jueves, 16 de abril de 2009

Los talibanes fusilan a una pareja de jóvenes a causa de su amor. Ella tenía 19 años y él 21.


"Los talibanes fusilan a dos jóvenes amantes"

La pareja afgana intentaba huir a Irán para casarse | El Presidente Zardari acepta que radicales pastunes impongan la charia como ley en un valle pakistaní


Jordi Joan Baños LA VANGUARDIA | Nueva Delhi. Corresponsal | 15/04/2009

El Afganistán de los talibanes ya tiene su Romeo y Julieta. Los dos jóvenes responden a los nombres de Abdul y Pecha. O mejor dicho, respondían, puesto que un pelotón de fusilamiento puso anteayer un bárbaro punto final a su amor prohibido.

Y es que Nimroz, la más despoblada de las provincias afganas (150.000 personas en una superficie mayor que Catalunya) no está para romanticismo, ni siquiera suicidas. La Verona renacentista de los Capuleto y los Montesco aparece como el colmo del refinamiento frente a retrógrados empeñados en volver al siglo VII con fusiles de asalto.

Ella tenía 19 años y él 21. Ante la amenaza de los talibanes, que en los últimos tiempos han conseguido reagruparse y volver a imponer su ley en este confín sudoccidental de Afganistán, optaron por huir para casarse en el vecino Irán. Tenían buenas razones para temer la ira de los talibanes: Pecha Gul es pastún y musulmana suní, como los talibanes, mientras que Abdul Aziz es sistani (de lengua persa) y, lo que es peor, chií. Es decir, un hereje, según las creencias inculcadas en los talibanes por las escuelas coránicas financiadas por el wahabismo saudí.

Aunque durante el régimen talibán toda mujer debía respetar la purda (reclusión) y evitar cualquier contacto con hombres ajenos a su familia, en el caso de Pecha y Abdul la diferencia sectaria convertía su amor en pecado mortal. De hecho, fueron los mismos familiares de la joven los que alertaron a los hombres del pueblo de su huida. Romeo y Julieta intentaban cruzar al Irán chií de los ayatolás, como si se tratara del paraíso del amor libre. Los devolvieron por la fuerza a un lugar definitivamente peor.

Tres imanes dictaminaron la fetua: pena de muerte. Frente a la misma mezquita, los cuerpos de los jóvenes amantes fueron ametrallados. Su ejecución es también un símbolo del deterioro de la situación en Afganistán yde lapérdida de control de zonas cada vez más amplias del país por parte del ejército afgano y de las tropas de la OTAN. La permeable frontera de Afganistán sigue siendo cruzada a diario por caravanas de camellos –en el doble sentido del término– que no entienden de fronteras. Persas (sistanis), beluchis nómadas y pastunes pueblan la región. No obstante, la pastunización forzosa de la región, iniciada a finales del siglo XIX, fue retomada con ahínco por los talibanes. Ahora se encuentra atenazada entre la guerra y el tráfico de heroína con destino a Europa.

Mientras, en el vecino Pakistán, la talibanización defendida por los radicales pastunes conseguía ayer un marchamo legal. La aplicación de la charia en el valle de Swat y en toda la región pastún de Malakand, aprobada por el gobierno provincial, era ratificada por la firma del presidente Asif Ali Zardari.

El viudo de Benazir Bhutto tuvo la astucia política de someter la medida al Parlamento, algo que no era necesario, para evitar la demonización de su Partido Popular de Pakistán. Todas las fuerzas políticas, todas –con la excepción del antifeudal, aunque gangsteril, MQM de Karachi– defendieron la aplicación de la charia en la zona tribal. Algo que ya ha encontrado respuesta al otro lado de la frontera, donde el portavoz del presidente Hamid Karzai ha expresado que el apaciguamiento de los talibanes en Pakistán –donde se incuban muchas de las ofensivas en su territorio– constituye una amenaza para Afganistán, puesto que envalentona a los talibanes de ambos lados.