lunes, 7 de diciembre de 2009

CINE PARA CHICOS: “Adventureland”: Los conflictos de la madurez



Fuente: http://opinion.labutaca.net/2009/12/01/adventureland-los-conflictos-de-la-madurez/

Excelente fábula sobre el paso a la madurez y sus conflictos en el verano del 87. Greg Mottola vuelve a demostrar su extrema sensibilidad, dotándoles de complejidad y dirigiéndose al público como su cómplice y no como receptor pasivo.


Las felices coincidencias que favorece el imaginario disparado en un parque de atracciones permite comparar a un aislado experimento de vanguardia del cine español de los 30 con la última y excelente cinta de Greg Mottola: En “Esencia de verbena” (Ernesto Giménez Caballero, 1930) veíamos a un juguetón Ramón Gómez de la Serna colocarse entre muñecotes de tiro al blanco en una atracción de feria; en“Adventureland” es Joel (Martin Starr), ese nihilista pragmático, ese existencialista pagano que lee a Nikolái Gógol, quien aparca momentáneamente su convencido desencanto (estudiar lenguas eslavas y luego subsistir de trabajos basura) para colocarse entre los maniquíes de una atracción idéntica como mero divertimento con el que combatir el tedio. La mención del paralelismo nada tiene que ver con vocaciones vanguardistas de Mottola, sino más bien con la consciencia (e importancia, suma) del contexto que también existe en “Adventureland”: el parque de atracciones puede ser un lugar tan propicio para mosaicos sociales como para viajes iniciáticos, traducibles en probables exorcismos personales del propio autor. Si en “Supersalidos” (2007) ese viaje acontecía en una noche itinerante hacia la consciencia del final de la adolescencia, en el título que aquí nos ocupa es un verano el espacio de tiempo que requiere la transición hacia la adultez.





Despegada del compromiso con el humor Apatow, “Adventureland” resulta un admirable retrato de esa transición. Como en su anterior película, Mottola demuestra que quizá sea el director que mejor sabe capturar las coordenadas de dicho momento vital, las esencias y las auras que entiende y expone con lucidez de autobiografiado: la frustración ante la imposibilidad de llevar a cabo el presupuesto viaje iniciático por Europa, la desesperanza y el desengaño amoroso, el rechazo y la reconciliación, el colocón y el magreo en los asientos de un coche… todo goza de la extrema sensibilidad de un director que diseña con profundo amor a sus personajes, que narra como nadie estupendas fábulas locales de significados inapelablemente universales, en este caso partiendo de la Pittsburgh de la era Reagan. Cualquiera que haya pasado por un trabajo de condiciones similares al de James (Jesse Eisenberg) puede sentir complicidad en su hastío ante la repetición indiscriminada del Rock me Amadeus de Falco por la megafonía del parque; cualquiera puede entender, sin que medie la palabra, el cruce de miradas entre el protagonista y su padre después de que la madre haya encontrado la botella en el coche. Mottola habla al espectador como un cómplice, no como un miembro del ganado de multisalas.





Jesse Eisenberg se demuestra una promesa más firme que en la venidera“Bienvenidos a Zombieland” (Ruben Fleischer, 2009), mientras que Kristen Stewartsorprende con una demostración de registros que felizmente desmiente la pobreza expresiva con la que desfilaba en “Crepúsculo” (Catherine Hardwicke, 2008). Su composición se corresponde con la riqueza de unos personajes cuyo creador nunca permitiría acotar en dos líneas: precisamos para alcanzar la comunión con ellos de Lou Reed, Neil Young o los Judas Priest. Incluso el personaje de Connell (Ryan Reynolds), a priori el más fácil de demonizar con simplismos habituales, goza de una complejidad envidiable, y sólo Bill Hader parece desaprovechado para la ocasión. Como guinda, y como en “Supersalidos”, la conclusión de “Adventureland” camina hacia un bellísimo mensaje que nunca debiera pasar desapercibido: la pasión como fórmula de enfrentamiento a los conflictos que llegan con la madurez sentimental, a través de Herman Melville y su “Moby Dick”.