lunes, 22 de diciembre de 2008

Las revueltas de los jóvenes son más de lo que aparentan

Hay incidentes que conectan con los sentimientos de la gente y disparan la revuelta. Personas e ideas que no son visibles, que no cuentan, emergen de pronto en el estallido


Jaume V. Aroca | LA VANGUARDIA Barcelona | 21/12/2008 | Actualizada a las 03:31h | Ciudadanos

Pocas veces una bala llega tan lejos. La muerte del estudiante Alexandros Grigoropulos en Grecia ha desatado la ira de los jóvenes de aquel país. Tampoco la descarga que acabó con la vida de Ziad Benna y Bouna Traore en un transformador eléctrico en octubre del 2005 cuando huían de la policía en los alrededores de París debería haber prendido en la juventud de la periferia de la capital francesa. Pero, sin embargo, les alcanzó la corriente. Hay acontecimientos aislados, a menudo incluso desgraciadamente usuales, que de golpe, sin motivo aparente, se convierten en el motor de una revuelta. Fenómenos que de pronto catalizan frustraciones acumuladas largo tiempo. Estallidos de malestar.

Las últimas revueltas

Aparte de manifestaciones contra el terrorismo como las de la historia reciente de España, estas son algunas de las últimas protestas más importantes:

1967 UNIVERSIDAD DE BERKELEY

La universidad californiana albergó un importante movimiento pacifista surgido como respuesta al reclutamiento forzoso para la guerra de Vietnam.

1968 MAYO FRANCÉS

Una serie de paros estudiantiles en París desembocaron en una huelga general que paralizó el país. La protesta puso de manifiesto una lucha intergeneracional. De Gaulle tuvo que convocar elecciones parlamentarias anticipadas.

1968 PRIMAVERA DE PRAGA

En plena guerra fría, estudiantes y trabajadores se unieron para condenar la invasión rusa de Checoslovaquia.

1976 REVUELTA DE SOWETO

Los estudiantes sudafricanos expresaron su disconformidad con el uso del afrikáans en la escuela. La represión policial para frenar aquel movimiento causó unas doscientas muertes y significo una extensión de la lucha contra el Apartheid.



Con distintos parámetros, algo parecido ocurrió en España con las movilizaciones contra la guerra en Iraq en el 2003. Tal vez fue la imagen de Aznar junto a Bush con los pies sobre la mesa de un rancho de Texas. Pero cualquier ciudadano que hizo batir las cacerolas en aquellas noches de hace ya cinco años sabe que protestaba por muchas más cosas que por la guerra. Fue a su vez un conflicto que catalizó una enorme cantidad de inquietudes. Tal vez ocurra también algo parecido con los estudiantes que ahora salen a las calles a manifestarse contra la reforma de Bolonia.

No existe, admiten los sociólogos, una teoría que haya sintetizado nítidamente los mecanismos por los que un hecho aislado genera acontecimientos de masas como los descritos. Sigue habiendo algo mágico en todo ello. Fuera de control. Igual que en la vieja "efervescencia incontrolable" - en la definición de Cohn Bendit-de los jóvenes de Mayo del 68. Aunque cuarenta años después la sociedad tiene un profundo autoconocimiento, sigue ignorando cómo se enciende la llama que precede al estallido. "Los que estudiamos los movimientos sociales nos dedicamos toda la vida a responder a esa pregunta", ironiza Pedro Ibarra, profesor de la Universidad del País Vasco. Y la respuesta, si la hay, es una acumulación de factores de oportunidad política, identidades culturales y sociales. El factor cultural es relevante: "La sociedad elabora y comparte sentimientos difusos. Hasta que un acontecimiento, un mensaje, los pone de relieve. Los subraya y activa a la gente no movilizada, que de pronto simpatiza con las minorías que sí lo están. Es lo que nosotros llamamos la oportunidad cultural".La policía es uno de los estamentos más desacreditados de Grecia.

La coyuntura política también tiene un papel relevante. Casi siempre la activación del estallido está unido a la frustración de unas expectativas. Lo que pudo haber sido y no fue. Una perspectiva muy vinculada a los jóvenes.

Salvador Martí, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Salamanca, cree que en esa frustración nace lo que él define como el capital social crítico.La gente organizada fuera de la red institucional formal, los partidos políticos o los sindicatos. "Toda sociedad democrática tiene en su seno tejido social crítico. Y está demostrado que su actitud será distinta en función de cómo desde las instituciones formales se regulen las relaciones con el otro lado". En suma, viene a decir Martí, el estallido es evitable.

Ramon Adell Argilés, profesor de la UNED que estudia los movimientos de protesta, añade algo más a esta perspectiva: "Hay mucha gente no representada en las instituciones formales. Gente invisible que, en cambio, se visibiliza en estos acontecimientos. De ahí su carácter inesperado. Y ahí la repercusión en los medios tiene un papel crucial".