jueves, 12 de febrero de 2009

Tabaco y género

Tabaco y mujeres liberadas, un binomio perverso

M. CHAVARRÍA
LA VANGUARDIA, 11 de febrero de 2009

Barcelona La UE ha dado a conocer un informe que demuestra que existe una menor cantidad de monóxido de carbono (CO) procedente del humo del tabaco en las mujeres que en los hombres . A juzgar por las cifras, las mujeres inhalan de forma diferente: efectúan un menor número de caladas por cigarrillo y aspiran el humo con menor intensidad. Una diferencia que, aunque en menor grado, se produce también entre las y los fumadores pasivos.

Este es el primer estudio que demuestra que hombres y mujeres –en general– consumen aún hoy el tabaco de forma distinta, si bien esa disparidad era más acusada cuando ellas se iniciaron y el suyo era un gesto de modernidady distinción. Tradicionalmente se ha considerado que los hombres utilizan el tabaco de manera más compulsiva y reconcentrada, mientras que las mujeres hacen un consumo exhibicionista, ceremonial y pausado. La boquilla que las señoras sostenían en las pantallas de la primera mitad de siglo XX –con su transversal efecto felación– obedecía, sin más, a una estrategia de seducción.

Pero aquel arquetipo de moderna y, aún más, de mujer liberada, como si en el acto de fumar las mujeres rompieran con el orden establecido, no dejaba de ser perverso, afirma la psicóloga Carme Freixa. “Se trataba de una gestualidad asociada a un veneno. Lo que tenía un valor social de mujer que rompe con las normas era una sustancia nociva asociada a su propio cuerpo”, esgrime. “Pasabas a ser la más moderna, lo que asociado al fumar significaba que eras la mejor secretaria de tu jefe, porque siempre tenías un jefe, para cuya mirada oblicua estabas siempre a punto; o significaba que eras una ama de casa moderna, que llevabas a los niños en coche al colegio, mientras los electrodomésticos te liberaban de todo y estabas lista para acompañar a tu marido a fiestas importantes. Y luego estaba la señorita de vida alegre, la vampiresa, la que siempre era la otra, la culpable de las separaciones y las rupturas de la familia”, concluye Freixa.

Hoy, en cambio, no hay muchos guiones contemporáneos en los que las mujeres fumen. Y si las hay, “son unas histéricas neuróticas, las Bridget Jones. Es decir, somos tan volubles que no conseguimos ni bajar peso ni dejar de fumar, mientras que los personajes varones fuman porque son pasotas”.