegetación de estas zonas verdes que se convierten en auténticos oasis en mitad del caos de las grandes ciudades. Eso y la luz del día. Una luz húmeda y sombría. Pero muy natural al fin y al cabo. "En el parque, todo el mundo se encuentra distendido. Al parque, la gente, niños y jóvenes van a relajarse, a hacer un receso", comenta la fotógrafa.

Además, el parque es el refugio que les mantiene en contacto con la naturaleza. Lejos de otras maneras de emplear el tiempo libre, que en España suelen ser unas 30 horas a la semana -concretamente, 32 los chicos y 29 las chicas-, según datos de una encuesta de Injuve realizada en 2004.

Más que al aire libre, los jóvenes emplean el tiempo en otras cosas menos sanas pero también evasivas entre las que reina el hábito de escuchar música. Un 98,2% de los chicos entre 15 y 19 años afirman que ésa es su principal actividad. Después, salir con los amigos (97,8%) e ir al cine (91,7%). Dominan las salidas en grupo más que el aislamiento marcado por los ordenadores (77,9%) y la televisión, que ven alrededor de 14 horas a la semana. Aunque en este aspecto aparece un dato muy preocupante en el último año: el 40% de los niños la ven solos en su habitación.

En el parque cabe la sorpresa. "Y el misterio. En cualquier momento puede aparecer algo detrás de una planta o un arbusto". Un inofensivo gnomo o una inquietante fiera salvaje. Es un territorio de la infancia que queda eternamente a expensas de la riqueza imaginaria. Un paraíso del que cuesta escapar y al que siempre volvemos para esparcirnos. "El lugar propicio para este trabajo porque multiplica la espontaneidad", comenta Dijkstra.

"Toda la vegetación proporciona una imagen muy uniforme para el proyecto. Lo más difícil es encuadrar a los personajes en ese escenario. Buscarles el lugar perfecto". Dentro de unas reglas fijas. Planos medios, que ofrecen el mismo protagonismo al individuo que al entorno. La búsqueda de una fusión natural, pero inquietante al tiempo.

La elección de los protagonistas fue lo más difícil. Aunque en eso, la fotógrafa se guió en todo momento por el instinto y la empatía. "Paseaba por los parques e invitaba a posar a quien veía hacer un gesto con el que me identificaba. Tiene que existir complicidad entre quien retrata y quien es retratado. Si no, no merece la pena. Deben fascinarme previamente", comenta Dijkstra.

Ella es toda una médium. Posee un auténtico don para que los chicos se le desnuden interiormente ante la cámara. Y eso que no ha tenido hijos. "A los 40 años me di cuenta de que se me había pasado la oportunidad. Me habría gustado tenerlos, pero a lo hecho, pecho".

Por el camino, esta artista ha encontrado niñas en patinete y jóvenes con desaliñados uniformes escolares. Pandillas en plan de merendolas, jóvenes aprendiendo a despertar el juego de sus sexos y muchachitas con combas. También chavales con balones junto a hadas con alas quietas y las manos metidas en los bolsillos.

Fue en verano porque ésa es precisamente la estación en la que explotan todos los cuerpos. Y Rineke Dijkstra buscaba precisamente los contornos de sus metamorfosis. Las anunciadas y las pasadas. Las expectativas del viaje a punto de iniciarse y los restos del naufragio con el trayecto recién terminado. "Desde siempre me ha fascinado el tema de la identidad cambiante. Ese momento de nuestras vidas en que nuestros cuerpos nos convierten en algo nuevo", asegura. En lo que también dejamos de ser. Esa despedida hacia otras esferas, la búsqueda de otros mundos. Lo que trataron, sin ir más lejos, Lewis Carroll en Alicia en el país de las maravillas, Frank L. Baum en El mago de Oz o Jonathan Swift en Los viajes de Gulliver...

Su reto era la captura de cualquier explosión espontánea. "No siempre lo conseguía. Era imposible que me repitieran las primeras miradas que observé, muy difícil". Pero no dejó de empeñarse en reproducir aquel ideal que la sedujo de todos ellos. "A veces volvía a saltar y a veces no". En fin, que el oficio de capturar momentos puede llegar a ser muy frustrante.

Lo que sí ha observado es el diferente peso que el tiempo marca en todos ellos. "Todo va demasiado rápido. Les obligamos a madurar muy pronto y luego nos arrepentimos de que se hayan apeado de la infancia", comenta. Todo para desear parar más adelante. "A los niños les arrancamos de ese territorio y luego, nosotros, cada vez queremos entrar en la madurez más tarde. Deseamos que la juventud se prolongue eternamente", asegura. "Tampoco creo que nuestra vida fuese diferente en el pasado. Hoy tienen muchas más facilidades", dice la fotógrafa.

En el caso de los niños, hay cifras que constatan esa madurez precoz evidente. Desde que el 43% de los niños de entre 6 y 11 años disponen de teléfono móvil hasta la inevitable y demoledora sensación de soledad que rodea a muchos de ellos. Ésta se manifiesta en un 27% de los pequeños, según la Encuesta de la Infancia en España 2008, elaborada por la Fundación SM, la Universidad Pontificia de Comillas y el Movimiento Junior. Los sociólogos Fernando Vidal y Rosalía Mota han dirigido este trabajo.

Precisamente, los retratos de Rineke Dijkstra recalcan la fuerza de la soledad en los retratos individuales. Contrastan con fuerza con los de grupo, en los que ha observado fuertes diferencias de género. "Las chicas posan perfectamente y los chicos no saben dónde meterse". Ellas pisan terrenos más firmes, aunque también desde niñas tienen vocaciones más entregadas. Según la encuesta citada, las mujeres prefieren dedicarse a curar, enseñar y crear con trabajos que van desde ser médicas hasta veterinarias, maestras o artistas. Mientras que los niños se inclinan más por pleitear (abogados), defender (policías) o competir (deportistas). ¿A qué pueden deberse tantas diferencias? ¿A la educación, la genética o la sensibilidad? En una medida combinación de todos esos elementos anda la respuesta.

La muestra de Rineke Dijkstra se inaugura el 29 de enero en sala de exposiciones de La Fábrica, en Madrid.

sábado, 17 de enero de 2009

Chicos y cine: LA CLASE (Entre les murs)

Fuente: http://www.labutaca.net/films/61/entrelosmuros.php


cartel
Dirección: Laurent Cantet.
País:
Francia.
Año: 2008.
Duración: 128 min.
Género: Drama.
Interpretación: François Bégaudeau (François), Vincent Caire (Vincent), Olivier Dupeyron (Olivier), Patrick Dureuil (Patrick), Frédéric Faujas (Fred), Laura Baquela (Laura), Juliette Demaille (Juliette), Dalla Doucoure (Dalla), Esméralda Ouertani (Sandra), Franck Keïta (Souleymane), Wei Huang (Wei).
Guión: Laurent Cantet, François Bégaudeau y Robin Campillo; basado en la novela "Entre les murs" de François Bégaudeau.
Producción: Carole Scotta, Caroline Benjo, Barbara Letellier y Simon Arnal.
Fotografía: Pierre Milon, Catherine Pujol y Georgi Lazarevski.
Montaje: Robin Campillo y Stéphanie Léger.
Vestuario: Marie Le Garrec.
Estreno en Francia: 24 Sept. 2008.
Estreno en España: 16 Enero 2009.
SINOPSIS

François (François Bégaudeau) y los demás profesores se preparan para enfrentarse a un nuevo curso en un instituto situado en un barrio conflictivo. Llenos de buenas intenciones, deseosos de aportar la mejor educación a sus alumnos, se arman contra el desaliento. Pero las culturas y las actitudes se enfrentan en el aula, microcosmos de la Francia contemporánea. Por muy divertidos y estimulantes que sean los adolescentes, sus comportamientos pueden cortar de raíz el entusiasmo de un profesor que no cobra bastante. La tremenda franqueza de François sorprende a sus alumnos, pero su estricto sentido de la ética se tambalea cuando los jóvenes empiezan a no aceptar sus métodos.


Escrito por Miguel A. Delgado el 15.01.09 a las 23:54
Archivado en: Críticas

Despierta envidia cómo el cine francés ha sido capaz de hacer de los problemas del sistema educativo el eje central de algunas de las cintas más interesantes de los últimos años (“Hoy empieza todo”, “Ser y tener”). Sobre todo, cómo las diferentes aproximaciones comparten una mirada que intenta rehuir los clichés para enfocar su lente sobre los profesores y su relación con los alumnos. Ya ocurrió en la segunda de las mencionadas, pero esta capacidad de escrutar lo que sucede dentro de un aula es llevada al extremo en “La clase”: las escenas que transcurren fuera de ella son muy pocas, y casi inexistentes las que suceden fuera del instituto. No hay propiamente una línea argumental, una historia convencional con principio, nudo y desenlace. Comienza con el primer día del curso y termina con el último, pero lo que sucede entre medias no es tanto la crónica de un avance, de un aprendizaje, como el relato minuto a minuto de una lucha constante de un profesor que cree en la enseñanza sin castigos, y un alumnado compuesto por un aluvión de chicos de múltiples procedencias étnicas y que, en algunos casos, ni siquiera son capaces de expresarse correctamente en francés.

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Por todo ello, la película decepcionará a quien busque una narrativa en la que, además, se ofrezca un respiro en el que conozcamos hechos de la vida cotidiana del protagonista, el profesor real que escribió el libro original sobre sus experiencias y que fue base del guión. Pero, sin duda, disfrutará quien quiera presenciar en primera fila un combate constante, en el que este maestro no puede bajar la guardia en ningún momento para así evitar caer en las trampas que constantemente le tienden sus pupilos, buscando la manera de interesarles en el estudio de materias que, asumen ellos, no les servirán de nada (memorable el momento en el que los chicos protestan por tener que aprender a conjugar en subjuntivo, una pérdida de tiempo porque “ya nadie habla así”).

Esa lucha incesante hace que, si uno entra en el juego, asista a la sucesión de instantes arañados del curso escolar con la sensación de estar siempre rozando la catástrofe (no es de extrañar que algunas situaciones tengan consecuencias indeseadas). Pero lo más importante es que nadie aquí es de una pieza: el profesor aparece como una figura heroica, sí. Pero también investida de una humanidad que hace que no sea inmune a errores capaces de arruinar, en dos segundos, el escaso rédito acumulado durante meses de trabajo. Lo mismo sucede con unos alumnos (extraordinarios todos ellos, pese a tratarse de actores no profesionales), capaces de granjearse nuestra simpatía a través de sus problemas domésticos, o desesperarnos por su obcecación en seguir el camino equivocado que les expulse de la partida.

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De la misma forma, cualquier alianza entre los alumnos y el profesor se revela como frágil y fácilmente quebradiza, porque este último termina solo frente a ellos, frente a sus mismos compañeros y a la dirección. ¿Lo mejor de la cinta? Que no tiene ninguna moraleja, que abre multitud de puertas sin ofrecer una solución, pero inevitablemente plantea una discusión ante los retos de una sociedad cambiante. Esto, en el caso francés, llega incluso a poner en cuestión valores que hasta hace poco se consideraban inatacables, como la propia conciencia nacional. “La clase”, así, se convierte en una de las películas más lúcidas, adultas y apasionantes en mucho tiempo sobre un tema tan tergiversado y simplificado por el cine como es el educativo.


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lunes, 5 de enero de 2009

'Ciberconfesiones' en YouTube



Cada vez más internautas anónimos se graban con la webcam

Cada vez más internautas anónimos se graban con la webcam y vuelcan secretos, complejos y opiniones en YouTube. Los adolescentes se expresan sobre todo a través de fotoblogs.

Contar la vida en la Red, un fenómeno en alza que ya es objeto de estudio

FERMÍN ROBLES EL PAÍS - 04/01/2009

Cree Ingles se sienta delante de su webcam y graba un vídeo que después cuelga en el portal YouTube. "Quiero hacer al mundo responsable por ser un culo gordo como soy. Voy a intentar perder peso y lo voy a hacer con vosotros mirando", cuenta la internauta, acomplejada con sus cerca de 130 kilos de peso y que se teleconfiesa, según dice ella misma, aconsejada por su psiquiatra. No es el único videomensaje en Internet de estas características. En YouTube se puede acceder a cerca de 71.500 entradas al teclear confession y el fenómeno es ya materia de estudio para investigadores. Las hay auténticas, pero también verdaderas actuaciones de vloggers (video bloggers) que publican por entregas y tienen miles de visitas.

Las bitácoras ayudan a los niños a construir su personalidad

Hay testimonios verdaderos, pero también grandes actuaciones

Algunos vídeos tienen más gancho que los programas de telerrealidad

Adictos a los refrescos de cola o a morderse las uñas, gays que salen del armario, adolescentes que cuentan secretos, propios y ajenos, y opinan sobre el gobernador de Nueva York, todos miran a cámara para hablarle a la Red y algunos son comunicadores en potencia con más gancho que los programas de testimonios de la televisión. Para muchos supone la oportunidad de "ser alguien en Internet", opina Karoliina Talvitie-Lamberg, de la Universidad de Helsinki, que ha estudiado estos vídeos, algunos de los cuales arrastran una retahíla de comentarios a favor o en contra.

Las confesiones en YouTube también se vuelve en ocasiones en contra del autor, que acaba vapuleado. Matthew Lush -Gaygod en la popular página- aparecía en uno de sus vídeos con una bandera del arco iris de fondo y en él recomendaba a los homosexuales cómo hacer pública su condición sexual. "Esperar a independizaros", comienza a aconsejar sin esconder detalles sobre su propia experiencia. Tiene casi un millón de visitas, 30 videorespuestas y cerca de 6.000 comentarios. Entre ellos, algunas amenazas de muerte que él mismo se encargó de leer con sorna posteriormente.

El joven Lush, que luce un largo flequillo que le cubre la frente y un piercing en el labio, no es un vlogger cualquiera, sino uno de los más populares. Se nota que domina el lenguaje del medio y que no improvisa sus apariciones. Como él hay otros: Tokenblackchic, que habla por los codos de los secretos de sus amigas y otros asuntos; o Mememolly, por ejemplo, que cuenta que de manera obsesiva se muerde las uñas. De esta última confesión (Oral fixation), con un punto sensual que la joven pone como gancho, ya se pueden ver hasta parodias en la propia web.

Para los verdaderamente angustiados es una manera de "mostrarle al mundo lo que te pasa desde la intimidad de tu cuarto" porque compartir tiene algo de "terapéutico", señala Talvitie-Lamberg. B4mydeath no tiene "mucho que contar", explica en castellano, pero sube vídeos entonando canciones de variopintos artistas, desde Luis Miguel a Oasis, y no para de recibir peticiones. Solamente el 7% de los usuarios de YouTube producen y cuelgan sus propios contenidos, aunque son internautas muy activos y llegan a generar gran atención.

Los más precoces se estrenan en la Red con un fotoblog, el primer paso para sumarse con los años a Facebook u otras redes sociales. Los internautas más jóvenes (niños de entre 12 y 15 años) ahora publican también sus cuadernos de bitácora, que ellos mismos ilustran con fotografías propias o de sus ídolos, dibujos, emoticonos y tipografías especiales. No contienen revelaciones de gran trascendencia en YouTube (ni tampoco tienen su enorme difusión), pero sí son un juego que les permite construir su personalidad a través de la imagen, resume un estudio sobre este fenómeno elaborado por Silvia Burset y Lydia Sánchez, profesoras de Didáctica de Educación Visual y Plástica y de Comunicación Audiovisual en la Facultad de Formación del Profesorado de la Universidad de Barcelona. Ambas participaron junto a cerca de mil investigadores en el congreso internacional sobre comunicación Ecrea, organizado por la Universidad Autónoma de Barcelona.

Junto al deseo de comunicarse, hay una intención estética en la construcción de estas páginas, asegura Silvia Burset. Son más activas las chicas que los chicos. "Lo que antes recortaban para decorar sus carpetas, ahora lo ponen en el fotoblog, pero además ahora tienen la posibilidad de comunicarse", declara. "Veinte minutos después de salir de clase ya están actualizando su página, algunas veces son muy empalagosos, hablan del amor, de lo mucho que se quieren". En algunas webs, se puede ver el proceso de maduración. "Mientras al principio ponen fotos de Mickey, con el tiempo cuelgan instantáneas de sus artistas favoritas y enseñan sus piercings. No reflejan cómo son, sino cómo quieren ser", añade.

Toda esa exposición constante en la Red también está fomentando el digital bullying -el envío de mensajes amenazadores o desagradables a través de la Red-, según explica en el mismo foro Petter Brandzaeg, que ha realizado estudios de campo para el grupo investigador Sintef. "La edad de mayor riesgo es de los 15 a los 18 años porque tienen más ganas de experimentar y entrar en chats o páginas donde el usuario es anónimo", dice Brandzaeg.

Un informe elaborado por European Kids Online (eukidsonline.net) sobre los jóvenes internautas españoles señala que no perciben que haya ningún peligro, más allá de topar con algún virus. "Los padres suelen controlar el número de horas que sus hijos pasan frente al ordenador, pero no las actividades para las que lo emplean", concluye Matxalen Garmendia, de la Universidad del País Vasco y una de las autoras del estudio.

domingo, 4 de enero de 2009

Chicos y cine: Verano del 42


Acerca de la novela "Verano del 42" (1971) de
Herman Raucherque inspiró la película

Hernie, Oscy y Benjie pasar el verano en Packett Island. Allí, en unos días lentos y exasperantes, descubrirán el sexo, la violencia, buscarán ansiosamente dar sentido a sus vidas e insertarse en el mundo mítico de los adultos, vivirán fantásticas aventuras bélicas, asimilarán toda la gama desconcertante de prejuicios masculinos en torno a la vivencia erótica, construirán un mundo personal hecho de ansias inconexas, de fraudulentas y parciales satisfacciones. Herman Raucher realiza el más perfilado análisis del mundo de la adolescencia, del drama de quién, a solas con su imaginación, tendrá que ir descubriendo paso a paso, entre tímido y petulante, el mundo de convenciones y secretos que encierra la experiencia erótica.
Verano del 42 es una excepcional novela, que ha servido de base para realizar uno de los films más ambiciosos de los últimos años.

Fuente: http://www.elaleph.com/libros.cfm?item=8143827&style=libro_usado



LA PELICULA


Verano del 42
Nota media: 7,2
Año/País: 1971 /
Director: Robert Mulligan
Reparto: Jennifer O'Neill, Gary Grimes, Jerry Houser, Oliver Conant, Lou Frizell, Christopher Norris, Katherine Allentuck


INOLVIDABLE: LA ADOLESCENCIA, EL PRIMER AMOR, EL VERANO JUNTO AL MAR
Esta es de esas películas que más recuerdos me suscitan, sobre todo de aquel tiempo vivido que fue la adolescencia. Todo el film es delicadeza, sensibilidad, enamoramiento, encantación, tal y como suele ocurrirnos a los muchachos en la etapa de la vida donde solemos enamorarnos de una prima, una amiga, una maestra o una vecina, casi siempre unos años mayor, bien formada y que nos atrae la naturaleza sexual masculina que ya empieza a despuntar en los jóvenes hombres; es decir, esa etapa de la vida donde pasamos de niños a adolescentes y cuando en el cuerpo empiezan a emerger unas pulsiones, unas necesidades y unas ganas de tener contacto con las mujeres que antes no habíamos sentido. Todo esto y más, está finamente rodado y contado por Robert Mulligan y estupendamente interpretado por los actores Jennifer O'Neil y Gary Grimes; con una banda sonora que obtuvo el oscar de aquel año con todo merecimiento, pues es una música mágica que se graba de imediato en la mente y nos transporta con profunda añoranza, a un tiempo sensacional de recuerdos, entre los que destacan el descubrir de la sexualidad, los cuales forman parte de lo que fuimos y ya no volveremos a ser, por suerte o por desgracia, ¡¡¡cualquiera sabe!!!

Película de enorme hermosura, nostalgia y melancolía. Arte cinematográfico de la mejor calidad.

Fej Delvahe

Fuente: http://www.filmaffinity.com/es/review/39665288.html








OTROS COMENTARIOS

Fuente:http://desconvencida.blogspot.com/2007/01/verano-del-42.html




"Verano del 42" (1971) de Robert Mulligan (director de la fantástica "Matar un ruiseñor" )en realidad podría estar ambientada en cualquier verano de nuestra adolescencia. El descubrimiento del sexo opuesto, los primeros titubeos y aproximaciones a él de tres amigos en un verano durante la Segunda Guerra Mundial, es reflejado magistralmente en esta película en la que seguro que se han inspirado series como "Aquellos maravillosos años". Para daros un ejemplo de ello está esta escena en la que el protagonista va al cine con una chica que le gusta y un amigo suyo que ha quedado con una amiga de ésta:



Una de las revelaciones de la película fue la guapísima Jennifer O´Neill, que interpreta a una incipiente viuda de guerra que establecerá una curiosa historia con el principal protagonista. Cuando vi esta película en su día nos contaron que durante el rodaje, el propio Mulligan había dado instrucciones para que los tres actores principales no tuvieran ningún contacto ni se vieran con O´Neill durante los momentos previos al rodaje, para captar mejor el impacto que semejante mujer de 23 años causaba en los adolescentes. Quizás la mejor escena de la película es aquella en la que el protagonista va de visita a la cabaña de O´Neill, que acaba de enterarse de que su marido ha fallecido en combate y... (no os diré nada más), pero otra de las escenas míticas es aquella en la que intenta comprar unos preservativos para repartírselos con un amigo. Es genial la manera en la que da rodeos con el farmacéutico (mientras su amigo, que le espera fuera, se desespera) hasta que, todo cortado, le confiesa lo que ha ido a comprar, y cómo éste por su parte no parece nada dispuesto a facilitarle la labor:



- Muy bien, son 10 centavos.
- Quisiera otra cosa, acabo de acordarme.
- Bueno, ¿qué es?
- Un poco de caramelo.
- Muy bien, caramelo. Aquí tienes.
- Mucha gracias.
- Así son 12 centavos. ¿Alguna cosa más?
- Pue siento molestarle, pero...
- Anda, dílo, hijo...
- ¿Me da una servilleta?
- Claro, ¿nada más?
- Unas gomas.
- ¿Cómo?
- Creo que hay que ponérselas.
- ¿Ponerse qué?
- O vamos, ya sabe qué.
- ¿Anticonceptivos?
- Sí,eso.
- Y tú quieres comprar varios.
- Sí.
- ¿Para qué?
- Hombre, ya sabe para qué.
- Muy bien. ¿Qué marca?
- ¿Marca?
- Marca y clase.
- La normal.
- Es que hay muchas para elegir.
- ¿Por qué no me las enseña, a ver?
- ¿Cuál es tu marca?
- Los azules.
- ¿Y cuántos quieres?
- 3 docenas.
- Una gran noche, ¿eh?
- Bueno, lo normal.
- Son 12 dólares.
- ¿12 dólares?
- Y 12 centavos por el helado.
- ¿Y cuántos entran por un dólar?
- 3.
- Me llevaré 2.
- Vienen 3 en cada paquete.
- Bueno, ¿cuánto le debo sólo por el helado?
- Ya está bien, hijo, dejemonos de bromas, ¿cuántos años tienes?
- 16.
- ¿Cuántos?
- Los cumpliré muy pronto.
- ¿Y qué pretendes hacer con esto?
- Son para mi hermano, él es mayor.
- ¿Y por qué no viene él a comprarselos?
- Está enfermo.
- ¿Y para qué los necesita entonces?
- Para cuando se ponga bien. Está en el ejército.
- ¿Sabes para qué se usa esto?
- Claro, se llenan de agua y luego se tiran desde el tejado.
- Sólo quería asegurarme de que sabes para qué sirven.
- Claro que lo sé, mi hermano no me enviaría a comprarlos si yo no lo supiera.
- Vamos a dejarlo todo en un dólar, incluyendo el helado.
- Vale, sí. Gracias.

FRAGMENTO DEL LIBRO:

"Cuando tenía quince años y venía a Packett Island durante el verano, en la isla no había ni tanta gente ni tantas casas. Entonces era mucho más fácil estudiar su geografía y las peculiaridades del mar. Y si los padres no querían que sus hijos muriesen a causa de la soledad y del aburrimiento, ellos mismos se aseguraban de que otras familias aportasen su contribución infantil a la isla. Con Hermie, aquel verano del 42, estuvieron su mejor amigo, Oscy, y otro amigo íntimo, que aún no se había hecho acreedor del calificativo "mejor", llamado Benjie.

Se llamaban "El Terrible Trío", aunque nadie sabía qué razones tenían para ello. Era, principalmente, una manera de robustecer su realidad, de hallar un lugar donde situarse en este mundo.

¿La casa? La casa era de ella y nada ni nadie, desde que Hermie la viera, consiguió atormentarle e inquietarle como ella, ni hacer que se sintiera tan seguro e inseguro, tan importante e insignificante.

Los chicos yacían, doloridos y paralizados, escuchando el hueco sonido del hacha al chocar contra el recio tronco. Allá abajo, en el gran hoyo que había entre dos pilares de madera que soportaban la casa, un hombre enarbolaba el hacha en increíble y formidable arco; la levantaba desde la espalda, como Abe Lincoln, haciéndola bajar, cortando el aire, como Zeus. El tronco se partió, limpio, en dos y otro no tardó en correr la misma suerte. Luego siguió otro, otro y otro. Los muchachos no se movían, apenas respiraban. Miraban sin pestañear por encima del borde de la arena y escuchaban aquellos estallidos que parecían llegar desde el infierno. Aquello, sin saber por qué, era de interés vital para ellos. Aquel hombre, aquel sonido y aquella hacha.

Cuando la mujer hizo su aparición, deslizándose entre las sombras, y rodeó el cuerpo del hombre con sus blancos brazos, el corazón de Hernie golpeó con fuerza contra sus costillas, semejando un gorrión enjaulado. Ella era delgada, aunque bien formada, y su negra cabellera se despaldaba suavemente sobre sus hombros. Todos sus movimientos eran sensuales. No es, pues, extraño que el hombre dejara el hacha y atrajera a la mujer hacia sí, besándola de manera que no admitía rectificación alguna. Y los tres muchachos miraban comprendiendo que aquello era de esencial importancia, que era algo en lo que ellos mismos, algún día, se verían envueltos. Era como una advertencia para el futuro, un preludio de lo que iba a ocurrirles."

HERMAN RAUCHER "Verano del 42"

* Hoy quiero recordar una vez más la preciosa película de Robert Mulligan "Verano del 42" (1.971), con un fragmento de la novela que inspiró el filme y una selección de imágenes de la película que se acompañan de la preciosa banda sonora de Michel Legrand.