sábado, 8 de enero de 2011

Efecto retrovisor. Transformación de lo masculino

Medianenas & Milhombres

Efecto retrovisor

ELOY FERNÁNDEZ PORTA

Publicado en Cultura|s,La Vanguardia,  Miércoles, 17 noviembre 2010

 

Un ajado luchador de catch se reencuentra con su hija abandonada. Y encaja el broncazo sin rechistar. Un soldado veterano vuelve a las armas; ahora es sensible, y hay lírica en su bazooka y nostalgia en el napalm. Cuatrero, matasiete o ejecutor del Bronx: el actor que lucía en tan recios papeles hoy encarna a un gañán otoñal, xenófobo aún, y gallito, pero, ah, humano al fin

 

Estas historias tienen un aspecto en común: todas dan fe de la transformación de lo masculino. Hasta los más feraces, nos dicen, terminan por aceptar el signo de los tiempos, ya que no la corrección política. En ellas solemos ver una ceremonia de asunción del cambio, una puesta al día del actor protagonista... y una concesión, resignada e insincera. En este pueblo no nos gustan los falócratas, forastero. Soy el sheriff más democristiano al sur del Río Pecos. No por azar esas películas son saludadas como la tardía confirmación actoral de uno que no sabía actuar –oque, como dijo Sergio Leone sobre Clint, “sólo tenía dos registros: con poncho y sin poncho”. El personaje escenifica su arrepentimiento –“¡vaya un macarrucio estaba yo hecho!”–;el espectador, por su parte, siente aflorar la nostalgia por un pasado esencial –“¡pero qué puro era el macarrucio!”. Marcador final: Feminismo Digital, 2; Machismo en Cinemascope, 1

 

Craso error. Lejos de auspiciar una nueva era de igualdad, ese esquema narrativo la vuelve más lejana e improbable. El punto de vista sobre el género que adoptan esas películas es una perspectiva ideológica que puede ser descrita por comparación con un espejo retrovisor. Por una parte, el espejo presenta el modelo de masculinidad obsoleto como si fuera cosa del pasado; por otra, crea la ilusión óptica de un paisaje social completo y ya superado; por último, simula corregir esa ilusión indicando que el modelo de masculinidad que muestra este espejo está más cerca de lo que parece (aunque ese modelo sea un cowboy). De esa manera se construye una fábula de progreso histórico, moralista y diáfana: avanzamos, imparables, hacia la igualdad, dejando atrás los espectros –grotescos, sí, pero entrañables– del viejo orden. Este punto de vista, tan extendido y exitoso, hace que los discursos críticos acerca del género parezcan, por comparación, cuentos de aguafiestas. Así, el efecto retrovisorel punto de vista correcto sobre las renovaciones del género– resulta ser una de las grandes aportaciones de las artes contemporáneas a la dominación masculina, y su legitimación narrativa

(la negrita no aparece en el artículo original, sí la cursiva)

sábado, 25 de diciembre de 2010

¿Eres hombre?



ELOY FERNÁNDEZ PORTA

Publicado en el Cultura/s nº 435 de La Vanguardia 20-10-2010, en la sección Medianenas & Milhombres

 

De ser así, ¿tiene arreglo? ¿Eres un tronco como está mandado, sin metrosexualeces ni gaitas? ¿O me has leído demasiada prensa moderna? ¿Torero, torete o torerín? Averígualo respondiendo este cuestionario:

CAFÉ: a) Negro  b) Expreso  c) Mokalattuccino. Del tiempo. # UNA BUENA PELI: a) Scarface arrasa  b) Heat rula  c) The Bourne Identity furula # NACHO VIDAL… a) ¡¡¡Mola!!!  b) Heheh, mola  c) Eh… sssí, esto… mola # UN GOLPE QUE NUNCA FALLA: a) El derechazo al plexo solar  b) Mi Mirada de Soslayo®  c) Una puyita en la reseña de un poemario # TU ROPA ES… a) El precinto de los tatuajes  b) G-Star Raw  c) Ana Locking de día, Marithé de noche… ¿qué? ¿Qué tiene de gracioso “Locking”? # ¿CÓMO METES BAZA EN UN DIÁLOGO? a) Interrumpo a voces  b) Espero a que el pesao se empiece a repetir  c) Cuando el moderador me da la palabra, si es que se acuerda # UN VIDEJUEGO: a) Manhunt 3: Os fundo a todos  b) Grand Theft Auto: Os extorsiono a todas  c) Capitalism 3: Lo refinancio todo # ¿POR QUÉ TE FUISTE TAN TEMPRANO? a) Porque llegaban refuerzos  b) Porque llamó mi díler  c) Porque se acabaron los canapés #  EL ÚLTIMO DISCO BUENO DE METALLICA FUE… a) Master of Puppets  b) Black Album  c) ¿Por qué dices “el último bueno”? Pues el Death Magnetic tiene mucha marcha… eh… ya veo que he dicho algo mal # ¡MATERAZZI, TÍO, POR DIOS… a)… dale al negro, que se desmarca!  b)…haz una falta táctica, joé, que con un toque que le des ya se va al suelo, no ves que es catalán!  c)… hombre, Marcooo… hombreeee… a ver, que yo entiendo que hay que defender, pero vamos, no sé si hay necesidad de… oyes, es que eso me ha dolido a mí sólo de verlo, ¿sabes, tú? # LECTURAS EDIFICANTES DE MIS AÑOS DE FORMACIÓN: a) Er Pribáte  b) El Private  c) La Pràiveit # DIJE “EDIFICANTES”, COPÓN: a) Clima  b) Hustler  c) Penthouse # CUANDO ME PONGO BLANDO… a) Añado hielo al bourbon  b) Añado una aceituna al campari  c) Añado alcohol a la Damm Bier # LO MÁS CERCA QUE HAS ESTADO DE LA CÁRCEL: a) Ah, pero ¿dejan estar fuera?  b) Visitando a un colega  c) Mi tía tuvo un novio que robó un gallo # UN BUEN PELUCO: a) ¡Este mismito!  b) ¡Bien cogido!  c)  ¡Eh, devuélvemelo! Bueno, cuando hayas acabado de usarlo… # ¿CON QUÉ INSTRUMENTO DE ESCRITURA HAS CONTESTADO ESTE CUESTONARIO? a) Con el que Dios me dio  b) Con un bic gastao c)  Con un ballpoint nuevecito

Mayoría de as: ¡Torero! Tendrías que leer más suplementos como este. Mayoría de bes: ¡Torete! No vas mal, pero te faltan un par de dossieres. Mayoría de ces: Decididamente, torerín, has leído demasiados números del Cultura/s.     

jueves, 9 de diciembre de 2010

"Que compartir y sentir no sean sinónimo de menos virilidad". Masculinidad sana frente a masculinidad tóxica según la corriente mitopoética

Cómo ser un nuevo modelo de hombre

MIRIAM SUBIRANA, EL PAÍS 21/11/2010

Fuente: http://www.elpais.com/articulo/portada/ser/nuevo/modelo/hombre/elpepusoceps/20101121elpepspor_8/Tes
La masculinidad impuesta históricamente tiene cura. La clave: dejar a un lado las etiquetas y crear una imagen propia en la que compartir y sentir no sean sinónimo de menos virilidad.

La identidad masculina se ha visto influida por la reafirmación de la mujer y la liberación homosexual, que han cuestionado el modelo tradicional del varón. En las últimas décadas, algunos hombres se han feminizado, aunque son muchas más las mujeres que se han masculinizado. La masculinidad ha ido ganando terreno en los espacios, las vidas y las conductas de muchas mujeres. Una masculinidad que no ha sido siempre la mejor, ya que ha vuelto a muchas mujeres más duras y agresivas. Podríamos afirmar que el paradigma masculino tradicional sigue presente en nuestros espacios, en nuestra vida privada y pública, en nuestros países.
“Para reencontrarse, el hombre tiene ante sí una tarea urgente: aceptar su mundo de sentimientos sin sentirse menos hombre”
“Fortalecer valores como la tolerancia, la aceptación y la flexibilidad le ayudarán a vivir en paz en tiempos de turbulencia”
Existe una masculinidad emocional y físicamente sana e integradora, necesaria para construir un mundo mejor a todos los niveles. Sin embargo, en el mundo sigue predominando una masculinidad tóxica que se expresa en las guerras, violaciones, accidentes, muertes, conductas deportivas y sociales, actitudes sexuales, en la corrupción, en los negocios desprovistos de ética, en un consumismo inmoral y en la multiplicación de las adicciones. Todo ello ¿para qué? ¿Serán formas de esconder la angustia y el vacío existencial? Sin duda, ello influye en que vivamos relaciones insatisfactorias, condicionadas por el lastre social, cultural e histórico que nos ha llevado a un vacío interior.

Hombres y mujeres buscamos modelos masculinos alternativos al modelo cultural impuesto socialmente de lo que, durante siglos, ha significado ser hombre.

La auténtica cuestión

"¿Qué hacer con el bagaje de valor y arrojo que debieron acumular para estar a la altura del papel real?" (Marina Subirats)

Por miedo a perder una imagen social viril, muchos hombres se aíslan de sus propias emociones. Se centran en la acción hasta que son adictos al hacer, hacer y hacer. La acción llega a convertirse en una huida de sí mismos. Para reencontrarse, el hombre tiene ante sí una tarea urgente: aceptar su mundo de sentimientos y no por ello sentirse menos hombre. Robert Moore, doctor en psicología y teólogo, y Douglas Gillette, fundador del Institute for World Spirituality en Chicago, dicen que hemos llegado a "pensar que los sentimientos, y en particular nuestros sentimientos, son obstáculos molestos e inadecuados para ser hombres".

Afortunadamente, cada vez son más las personas de género masculino que intentan conectar con su identidad libres de los condicionamientos externos y abriéndose a su verdadero ser. De esta manera se encaminan hacia la liberación de lo que durante milenios ha significado ser "hombre" en su sentido castrante y destructivo.

La cuestión que se plantea es cómo logra uno conectar con su verdadera identidad. Para vivir una vida emocionalmente inteligente, sin adicción al poder de dominar ni a la acción, es bueno parar y hacer introspección, es decir, mirar hacia dentro. Es una mirada que busca el sentido y conecta con lo esencial, aquello para lo que merece la pena vivir. A este fin, la práctica de la meditación y la búsqueda de espacios de silencio pueden ser muy beneficiosas. En el silencio, uno aprende el arte de escuchar, tan necesario para relacionarse y a veces tan olvidado. Escuchar lo que se siente y dejarse sentir. Escuchar lo que se quiere y oírlo. Al meditar, uno viaja al encuentro de sí mismo y recupera el poder del ser.

El poder del ser

"Aquellos que desean crear un nuevo estado de cosas deben comprenderse a sí mismos en su relación con otro" (Krishnamurti)

La verdadera identidad del hombre está conectada con la esencia de la masculinidad que prevalece más allá de los modelos patriarcales impuestos, más allá de lo que ha significado ser hombre durante siglos. A esta esencia la denominaríamos la masculinidad eterna, en la que el hombre vive todo su potencial en su ser.

Para ser hombre no necesita demostrar, vencer ni triunfar. Cambia su visión y su enfoque: en vez de competir con armas adquiridas, coopera con sus armas innatas, con sus talentos y valores, cultivando su inteligencia emocional y espiritual. Vive una masculinidad madura, con raíces emocionales y espirituales propias.

Recuperar el poder interno implica tener un mayor dominio de su mundo interior y de sus facultades, como son la mente, el intelecto, los condicionamientos y los hábitos. La práctica del control mental, del pensamiento positivo y de la meditación le ayudará a conseguirlo. Fortalecer valores como la tolerancia, la aceptación y la flexibilidad le ayudará a vivir en paz en tiempos de turbulencia y cambios como los que vivimos. Cualquier debilidad, dispersión, falta de enfoque y fluctuación interna le robará la energía necesaria para sentirse pleno. Liberarse de cualquier aspecto que le haga sombra le permitirá gozar de una vida más plena. Para superar una debilidad es necesario aceptarla sin vergüenza, reconocerla con sinceridad, entender por qué está ahí y empezar a trabajar el valor o fortaleza que contrarreste esa debilidad y le ayude a vencerla.

La nueva hombría

"Es una masculinidad sostenida en el coraje del espíritu y del compromiso y en la valentía de la compasión" (Sergio Sinay)

No se trata simplemente de pasar de un modelo machista a ser un hombre políticamente correcto que limpia en casa, cuida del niño, la pareja lo alaba y la sociedad lo apoya. La transformación necesaria es más profunda, más de raíz. Implica replantearse los valores, las actitudes y la conducta. Es necesario reformular las creencias acerca de lo que es ser hombre.

Fundamentados en su poder interior, los hombres cambiarán los mandatos que configuran la identidad de género en nuestra cultura. Hasta que no se transformen, en el mundo laboral tampoco entrarán la compasión, la fraternidad, la trascendencia, la espiritualidad, el humanismo y un espacio para la alteridad, la condición de ser otro.

Con autoestima, asentado en su valor interior, el hombre puede ser sin necesidad de imponer, forzar ni presionar. Esta es la condición imprescindible para el encuentro con el otro. Aprender a relacionarnos sin dañarnos, a amarnos sin atarnos, a ser cómplices recuperando y preservando nuestra identidad original y eterna, a experimentar la unidad en la diversidad. Esta es mi propuesta de transformación integral para que sea posible la armonía en las relaciones.

Cuando un hombre aprende a verse a sí mismo en la integridad de su ser, es amoroso y sabe amar. Desde esa conciencia, va al encuentro del otro partiendo de un lugar diferente: no desde el conquistador que elude la entrega y la intimidad sentimental, sino desde el ser abierto y comprensivo que sabe comprometerse con sinceridad. Para él, el compromiso no significa atadura, sino complementariedad y enriquecimiento. Sabe tener al lado a una mujer como persona con los mismos derechos, obligaciones y necesidades que él, sin envidiar sus logros profesionales, su inteligencia o su ingenio.

Reconoce que ser varón no es sinónimo de ser más inteligente, más fuerte ni más poderoso. Es consciente de que el poder no se pierde cuando se comparte; que las decisiones asumidas a medias son más fáciles de tomar; que compartir el cuidado de los hijos es fundamental en su papel de padre; que ser frío no le hace más viril; que los hombres se expresan y lloran..., y no pasa nada.

Para llegar a disfrutar la complementariedad que armoniza a hombres y mujeres, y a estos entre sí, tenemos que emprender una tarea conjunta si lo que deseamos es lograr una transformación de raíz, cambiando el punto de partida y el eje desde el que miramos y percibimos la realidad. Así podremos despojarnos del lastre que arrastramos para ver el futuro con visión renovada. La recuperación de nuestra identidad auténtica pasa por redescubrir valores como el amor, la paz, la sinceridad, la empatía, la escucha, y despojarnos de todos los estereotipos que nos alejan de la posibilidad de lograr armonía y plenitud.

De esta manera, los hombres de hoy serán referentes para las nuevas generaciones como ejemplos de coraje con corazón, de empatía y escucha, de entrega y servicio; serán guías que ofrecen herramientas para un modelo de mundo deseable y una participación pedagógica en esa transformación. Padres que ofrecen una referencia válida a sus hijas en la búsqueda de un compañero. Modelos válidos de hombre para que sus hijos crezcan libres de condicionantes por razón de su sexo y contribuyan a la construcción de un mundo más saludable, desintoxicado de masculinidad machista.

Reconstruye tu propia imagen

“El concepto de uno mismo es el destino. El peligro es que nos volvamos prisioneros de nuestra imagen negativa, que le permitamos dictar nuestras acciones”. En esta frase de Nathaniel Branden se puede encontrar una clave para salirse de la masculinidad impuesta históricamente: reconstruir tu propia imagen. Una imagen de ti mismo independiente de los estereotipos culturales de género. Eso implica desaprender lo aprendido. Dejar de lado tus personajes, tus etiquetas, lo que se espera de ti. Así clarificas tu camino. Consiste en desaprender, soltar, conocer y construir. Cada hombre tiene que saber lo que está bien o lo que está mal para él. Lo que te acerca a tu plenitud y lo que te vacía. Lo que te conecta con tu ser y lo que te desconecta de lo esencial. Tener tus propios criterios de valor y, a partir de ahí, valorarte. Valorarte no solo por lo que ocurre en tu mundo sentimental o laboral, sino por lo que ocurre en la totalidad de tu mundo. Tener una imagen completa del ser. Se trata de conocer la masculinidad emocionalmente madura y tus cualidades innatas, conectarte con ellas y serlas, vivirlas para compartirlas. Reencontrar tu eje, tu columna vertebral, en ti y no buscarlo en el otro. Así reconstruyes tu propia imagen en la esencia de tu ser más allá de identidades limitadas por cuestión de género.

CONSTRUIR LA PROPIA IMAGEN

1. Libros 

Masculinidad tóxica, de Sergio Sinay.
Sobre las relaciones, de Krishnamurti.
Mujeres y hombres, ¿un amor imposible?, de Manuel Castells y Marina Subirats.

2. Películas

Lost in translation, dirigida por Sofia Coppola.
La chica del adiós (‘The goodbye girl’), dirigida por David Gates.
El príncipe de las mareas, dirigida por Barbra Streisand y protagonizada por Nick Nolte.

3. Música

Harvest, de Neil Young.
Dreams, de Fleetwood Mac.

El perfil del hombre Peter Pan según Antoni Bolinches


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Los cinco rasgos fundamentales del hombre Peter Pan:
  1. Tiene un alto grado de necesidad afectiva.
  2. Tiene un alto grado de egocentrismo y narcisismo.
  3. Tiene poca resistencia a la frustración.
  4. Tiene poca capacidad de autocrítica.
  5. Tiene dificultades para aceptar relaciones simétricas con el otro sexo.
Cada uno de estos rasgos genera cinco necesidades básicas correlacionadas, que dan lugar a la problemática que caracteriza sus actitudes y comportamientos:
  • Como necesita sentirse querido busca afanosamente el amor sin pararse a pensar si se enamora de la persona adecuada o de si la relación es viable.
  • Como es egocéntrico y narcisista necesita sentirse protagonista aunque ello pueda implicar herir o desatender a sus seres queridos.
  • Como tiene poca resistencia a la frustración necesita evadirse de la realidad, lo cual puede conducirle a refugiarse en paraísos artificiales.
  • Como se critica poco tiende a criticar a los demás y desplaza en ellos sus propias culpas y responsabilidades.
  • Como no acepta relaciones simétricas tiende a adoptar actitudes sexistas y a establecer con sus parejas relaciones de dominancia-sumisión.
En definitiva el hombre Peter Pan es una compleja mezla de necesidades contrapuestas. Mientras por un lado necesita sentirse querido y admirado, por otro tiene dificultades para establecer relaciones que impliquen compromiso, porque eso supone actuar con un nivel de responsabilidad que no ha sabido desarrollar.
Si usted se identifica, o reconoce en su pareja, alguno de los rasgos del perfil de Peter Pan podemos ofrecerle apoyo psicológico para superar el síndrome.



Fuente: http://www.abolinches.com/index.php?option=com_content&view=article&id=19

Mensaje para los hombres del futuro y el futuro de los hombres

"No podemos detener el tiempo ni podemos evitar el envejecimiento, pero sí podemos elegir lo que hacemos durante nuestro viaje por la vida. Podemos aprovecharlo para aprender de lo que vamos viviendo o podemos vivir como si el tiempo no pasara. Si elegimos el primer camino tenemos muchas posibilidades de convertirnos en adultos maduros y autorrealizados. Pero si elegimos el segundo es muy probable que acabemos convertidos en hombres desorientados que, por miedo al Presente y el Ahora,, corremos el riesgo de quedarnos para siempre en el País de Nunca Jamás.

A nosotros nos toca decidir hacia donde queremos volar."

lunes, 1 de noviembre de 2010

La generación del BÚNKER

LA VANGURADIA 28-10-2010


Alicia Rodríguez/ Celeste López

A finales de los 90 se detectaron los primeros casos en Japón, aunque no fue hasta que arrancó el siglo XXI cuando saltaron las alarmas. Jóvenes veinteañeros – en su inmensa mayoría chicos-habían hecho de la habitación su mundo, del que apenas si salían para comer, ante la mirada atónita de unos padres a los que casi no dirigían la palabra y con la única compañía de un ordenador. Fue entonces cuando los expertos empezaron a apuntar los riesgos de que los menores dispusieran de conexión a internet en sus dormitorios. Aún teniendo en cuenta las grandes diferencias con el fenómeno japonés, muchas voces alertan sobre las consecuencias de que niños y adolescentes pasen su tiempo en familia solos entre cuatro paredes; entre ellas, ausencia de comunicación entre hijos y padres.

Una advertencia de mayor calado si se tiene en cuenta que los pequeños acceden a las tecnologías de la información cada vez a edades más tempranas.

Pero, pese a las advertencias, la realidad es que en la actualidad cuatro de cada diez menores españoles aseguran que se conectan a la red desde su habitación. En toda Europa, la media es aún más alta hasta rozar el 50% de los niños y adolescentes entre 9 y 16 años. Así lo indica el reciente estudio de la Comisión Europea Riesgos y seguridad en internet: la perspectiva de los menores europeos,en el que han participado más de 23.000 chicos y chicas usuarios de internet de 23 países europeos.

Los especialistas se sorprenden al comprobar cómo no se aplican en la práctica las medidas “de sentido común” que pueden contribuir a minimizar los riesgos que acarrea internet. Porque insisten en que, aparte de los innegables beneficios que comporta la red, no hay que obviar que puede ser una plataforma para acceder a imágenes sexuales, enviar o recibir mensajes de tipo sexual, sufrir acoso o quedar con desconocidos.
Jesús de la Gándara, jefe de la Unidad de Psiquiatría del Complejo Asistencial de Burgos, defiende que es un error atribuir la falta de control y comunicación parental, materializada en el denominado síndrome de la puerta cerrada, al uso de las nuevas tecnologías. “No podemos echar la culpa a internet. El niño que se pasa las horas solo en su habitación navegando o jugando on line ¿por qué lo hace? Les compramos un ordenador por Navidad y luego les dices que no lo use”, comenta.

En su opinión, lo importante es que “los sanitarios, los padres, estén al tanto de lo que le ocurre a los niños para que se puedan detectar cuanto antes comportamientos peligrosos, porque el uso inadecuado, excesivo y problemático de internet suele ir asociado a patrones patológicos de depresión, fobias, aislamiento”.

La encuesta de la Comisión Europea revela que hasta el 41% de los menores españoles de 11 a 16 años afirma “haber experimentado una o más formas de uso excesivo de internet”, frente al 30% de media entre los europeos de esa misma edad.

Para Jorge Flores Fernández, fundador de Pantallas Amigas, una iniciativa para la promoción del uso seguro de las nuevas tecnologías en la infancia y la adolescencia, los padres han accedido a instalar el ordenador en la habitación principalmente por “dejadez”. “A día de hoy no han tomado conciencia clara de lo que esto significa, de los riesgos que conlleva no saber qué uso hacen los chavales del ordenador, de las horas que pasan frente a él, de cómo poco a poco la comunicación entre ellos se va enfriando. ¡Ya es complicado mantener una buena comunicación con los adolescentes cómo para encima poner tabiques de por medio!”, señala. Flores siente un “cierto desanimo” al comprobar cómo cae en saco roto el mensaje que desde hace años lanzan distintos organismos y asociaciones pidiendo a los padres que instalen los ordenadores en las zonas comunes y no en las habitaciones de los niños, aunque eso resulte más cómodo para la convivencia.

“Algunos adultos creen que poner el ordenador en una zona común es una invasión de la intimidad, cosa completamente falsa. El que esté en el salón no implica que se miren los correos, es más una función de normalización de la vida digital. Además, es la mejor manera de compartir esa vida digital, de la que tantas lagunas tenemos los adultos frente a una generación que ha nacido en ella”.

E insiste en que supervisar la relación de ese hijo con el ordenador no tiene nada que ver con controlar. “Los padres deben establecer una dieta digital, es decir, indicar por ejemplo cuándo y cuánto se puede utilizar el ordenador, al igual que lo hacen con la comida o con el dinero, o con cualquier otra cuestión doméstica”.

Los expertos consultados por este periódico insisten en la necesidad de que los padres hagan el esfuerzo de incorporarse a las nuevas tecnologías como un elemento de conexión con los menores. Las consecuencias de no hacerlo son muy negativas para la relación, la incomunicación y a la integración, en lo que el sociólogo Javier Elzo denomina, familia nominal.

Esta es, según Elzo, el modelo mayoritario en la sociedad española (42%). Se trata de una familia en la que las relaciones de padres e hijos pueden ser calificadas, con absoluta propiedad, como de coexistencia pacífica más que de convivencia participativa, ya que se comunican poco. Los padres están, en gran medida, cohibidos, desimplicados, sin que aborden con una mínima profundidad lo que requieren sus hijos. Una familia que destaca de las demás por ser la que, en menor grado, refiere que haya conflictos en su seno, no tanto porque no los haya sino porque ha decidido no enfrentarse, no enterarse de los problemas.

“Hikikomori”


Hikikomori

Una realitat cruenta: adolescents que decideixen tancar-se a les seves habitacions i no sortir-ne durant anys. Televisió, escoltar música, navegar per la xarxa i evadir-se amb videojocs són la seva única motivació. Però, tot i aquesta renúncia a la vida, fora, la vida segueix endavant. I és això, justament, el que passa a “Hikikomori”: la vida ara segueix passant mentre ell ha decidit prémer el botó de pausa. Pare, dos companys d’estudis i una kogal*, la seva germana, seran els que transitaran per davant la porta de l’habitació de l’Hikikomori.

*kogal: joveneta adolescent que per pagar els seus capricis, ven les calces brutes a homes que volen olorar-les.

Títol: Hikikomori
Autor: Jordi Faura
Direcció, escenografia, il·luminació i vestuari:
Jordi Faura i Abel Coll

Adjunt a escenografia i il·luminació: Roc Lain
Adjunta a vestuari: Gimena Busch

Repartiment

Georgina Latre
Jordi Martínez
Àngels Poch
Mingo Ràfols (Cia. Teatre Romea)
Enric Rodríguez
Pau Vinyals





ATREVEIX-TE A CONTESTAR!!!!!
Com a mínim un dia a la setmana m'agrada...
Quan arriba l’hora de sopar...
Quan arriba el divendres...
M’agrada quedar amb els amics...
Encara visc a casa els pares...

Visc amb els meus pares i treballo...
A casa meva...
Quan tinc un problema personal...
A la meva habitació hi ha:
Quan arriben les vacances de Nadal...

Revolución sexual: Falsas y verdaderas inocencias

En los años 60 y 70, con el vistoso decorado de la guerra fría de fondo, el sexo se ideologizó hasta extremos nunca vistos  |  "La pequeña", película con una Brooke Shields de 12 años haciendo de prostituta, fue recibida con normalidad

La revisión de valores de los años 60 y 70 puso en suspenso muchas nociones. Entre ellas, la de la identidad sexual y la de pederastia. Cuando el debate sobre estas cuestiones vuelve a plantearse, vale la pena reconstruir legitimaciones y apologías que ahora nos parecen incomprensibles

FERRAN SÁEZ MATEU | LA VANGUARDIA 20/10/2010  Cultura|s
 
¿El sexo es de derechas o de izquierdas? A veces resulta conveniente iniciar una reflexión con una pregunta manifiestamente estúpida para resaltar la posterior irrupción de otras que no lo son tanto y, en consecuencia, pueden llegar a parecer casi pertinentes e incluso inteligentes. Casi, pero no. Por supuesto, el sexo no es de derechas ni de izquierdas –a lo sumo, y dada su ubicación, podríamos encuadrarlo tautológicamente en el centro del cuerpo–. Sin embargo, las cosas no son tan sencillas. El vello, pongamos por caso, tampoco resulta en sí mismo identificable con ninguna ideología, pero todos somos capaces de reconocer las visibles connotaciones del fino bigotillo fascistoide y las de la selvática barba marxista o bakuniniana. En definitiva: está claro que la ideologización del sexo, el pelo, las piernas o la mano (¿en forma de puño, extendida con la palma hacia abajo?) resulta tan absurda como tentadora. Partiendo de esta acotación, es preciso reexplorar críticamente, y desde una nueva perspectiva, la imbecilidad con la que hemos iniciado el artículo: ¿el sexo es de derechas o de izquierdas? 

Entre finales de la década de los sesenta y principios de la de los setenta, con el vistoso decorado de la guerra fría de fondo, el sexo se ideologizó hasta extremos nunca vistos. Las ideas de Freud ya se habían digerido, y las reivindicaciones de ciertas feministas de la época eran inseparables de una especie de revisionismo biológico en el que el clítoris constituía un órgano emancipador, mientras que el útero compendiaba la opresión del patriarcado. Por otra parte, los homosexuales empezaban a ganar la dura batalla de la visibilidad, que es el primer peldaño para alcanzar la dignidad del reconocimiento social. En Estados Unidos, muchos negros dejaron de alisarse el pelo (¡otra vez el pelo!) y lucían con orgullo aparatosos peinados afro. Bob Dylan repetía que los tiempos estaban cambiando, y tenía razón. Luego supimos que la tenía sólo por definición –el matiz es importante– y entendimos porqué se acabó convirtiendo al catolicismo, por ejemplo. Efectivamente, los tiempos cambian... siempre. Ese es el contexto de la mal llamada revolución sexual. En realidad, constituyó una mera ideologización coyuntural y desconcertantemente ingenua de determinadas conductas y actitudes, no siempre relacionadas con la sexualidad. La mayoría de esos cambios revolucionarios fueron efímeros. Pasaron a mejor vida hacia finales de los años ochenta, como consecuencia de la pandemia del sida. Lo que hacía sólo quince años se denominaba amor libre, pasó a llamarse simplemente promiscuidad. Todo un abismo semántico...

Curiosamente –o no– las dos grandes relecturas críticas de aquellos tiempos convulsos vinieron de la mano, casi al mismo tiempo, de dos norteamericanos de origen asiático: el ensayista Francis Fukuyama y el cineasta Ang Lee. La tormenta de hielo (1997) es quizá la película más deprimente y a la vez más lúcida del director de origen taiwanés,y está basada en la novela homónima del escritor norteamericano Rick Moody (The ice storm, 1994). Por su parte, La gran ruptura (1999) constituye sin duda uno de los textos más elaborados y conceptualmente sólidos de Fukuyama. Desde dos lenguajes diferentes, ambos autores bucean en las contradicciones de aquella supuesta revolución sexual, así como en la de sus variopintos aledaños y múltiples consecuencias. Obviamente, en aquel momento existían docenas de filípicas ultraconservadoras relacionadas con estos asuntos, que se planteaban casi siempre desde el integrismo religioso, la cerrazón moral u otras ideas de tono rupestre y primario. Lee o Fukuyama, en cambio, no moralizaban, sino que justamente se dedicaban a denunciar el denso y confuso tufillo moralizante de esa supuesta revolución. Lo que irritó entonces a una cierta izquierda es que La tormenta de hielo no constituye un libelo visual reaccionario, sino una denuncia claramente progresista de la viscosa hipocresía que reinaba en aquellos tiempos del todo vale. Para evitar suspicacias, no olvidemos que Ang Lee rodó posteriormente Brokeback mountain (2005), que es quizás la dignificación más honesta de la condición homosexual que se haya hecho nunca.

Por razones obvias, uno de los aspectos más controvertidos del proceso de ideologización que acabó denominándose impropiamente revolución sexual radica en las variadas legitimaciones y/o apologías de la pederastia que se produjeron en ese momento. Conviene aclarar que ese tipo de ideas ya están presentes en la tradición grecolatina, aunque aquí no vamos a referirnos a la Atenas del siglo IV a.C. sino a cosas que se decían con toda normalidad hace tan solo tres décadas. Ya hemos advertido al principio que conviene ser muy cautos con la pesada carga de estupidez de ciertas preguntas: ¿la pederastia es de izquierdas o de derechas, religiosa o laica, clásica o vanguardista? No, no, no. Lo que debemos averiguar es de dónde proviene exactamente el discurso legitimatorio que la acabó normalizando no hace tanto. Ese, y no otro, era el verdadero núcleo del debate que se produjo hace unos meses en relación a ciertas denuncias contra clérigos católicos por supuestos abusos. Se trata de un debate que se cerró en falso. El origen del discurso legitimatorio que comentamos –no de las prácticas, que por desgracia son antiquísimas– es muy concreto. En el momento en que el sexo fue conceptualizado sólo como un mecanismo liberador, sin más, las hormonas quedaron inexorable y severamente ideologizadas. No nos cansaremos de repetir que todo eso pasó en el periodo más tenso de la guerra fría, cuando todo, fuera importante o banal, quedaba connotado y formaba parte de una irreductible polaridad ideológica. El resto fue obra de la estética de la transgresión banal, tan propia de la época, así como de indigestos cócteles de Freud, Marx y Lévi- Strauss, agitados por maîtres à penser en las mejores brasseries de París. Como catalizador, un viejo paper elaborado en 1948: el Informe Kinsey. Desde una perspectiva metodológica, el informe Kinsey era un auténtico despropósito (para algunos, un fraude científico premeditado) que parecía tener como única función la homologación estadística de determinadas conductas, entre ellas la del propio investigador durante su adolescencia. Alfred C. Kinsey abogaba por la idea del continuum sexual, en la que no había exactamente hombres ni mujeres, ni homosexuales ni heterosexuales, ni adultos ni niños. Todo quedaba sujeto a una escala y, en consecuencia, todo era relativo. ¿Era aceptable la sexualidad entre adultos y niños? Respuesta: "¿Qué es un adulto, qué es un niño?". A todo ello habría que añadir que las identidades sexuales son meras construcciones culturales (Foucault) y que el poder se agazapa en ellas para dominarnos (aquí la lista seria larguísima: desde Wilhem Reich hasta Herbert Marcuse, pasando por el sociólogo valenciano Josep-Vicent Marqués, fallecido hace poco).

En sí mismo, abstractamente, ese proceso de relativización no sólo era legítimo, sino también necesario: las enormes oscilaciones que ha experimentado la noción de mayoría de edad, por ejemplo, tanto desde un punto de vista histórico como geográfico, resultan indiscutibles. El problema es que en aquel preciso contexto la anterior constatación quedaba subordinada a un objetivo puramente ideológico que, a su vez, confluía en un proceso de cambio social muy profundo. Esas son precisamente las turbulencias que condujeron a que una película como La pequeña (1978), de Louis Malle, protagonizada por una niña de 12 años (Brooke Shields), que hacía el papel de prostituta y aparecía completamente desnuda, fuera recibida en la época con toda normalidad. Hoy, por muchísimo menos, Malle tendría serios problemas. En la España de la misma época las cosas eran muy parecidas. En 1979, la Orquesta Mondragón publicaba el disco Muñeca hinchable, con letras de Eduardo Haro Ibars, que decían cosas como esta: "El hombre de los caramelos (...) a la puerta del colegio / espera para hacerte feliz / Y si deseas con él disfrutar / no te debes niño asustar / El tiene siempre lo que te hará gozar". El cantante de esa formación, Javier Gurruchaga, tenía, por cierto, un papel secundario en una película que Pedro Almodóvar rodó al cabo de pocos años, ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (1984). En una determinada escena, su personaje pedía permiso a la madre de un niño de unos ocho o nueve años, interpretada por Carmen Maura, para consumar en toda regla una especie de matrimonio pedófilo. No hay en esa escena ni un atisbo de denuncia, sino todo lo contrario.

Debate por zanjar

Antes hemos apuntado que el debate acontecido hace unos meses sobre las múltiples denuncias de pederastia interpuestas contra determinados clérigos católicos se cerró en falso. Interesadamente, se exageraron unas cosas y se omitieron otras. Además, la Iglesia católica tuvo una actitud titubeante y ambigua, que contribuyó a elevar mediáticamente determinados rumores a la categoría de hechos. El papel de algunos intelectuales fue también decepcionante: en cuestión de semanas, muchos pasaron de relativizar jocosamente el caso Polanski a rasgarse la túnica por otros casos similares que se atribuían a curas. He aquí, justamente, el motivo básico por el que el mencionado debate se zanjó en falso: nadie quiso reconocer el trasfondo ideológico del asunto, que conducía por fuerza a una severa revisión de lo que en su momento dio en llamarse revolución sexual. La pederastia está documentada desde hace muchos siglos, pero su legitimación data de hace bien poco, al menos en un sentido moderno. No es casual que la primera gran reprimenda que recibió el icono generacional de Mayo del 68, Daniel Cohn-Bendit, estuviera relacionada con sus fantasías sexuales con niñas de cinco años.

Cerremos el artículo con la misma pregunta estúpida con la que lo hemos iniciado: ¿el sexo es de derechas o de izquierdas? Ideologizar determinadas pulsiones humanas, sean del tipo que sean, resulta, como mínimo, absurdo. Pero olvidar la realidad de esa ideologización, que en el caso que comentamos se produjo hace poco más de una generación, es directamente deshonesto. El sexo, en todas sus versiones, no es ni de derechas ni de izquierdas, ni religioso ni laico, ni antiguo ni moderno, ni progresista ni conservador. Y la pederastia es un tema incómodo, pero real, y por eso no conviene enterrarlo ahora precipitadamente con excusas de derechas o de izquierdas, con subterfugios religiosos o bien laicos, con viejas falacias o con sutilezas posmodernas recién pintadas. Ya que, por desgracia, el tema está sobre la mesa, tratémoslo honestamente.

MÁS INFORMACIÓN

¡Es una ordencita!

...la hombría, que tan nítida parece, es imaginaria y grial: siempre falta o sobra algo para ser hombre de veras.

ELOY FERNÁNDEZ PORTA

Cultura|s La Vanguardia,  Miércoles, 27 octubre 2010

El capo es una leyenda, una invención colectiva.Un hombre da una orden. Con voz pausada. Pero firme. No mira alos ojos, es claro yescueto, y adopta el aire despreocupado de quien sabe que su autoridad no requiere aspavientos.

Nadie obedece.
(Plancha, silencio, pero cómo, grrrrrrmpfs.)

Grrrrepite el mandato, esta vez a voz en cuello,énfasis, braceo y voto abríos. Ahora los subalternos sí acatan,pero lo hacen de manera cansina,arrastrando los pies o con una celeridad guasona: como si su obediencia no fuera el efecto del poder sino el gesto de conmiseración que merecen los pobres de espíritu. “Si es que yo no tengo un jefe: tengo un matasuegras”.

Esta escena se encuentra en todos los géneros cinematográficos que se ocupan de la construcción de la masculinidad. En el cine de gánsters, en El Padrino;es la única secuencia protagonizada por Fredo Corleone, el hermano mayor que siempre será tratado como benjamín, yque, aquí lo vemos, necesita cinco gritos para echar del salón alas golfas que contrató. En el cine negro, en Sólo quiero caminar,donde el sicario, más severo pero no más eficaz, ordena –“¡Llamen aGabriel!”– con elegancia de lord primero, y después con bullebulle de tebeo, ya saben, con !!! y con #¡ y también con ('. Ejemplos recientes aparecen en el cine bélico, así el cabo cobardica de En tierra hostil.

¿Y quién sabe mandar? El capo,claro, está. Él no sólo tiene el cetro: también lo sabe blandir. Al Pacino, quién si no, es un maestro de la modulación de voz. En su actuación más meritoria logró cambiar de tono siete veces en sólo cuatro frases, sin resultar histriónico; con cada inflexión modulaba el estado de ánimo de sus interlocutores, que quedaban, así, atrapados en la voz de mando. La escena de la orden fallida muestra una jerarquía, o más bien la naturaliza, dando a entender que el liderazgo es cuestión de carácter.

Pero hay otra forma de verlo. Así como el capo es una leyenda, una invención colectiva pergeñada con anécdotas, infundios y susurros, la orden bien dada no existe. Su lugar, inefable, sería, precisamente el punto intermedio entre las dos actitudes: entre la ordencita de Ned Flanders y el arrebato mandón
del Super de la T.I.A. Así: ni susurro ni berreo; ni contención ni apremio. Parece fácil. Inténtelo. Deje el diario en la mesa, póngase en pie con parsimonia y dé La Orden aquienquiera que tenga al lado.

¿Ya de vuelta? ¿O aún sigue ahí? Sea como fuere, acaba usted de comprobarlo: esa cualidad, la hombría, que tan nítida parece, es imaginaria y grial: siempre falta o sobra algo para ser hombre de veras.