lunes, 20 de abril de 2009

"No vuelvas tarde, mamá". Roles invertidos

LOS HIJOS NOS VIGILAN
"Mi hija de 17 años se preocupa si tardo o no llevo preservativos en el bolso"

EL EFECTO COMPETIDOR
"Se trabaja con la hipótesis de que la rivalidad sea causa de adicciones"

Los adolescentes ven con desconcierto cómo los adultos adptan sus iconos juveniles

Hasta hace poco la juventu era para los jóvenes. Hoy ya no les pertenece en exclusiva. Les han salido nuevos competidores y están en casa: sus propios padres y los amigos de sus padres. "Adultos que les han robado su lugar queriendo parecer más jóvenes cuando les doblan la edad", explica la psicóloga Nora Rodríguez. Ha volcado sus últimos estudios al respecto en Hay un adolescente suelto en casa (Ed. CEAC) donde presenta testimonios que ayudan a entender ciertos comportamientos que a los padres les desconciertan. Propone instrumentos para educar en el siglo XXI y descubre el desasosiego que produce en esos adolescentes tener que pronunciar frases como éstas: "no vuelvas tarde esta noche, mamá", "vigila, no bebas demasiado en la fiesta, papá", "no me expliques tus ligues, por favor" o "¿quieres que te pase a recoger con el coche cuando acabéis?". Los papeles se han invertido. Ahora es el padre (o la madre) quien sale de fiesta hasta la madrugada, quien no llama para decir que vendrá tarde. El - o la-que se apropia de la ropa de su hijo, usa su maquillaje, su perfume y escucha su música. El que le chantajea. El que pide consejo al joven adolescente para frecuentar un local nocturno, escoger un restaurante o viajar a una ciudad de moda. Copia su jerga, usa el chat o roba los libros de su estantería. Hasta ahora quería imitarlo, ahora quiere competir.

El catedrático de sociología de la Universidad de Deusto, Javier Elzo, ha dado a conocer una reciente e interesante radiografía de la juventud española actual. Basado en un estudio realizado a 272 escolares entre 16 y 18 años, La voz de los adolescentes (Ed. PPC), nos dibuja un perfil de joven que invierte en valores como el pacifismo, la tolerancia o la ecología pero se despreocupa por la responsabilidad y el compromiso.La excusa más utilizada por esta franja de adolescentes es, según los expertos, que consideran "algunos temas" propios de otra generación. La religión, por ejemplo. Viven centrados en lo próximo y cercano. Temen retroceder y proyectar demasiado lejos en el tiempo. Por eso la historia no les interesa más que anecdóticamente y el futuro les produce más temor en lo personal que en lo profesional. Sienten pavor por tres cosas: la soledad, el aburrimiento y el silencio. Consideran sus iconos, desde el móvil a las prendas de ropa, como elementos de identificación. Pero lamentan "que los mayores se hayan copiado esos símbolos que son nuestros". Los adolescentes del siglo XXI están buscando un lugar que les ha sido arrebatado por adultos que quieren ser más jóvenes que ellos. Huérfanos de adultos y de referencias, no encuentran su propio lugar, cada vez más invadido por gentes que viven casi como ellos pero les doblan la edad. "Los jóvenes españoles han contextualizado el consumo del alcohol como un hábito adulto", explica Elzo. Algo que, como el fumar, se inicia por imitación al mayor. Por eso le desconcierta que sean ahora sus - hasta ahora-mayores,quienes se interesen por los valores juveniles, les invadan.Cuatro de las frases de jóvenes recogidas por Elzo en sus estudios cuestionan el papel de los padres en cuanto a educación: "Me agobian con tanta protección", "De sexo no hablamos", "Quisiera que escucharan más mis cosas" y "No quiero preocuparles ni defraudarlos".

Existe una tipología de padres en los que esas reflexiones funcionan en dirección contraria. A menudo se trata de adultos que se han separado y buscan su segunda, o tercera oportunidad. Reinician una vida nocturna que hacía años que habían abandonado. "Mi hija de diecisiete años, cuando vuelvo de fiesta, me pregunta demasiado. Se preocupa si no llamo antes, si no llevo preservativos en el bolso, si me pongo demasiado escotada", explica Andrea Vilà, 48 años, administrativa. "Yo sólo quiero una segunda oportunidad, encontrar alguien en mi vida, no creo que eso sea tan grave. He estado siempre pendiente de su educación. Ahora me toca a mí y creo que estoy en mi derecho".

Andrea se siente fiscalizada por su propia hija. Y su hija siente desconcierto. "La chica se siente primero confundida, después no sabe cuál es su lugar y, finalmente, hace cosas para llamar la atención - explica Rodríguez- lo cual, tarde o temprano, afecta a la construcción de su identidad". La adolescente pierde el concepto de "yo soy esto" y se define por lo que no es: "yo no soy como ella"."Esta oposición y rivalidad no está carente de rabia. A menudo puede aparecer disfrazada de sumisión. Como nadie quiere sacar la rabia contra una madre, la disfraza de yo soy buena, los demás son malos". Un mecanismo complejo que está creciendo en muchas sociedades del llamado primer mundo. "Incluso se está trabajando con la hipótesis de que la rivalidad sea causa de adicciones", advierte Rodríguez. En una reciente entrevista, el psicólogo clínico Jordi Royo, especialista en el fenómeno adolescente, aquel grupo al que hemos denominado rebeldes del bienestar (gracias a la publicación de la editorial Alba) explicaba que la adolescencia terminaba oficialmente a los treinta años. Se trata del adojoven,añadía, joven que sigue siendo adolescente y no se ha esforzado en dejar de serlo. Pero al mismo tiempo advertía: "A veces ¡sus propios padres son todavía adolescentes!". Y ante la competencia, aparece la huida. "Se van muy pronto y se van primero las mujeres", explica el sociólogo Andreu López. Una de ellas ironiza sobre la posibilidad de que acaben dejando la casa "para que se independicen nuestros padres".


¿Es que ya no existen personas adultas?

André Malraux ensus Antimemorias(1967) se quejabade que “ya no hay personas mayores”, premonición de la infancia generalizada a la quealudía el psicoanalista Jacques Lacan, como rasgo de nuestra época. Todo parece indicar -consultar estudios recientes- que esta tendencia a idolatrar lo joven, como icono de la novedad y como contrapartida (ilusoria) de lo perecedero,alcanza a jóvenes y maduros. Es por eso que los datos sociológicos reflejan esa “competición” entre padres- hijos por ocupar el mismo espacio. El marketing hace ya al- gún tiempo que lo descubrió yahí está ese agudo anuncio de Ikea, Time to leave home? dondela hija pilla in fraganti aunos padres en sus juegos sexuales yenuna situación “invertida”. Donde tradicionalmente aparecían los padres, escandalizadosdelos escarceos amorosos de sus hijos,ahora son estos los que descubren, no sin cierto horror, que los padres también tienen prácticas sexuales de diversa índole. ¿Es realmente una novedad? Habría que relativizarlo unpoco. Platón, en los diálogos de La República,ya señalaba esta“proximidad”generacional, al punto que los abuelosypadresbuscaban la complicidad con los hijos para ganar así su estima. Esa dificultad para hacerse mayor, queno es otracosa que hacerse cargo de su manera particular de estar en el mundo,con su estilo de satisfacerse,con sus faltas y debilidades, sin tratar de imputar al otro la responsabilidad de nuestros actos, es atemporal. Freud se refería a ello como la solución neurótica que consiste en suponerque es el otro el agente de mi propia desgracia y que yo podría no hacerme responsable(no responder) de las consecuencias de mis actos y de mis elecciones. Lo nuevo quizás es que esa posición hoy se exhibe a cielo abierto, sin pudor,puesto que aquello que antes aparecía velado, el goce más íntimo de cada cual, sexual y de otros tipos, ahora debe ser expuesto. Los adultos no son ajenos a ello y se pasean por las múltiples y diferentes escenas, familiares, televisivas, prensa y libros-testimonio, mostrando las aristas más privadas y más veladas de su existencia. Esta desinhibición es compartida por los jóvenes en sus propios territorios, virtuales y reales, en su lenguaje, su modo de vestir, su manera de dirigirse al otro. El problema,para ellos, surge cuando esa cara oculta de los padres, su condiciónde sujetos sexuados, se les revela abiertamente. Ahí se quedan mudos y preocupados, la distancia que les protegía ha desaparecido ysudenuncia del impudor adulto trata de restablecer las diferencias y los velos caídos. Como nos explican muchos jóvenes, lo que les inquieta no es que el padre juegue con ellos a la play o que la madre compre ropa más juvenil, lo que les horroriza es que les expliquen sus aventuras amorosas, detalles incluidos, tal como haría un colega.

JOSÉ R. UBIETO Psicólogo clínico y psicoanalista



RIVALIDADES GENERACIONALES EN EL CINE

N. ESCUR Barcelona Cuando menos te lo esperas (2003) fue un filme magistralmente protagonizada por Jack Nicholson, Diane Keaton yKeanuReeves. Sin ese reparto probablemente no hubiera sido más que una mediocre comedia romántica. Pero ellos consiguieron llevar a la pantalla, con humor, una trama contemporánea. Mujer madura, interesante,que conquista al novio de su hija. Cuando menos te lo esperas fue escrita y dirigida por una mujer separada de 55 años, Nancy Meyers. Promulgaba que el amor es la única arma capaz de vencer a la juventud y a la belleza de las menores de treinta. Lograron el Globo de Oro y la nominación al Oscar. Harry (Nicholson), soltero recalcitrante, entrado en años, sólo se cita con mujeres menores de 30 años. La última es Marin pero él se enamora de la madre de la chica (Keaton), escritora de éxito y divorciada. El rumbo cambia de dirección y Erica acaba bajo las redes de Harry (Reeves), un joven médico encantador. ¿Con quién se queda Erica finalmente? Con Harry-Nicholson


El novio de mi madre, fue llevada a la pantalla por una madura Michelle Pfeiffer
El graduado, un clásico con las interpretaciones de Dustin Hoffman y Anne Bancroft
En American Beauty quien pretendía volver a vivir como un adolescente no era ella sino él:
Kevin Spacy