sábado, 18 de abril de 2009

Pequeños CONSENTIDOS adultos INCAPACES

Reportaje de interés que podrá consultarse completo en la hemeroteca de LA VANGUARDIA


¿Mimados para nuestra comodidad?
INÉS COTS - 18/04/2009

La educación del niño y el adolescente en familia se basa en la transmisión y la adquisición de funciones que posibiliten su desarrollo. Este proceso de aprendizaje se inicia en la infancia y perdura a lo largo de la edad adulta. La autoridad es una función vital para el desarrollo madurativo de los niños, proporciona los límites necesarios para configurar una referencia "contenedora" en momentos de crisis personal inherente al crecimiento mental. El tiempo que los padres dedican a la relación con sus hijos puede influir en el excesivo consentimiento de los niños. El índice de familias donde padre y madre trabajan es elevadísimo. Cuando los hijos de una familia acaban su jornada escolar, en casa no hay nadie. Este décalage suele compensarse con actividades extraescolares, abuelos incondicionales o canguros que custodian a los hijos y el hogar. ...


Pequeños CONSENTIDOS adultos INCAPACES (cont.)

JAVIER ELZO, SOCIÓLOGO "Gana la lógica del 'nahi dut': hago lo que me apetece sin más explicación"

nistro británico de facilitar la ayuda de profesionales, las famosas supernannies,sólo sería, según Josep Oriol Pujol, una solución inicial. No deberíamos negar, pues, a nuestros hijos, el derecho a ser educados con responsabilidad. Que ayuden en casa no es una opción, es una obligación. Tiene que quedarles claro que la realización de ciertas tareas queda fuera de toda discusión, se da por asumida e innegociable y forma parte del pacto de vivir en grupo, sea en una familia o en una comunidad. "Evitar que la burbuja que quiere aislarlos de todo mal les impida desarrollar sus capacidades. Debe tomar conciencia de la realidad, sin algodones". Teresa Pont Amenós ha trabajado durante una década en los juzgados de Barcelona, como psicoterapeuta y especialista en adolescentes conflictivos. Su advertencia: "A menudo, al lado de un delincuente joven encontraba una madre permisiva".

Las conductas, según la psicóloga clínica, están mucho más ligadas a las de los padres que a las de los propios chicos: "Hay niños insaciables, como hay parasitismo entre jóvenes que no cesan de aprovecharse o manipular a sus mayores. De ahí la necesidad de que los padres demos referencias y límites, porque, si no, ellos nunca podrán llegar a tenerlos claros interiormente. Son los casos de locus de control externo (LC)". ...


Si ahora ya no lo hacen, ¿luego qué?

Existe un básico, natural e incipiente egocentrismo de los niños de corta edad, que según los especialistas hay que ir corrigiendo a riesgo de encontrarnos con adultos inmaduros. "A veces los padres no nos damos cuenta de que somos nosotros quienes no permitimos a los hijos asumir retos - explica la psicoterapeuta Teresa Pont-.No queremos que sufran, nos sentimos culpables o estresados, les ahorramos el esfuerzo y acabamos haciendo nosotros las cosas que les corresponderían a ellos. Eso es un error". Si reincidimos en ese error de asumir sus trabajos (que ordenen, que recojan, que limpien, que programen los libros que llevarán al día siguiente en la mochila o la bolsa de deporte) estamos haciéndolos más frágiles. "De adolescentes tendrán la constante sensación de que los otros siempre les deben algo a lo que creen tener derecho. Algunos incluso se rebotarán agresivamente contra los padres. Hoy vemos con demasiada frecuencia en las consultas casos de pequeños tiranos o víctimas del síndrome del emperador que, de mayores, pueden convertirse en posibles delincuentes". ...


Una educación permisiva durante la infancia favorece la agresividad en la adolescencia

Educar sin límites ni valores puede llevar a los padres ante los tribunales
Celeste López | Madrid | 24/03/2008 |

La Audiencia de Sevilla avisa: educar mal a los hijos es delito, máxime cuando estos retoños
ocasionan un mal a otro. Si los padres la mejor manera de criar descendencia es dejarles hacer
lo que quieran, no establecer límites de ninguna clase, darles todo lo que piden o no
transmitirles ningún tipo de valores de convivencia, es cosa suya, pero en el caso de que esos
niños provoquen un daño, el peso de la justicia caerá sobre los progenitores. Esto es, más o
menos, lo que dijeron los jueces a la madre de un adolescente que propinó una brutal paliza a
un compañero. El tribunal ha condenado a la mujer a pagar 14.000 euros a la víctima para la
reconstrucción de la boca, al considerar que ella había educado mal a su hijo.

Y este aviso afecta a muchos padres. Según un estudio realizado por el equipo que dirige el
catedrático de Sociología Javier Elzo, el 42% de los padres forma parte de lo que él llama
familias nominales, o lo que es lo mismo, núcleos familiares permisivos, donde no hay reglas ni
límites, porque lo que importa es que no haya conflictos. En estos núcleos, los niños crecen sin
escuchar la palabra no,lo que se traduce en un hacer lo que siempre quieren, en unos niños
mimados y consentidos. El problema viene cuando crecen. Según explica Javier Urra, el primer
Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, estos pequeños consentidos se convierten en adolescentes agresivos, por la sencilla razón de que no están acostumbrados a que nadie les lleve la contraria.

¿Por qué actúan así los padres? Para Urra, porque es más fácil dejar hacer que educar en el
sentido literal de la palabra. 'Educar supone estar siempre al pie del cañón y decir muchas
veces no, y eso, en un mundo en el que falta tiempo y en el que los adultos llegan agotados a
casa, es una tarea muy difícil'.

El que fue Defensor del Menor y autor del best seller El pequeño tirano cree que han confluido
varios factores que han llevado a muchos padres a educar sin límites. Primero, una corriente de pedagogos y pediatras que ensalzaban el fin de la autoridad, junto con el sentido de culpabilidad de muchos padres trabajadores por no pasar suficiente tiempo con sus hijos. A
estos hay que sumar las separaciones matrimoniales mal llevadas, la baja natalidad y, sobre todo, la sobreabundancia. 'Vivimos en una sociedad en la que prima el consumismo. Los niños de ahora tienen a su disposición más recursos materiales que cualquier otra generación en la historia de nuestro país, y casi nunca se les ha dicho que no. Eso quiere decir que han
interiorizado los derechos, pero no los deberes', señala Elzo.

Y a este cúmulo de factores hay que sumar otro, como señala Urra, 'la permisividad de la
sociedad ante la tiranía de los pequeños. Todo se disculpa porque son niños, pero el problema es que esos niños crecen y ya no hay disculpas, aunque el daño ya está hecho'.
Elzo, pese a todo, es optimista. Cree, aunque aún no tiene datos, que el porcentaje de familias
permisivas ha disminuido desde que hizo el estudio antes citado, en el 2002. 'Tengo la
sensación de que la sociedad está cambiando, que los nuevos padres se están dando cuenta de
que a los niños hay que ponerles límites, sin llegar a ser autoritarios'. Urra, aun siendo optimista, cree que el cambio es muy lento y que muchos padres son candidatos a sentarse en el banquillo por las actuaciones de unos hijos consentidos.