
Pero mientras el culto al cuerpo y la fiebre generalizada por mostrar el ombligo sin complejos contribuyen al calentamiento de la Tierra –o al menos al de la economía de mercado–, estos jóvenes confiesan que lo que realmente les atrae del otro es... su mirada y su personalidad. En suma: que la belleza no lo es todo o, al menos, no siempre. Ironía y determinación se hallan entre las claves de las estrategias de conquista en boga.
Los estudios de marketing demuestran que la belleza no es decisiva: la clave reside en la personalidad.
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