sábado, 17 de octubre de 2009

"Esencialmente distintos por dentro". "Hay diferencias de todo tipo. No son sólo genéticas u hormonales, sino también de arquitectura cerebral y de muchos otros aspectos."


Susan Pinker: "Las mujeres son más felices que los hombres"

La psicóloga canadiense defiende que la naturaleza de las mentes es distinta según el género: ellos quieren poder y dinero y ellas relaciones humanas


joEL ALBARRÁN  La Vanguardia| Barcelona | 09/10/2009 | 
Decir que hombres y mujeres somos distintos por fuera es una evidencia indiscutible. Decir que también somos esencialmente distintos por dentro, en cambio, significa tocar un tema mucho más delicado.

A este terreno pantanoso es al que se ha lanzado la psicóloga canadiense Susan Pinker, armada con decenas de casos, de opiniones de expertos de los más diversos ámbitos y de datos científicos, todos ellos recogidos en el libro La paradoja sexual. De mujeres, hombres y la verdadera frontera de género (Paidós).

En una charla telefónica desde el Canadá, Pinker asegura que sus afirmaciones no implican defender los roles tradicionales de relación hombre-mujer. Al mismo tiempo, sin embargo, afirma que a los hombres les interesa más los símbolos de estatus y poder como un buen trabajo o un buen coche, mientras que las mujeres son más proclives a sacrificarlos para favorecer sus relaciones afectivas.

Y, lo que es más políticamente incorrecto todavía, estos intereses distintos no derivarían de motivos sociales y culturales sino que serían intrínsecos a las naturalezas humanas masculina y femenina.

Además de recurrir a argumentos científicos, Pinker analiza la evolución vivida a lo largo de muchos años de niños que parecían destinados al fracaso pero que de adultos triunfaron profesionalmente y de niñas brillantes que de mayores han renunciado a un modelo de éxito social creado por y para hombres y en el que ellas no se identifican.

-Tantos años luchando por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres para acabar concluyendo que, en realidad, somos distintos. ¿Podría esto perjudicar los avances logrados hasta ahora?
-No creo que sea bueno ni malo, no se trata de una cuestión moral, aunque sí que cierto que una de las estrategias o tácticas para defender la igualdad de derechos de las mujeres ha sido decir que hombres y mujeres son idénticos. Pero no es así.

-¿Cuál es la raíz de las diferencias entre hombres y mujeres?
-Obviamente, hay diferencias de todo tipo. No son sólo genéticas u hormonales, sino también de arquitectura cerebral y de muchos otros aspectos.

-¿Estas diferencias justifican los papeles tradicionalmente asignados a hombres y mujeres?
-¿A qué se refiere con papeles tradicionales?

-Pues que la mujer se quede en casa cuidando de la casa y el hombre vaya a trabajar, por ejemplo.
-No, no los justifican. En realidad, lo que digo es que hombres y mujeres tienen preferencias de trabajo distintas. Pero esto no significa que ella se quede en casa y él vaya a trabajar. Lo que significa, por ejemplo, es que más mujeres que hombre prefieren trabajar con gente, donde pueden desarrollar sus habilidades e intereses. No tiene nada que ver con los roles tradicionales.

-Pero en su libro menciona casos de mujeres que dejan sus exitosas carreras para quedarse en casa.
-En realidad, no se quedan en casa después abandonar sus trabajos. Lo que pasa es que los lugares de trabajo se han hecho a medida de las necesidades de los hombres y las expectativas en trabajos también se corresponden con lo que los hombres siempre han aceptado: largas horas, viajes, estar fuera el fin de semana… Las mujeres no quieren dedicarse sólo al trabajo, quieren empleos que les permitan mantener los vínculos sociales que les importan, con sus niños, sus amigos o sus padres.

-¿Y los hombres no precisan tanto estos vínculos?
-Hay que aclarar que no estamos hablando de hombres y de mujeres como si fueran personas de distintos planetas, blanco y negro, sino de promedios. Dicho esto, hay muchas más mujeres que hombres que priorizan sus relaciones personales sobre su trabajo. Por el contrario, para una proporción mucho más grande de hombres que de mujeres lo más importante es el trabajo y sacrificarían otras cosas.

-¿Esto se debe a que las mujeres identifican y reconocen mejor lo que las hace felices?
-No se puede generalizar, pero está claro que eso indica que las mujeres son más felices con sus vidas que los hombres. Son más felices y viven más tiempo. Los economistas lo llaman la paradoja del género, porque las mujeres en realidad no tienen trabajos tantos trabajos con poder, estatus y dinero… pero son más felices. Por eso le llaman una paradoja. Pero en realidad la auténtica paradoja es que el poder, el estatus y el dinero no son su objetivo: las mujeres piensan que su felicidad personal es su mayor prioridad por encima de cosas materiales como su coche o su cuenta del banco.

-¿Entonces las diferencias salariales entre hombres y mujeres las buscan las propias mujeres?
-Si, porque las mujeres a menudo eligen sus trabajos en función de sus habilidades e intereses y los hombres por cuánto ganan. Por ejemplo, las mujeres abogadas a menudo se decantan por trabajos en el sector público, mientras que los hombres se decantan por el sector privado. Así que ellas también quieren ser abogadas, pero les importa más cual es la finalidad de su trabajo.

-Una de las bases de su libro es que los hombres están más en los extremos y las de las mujeres más estables.
-Estadísticamente, los hombres son más variables, es decir que hay más hombres psicológicamente muy muy frágiles y más hombres muy muy fuertes. En cambio las mujeres en su mayoría se encuentran  más alrededor de la media.

-Recoge casos de niños que parecían frágiles y han triunfado profesionalmente ¿A qué se debe?
-No sucede siempre, pero algunos de estos niños frágiles que no tienen muchas habilidades verbales o sociales, de adultos sí son buenos con los negocios. Parte del motivo por el que les va bien con los negocios es porque tuvieron que dejar las clases y ponerse a trabajar.

-El otro lado de la moneda es el de las mujeres que parecían brillantes pero no han triunfado.
-No creo que se pueda decir que una mujer no ha triunfado porque no sea una ejecutiva de una gran empresa. En realidad, la mayoría de mujeres no quieren esto, sino que priorizan la relación con sus familiares. Hay que darle la vuelta a algunas de las asunciones más extendidas sobre lo que significa el triunfo personal. No habría que darle tanto valor a lo que ganamos. Es más importante, por ejemplo, los años que vivimos. Y si lo miras así, entonces las mujeres están muy por delante.