sábado, 13 de febrero de 2010

Ser una ´wrestler´, Masculinidad femenina


ELOY FERNÁNDEZ PORTA  - LA VANGUARDIA 19/11/2008
 
En el universo de Jaime Hernández, la figura de la luchadora cuestiona varios presupuestos culturales, emocionales y de sexuación

"¡Rayos, nadie es perfecto! ¡No soy una madre! ¡Soy una wrestler!"He aquí una frase que define a un personaje. Se trata de Vicki Glory, campeona del mundo de lucha, y una de las figuras surgidas de la pluma del dibujante californiano Jaime Hernández. El recorrido del personaje puede seguirse en los primeros volúmenes de Love & Rockets,realizada al alimón con su hermano Beto, y posteriormente en series como Las mujeres perdidas y Locas: Maggie y Hopey,publicadas aquí por la editorial La Cúpula. En el universo de Jaime Hernández, populoso, matriarcal y agonístico, la figura de la luchadora es el hilo conductor de un culebrón que recorre espacios fronterizos y generaciones confrontadas, cuestionando varios presupuestos culturales, emocionales y de sexuación. El grito exasperado de Glory no sugiere que el papel de madre amantísima sea incompatible con el de reina del ring, sino que refleja la catadura de una mujer cuyas atribuciones superan, con mucho, las de un hombre - como su marido Cash, bonifacio y pasivo-. En efecto, desde el punto de vista de la teoría del género, Glory es un ejemplo de lo que Judith Halberstam denomina masculinidad femenina,es decir, la condición personal y social de aquellas "personas que, habiendo nacido mujeres, se identifican con lo masculino pero no necesariamente con los varones y ciertamente tampoco con las mujeres". La masculinidad femenina es una categoría que incluye un ramillete de prácticas y actitudes que cuestionan, de manera más o menos conflictiva, el binarismo hombre/ mujer. Vicky es fuerte, pero no hombruna; es heterosexual, pero no heternormativa; su habilidad para la pelea no es representada como un déficit de feminidad,sino como una efusión de potencia en un contexto en el que antes de empezar a hablar es preciso hacerse respetar. En este sentido, los códigos del wrestling se revelan como posibles rasgos de caracterización emocional y reflejo de estados de ánimo. En una viñeta de Las mujeres perdidas leemos que "ha cambiado el apelativo sádica por el de alegre y ha renunciado a su molinete atómico"; en cambio, en un pasaje de Locas vemos cómo sus técnicas de combate se vuelven más peligrosas a medida que se complica el trato con su sobrina y ahijada Maggie. Este retrato desactiva la mayor parte de los tópicos sobre la representación de la potencia y el atletismo femeninos. En sus páginas, la violencia, que llega a ser extrema, no aparece como una compensación psíquica ni merece análisis clínicos: es un personaje rudo, afectuoso y con punch,qué menos. ...