miércoles, 25 de julio de 2012

"Amar no exige aprendizaje, pero convivir requiere una universidad entera"

Una tarde de verano

Entonces, suavemente, como en cuclillas, llega un pensamiento sobre ti, y de golpe recuerdo que te amo

LA VANGUARDIA  22/07/2012 Pilar Rahola

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Perdida en esta tarde de verano, me asedian las malas noticias que invaden los informativos, con la prima de riesgo disparada, Valencia que pide ser rescatada y ese loco asesino de Denver matando a niños y adultos que miraban una película. A veces la realidad es una trinchera y el desconcierto atenaza nuestras almas vulnerables. ¿Qué ocurrirá con este presente tan amenazador? Y sin querer, una piensa en los hijos, cuyo futuro incierto labramos a golpe de descalabros. Y en la gente que quiere, y en el país, y si la tarde se pone metafísica, arriban las ideas sobre el sentido del ser y esas cosas. Es entonces cuando suavemente, como en cuclillas, llega un pensamiento sobre ti, y con él una sonrisa, y de golpe recuerdo que te amo y que me amas y que conjugamos en plural el verbo de la vida.

Extraña cosa esa del compartir, con sus oasis y sus desiertos, sus caminos y sus atajos, sus miedos y sus sueños. Y sin embargo, maravillosa cosa. Mi amigo, mi compañero, claro que podría vivir sin ti, y la vida me traería otras emociones. Pero la cuestión no es cómo sería la vida sin ti, sino cómo es la vida contigo. Y ya sabes..., cómo todos vamos arrastrando fatigas, fracasos, disgustos, y también éxitos, alegrías... Pero lo realmente extraordinario es que vivir contigo me construye y me engrandece. "Tú me completas", le decía Tom Cruise a Renée Zellweger en aquella azucarada y deliciosa película titulada Jerry Maguire, que sabes que me gusta, quizás porque siempre hubo una ñoña dentro de mí. ¡Qué le vamos a hacer! Todos tenemos nuestros secretos... Pero el término es preciso, porque ciertamente eso es lo que siento, que me completas. No sé si eres un hombre extraordinario, pero eres mi hombre extraordinario, y esas gafas de verte distinto, grande, único, no quiero perderlas nunca. Y te aseguro, querido, que no es la distorsión del amor, por mucho que ya sé que amar es mirar con un espejo cóncavo. Pero si te veo especial no es porque te amo, sino porque vivo contigo, y es ahí, en la gramática de la convivencia, donde creces hasta hacerte inmenso.

¿Sabes? Quizás podría amarte en la distancia, pero querido mío, no quisiera nunca vivir a tu distancia. Por supuesto, conozco tus debilidades y defectos, como tú los míos. Pero el verbo convivir es audaz y terco, y supera los obstáculos si, más allá de las nimiedades, sabe bucear en las aguas profundas. Y nosotros empezamos a estudiar esa asignatura nada más conocernos. Con los años te diré que convivir me parece aún más intenso que amar. Al fin y al cabo, amar no exige aprendizaje, pero convivir requiere una universidad entera.

Nada, querido, que es una tarde de verano, y estaba como medio triste con tantas malas noticias, y entonces pensé en ti y todo tuvo otro sentido. Fíjate, es por eso por lo que te amo tanto, porque siempre le das sentido a todo, incluso cuando no estás.