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domingo, 21 de febrero de 2010

Los que no se enamoran


Cuando llega, el enamoramiento es inevitable, pero su ausencia no implica ser condenados a la infelicidad. ¿Qué pasa con los que no están enamorados o que nunca se enamoran? Se puede vivir igual de bien. Solos o en pareja


Piergiorgio M. Sandri | 13/02/2010 | LA VANGUARDIA, SUPLEMENTO ES

Si usted ha encontrado a su media naranja, en estos momentos debe (o tal vez debería) de tenerlo más o menos todo a punto para celebrar mañana el día de los enamorados. Pero piénselo: ¿está enamorado de verdad?

Formas de no amar

Es difícil identificar categorías y tipologías de los que no quieren enamorarse (o que han dejado de estarlo) por mucho que la química o las hormonas se metan en medio.

Maniáticos

Son aquellas personas que con el pasar del tiempo se han vuelto quisquillosas y a las que cuesta asumir un compromiso o pactar con la pareja. No se quieren enamorar porque son incapaces de compartir la vida con alguien.

Hiperocupados 

No se enamoran porque no tienen tiempo. Trabajan muchas horas y caen rendidos cuando tienen un poco de tiempo libre. Algunos se sienten realizados con su oficio, su obra artística o el éxito profesional y eso les basta. Y a su pareja, a menudo, también.

Inseguros 

Creen que no dan la talla, se sienten feos, son tímidos, sufren algún complejo… Para no sufrir, deciden que es mejor no enamorarse porque están convencidos de que no encontrarán a nadie que les corresponda. Su autoestima los bloquea.

Perfeccionistas 

Están tan obsesionados con enamorarse de la chica de sus sueños que al final no se enamoran de ninguna. Probablemente porque no existe.

Aventureros 

Muy atraídos por las vivencias, no tienen ningún problema en saltar de una relación a otra. Algunos mantienen una relación estable principal, que cuidan a su manera. Disfrutan por momentos breves y ya piensan en la siguiente. Rechazan el amor, pero no el enamoramiento.

Autosuficientes 

Defienden el culto a la independencia y disfrutan de la soledad y de los placeres de la vida. Enamorarse les supone un estorbo.

Serenos 

Viven en pareja, respetan y quieren a su media naranja, pero ya no sienten la pasión de antes. Esto no le impide ser felices.



Se supone que sí. En nuestra sociedad tenemos la costumbre de identificar el hecho de tener pareja estable con el enamoramiento. Durante siglos las bodas se celebraban simplemente por conveniencia o interés, pero en la época del romanticismo el enamoramiento llegó a ser mitificado y glorificado. En la era moderna, con la llegada de la libertad y de la emancipación, las relaciones pasan a basarse en el sentimiento. Pese a que en algunas culturas todavía se conciba el vivir en pareja como un arreglo y contrato social, en la mayoría de las sociedades desarrolladas se comparte la vida con alguien "porque se le quiere". "Es en el siglo XX cuando el amor se convierte en la primera reivindicación auténticamente planetaria. Se impone el derecho de cada uno a ser amado y la pareja se convierte en una relación entre dos personas que se hablan, se observan, se juzgan y se aman", escriben Jacques Attali y Stéphanie Bonvicini en su libro Amours, un ensayo sobre la historia de las relaciones hombres y mujeres.

Sin embargo, en la actualidad, aunque la mayoría quiera a su pareja, su corazón no le late cada minuto como cuando era adolescente. Por no hablar de los que están encantados con su soledad o simplemente resignados a ella, sin agobios. Porque nunca han conocido el amor. O porque el amor, simplemente, no entra sus planes. Si usted forma parte de este grupo, entonces tranquilo. No está condenado a la infelicidad ni es una persona incompleta. Y tampoco es un bicho raro, sino miembro de una tribu más numerosa de lo que la gente cree: los que no se enamoran.

Preguntado sobre el tema, el ex presidente de Fiat Gianni Agnelli –dandi, bon vivant, playboy convencido y padre de familia a la vez–, contestó una vez al periodista Indro Montanelli con cierto desprecio que "sólo se enamoran las camareras". Agnelli creía que dejarse llevar por los sentimentalismos era una fantasía un tanto ingenua. Para él, gobernar las pasiones no sólo era posible, sino recomendable. Al teclear la frase "es posible no enamorarse nunca" en Google aparecen cuatro millones de entradas. La duda, por lo menos, es legítima.

Dicen algunos biólogos que enamorarse es un sano desequilibrio químico, con lo que las personas con el sistema neuroendocrino bien ajustado tarde o temprano experimentan esa sensación. Sería algo inevitable a lo largo de la vida, porque es un fenómeno incontrolable. Según Jean Didier Vincent, neurobiólogo del CNRS de París, el flechazo es un acontecimiento emocional transitorio, seguido de un reconocimiento recíproco. Desde un punto de vista estrictamente biológico, se liberan en ese momento determinadas hormonas, como la dopamina entre muchas otras.

Sin embargo, hay quien asegura estar inmune a esta descarga emotiva. Existen personas que eso del "amor ideal" y del "enamoramiento" no lo llevan muy bien. O que por lo menos no está en sus genes y en su biología. Leticia Brandon, psicóloga y autora del libro Las mujeres y los hombres que no aman demasiado (Letras Difusión, 2009) recoge algunos testimonios sugerentes. "Somos más individualistas que antes, tanto hombres y mujeres. Eso conlleva a que haya más gente dispuesta a estar sola. Todos conocimos a alguien con quien podríamos haber empezado algo pero no lo hicimos. Yo no me veo comenzando nada, aunque quiera" (Albert, ingeniero, 35 años). "Me siento llena en cuanto a vida profesional y a los amigos que me rodean, pero estoy un poco desanimada en cuanto a encontrar esa pasión tan añorada, que al menos dure un mes. Ya no hablo de encontrar al hombre de mi vida" (Marta, 30 años, notaria).

Walter Riso, autor de libros como Amores altamente peligrosos o Amar o depender (ed. Planeta), cree que hay que distinguir entre enamoramiento y amor. "El primero es una respuesta fisiológica o evolutiva o química, si se prefiere. Se escapa a la razón. Es una función genética, relacionada con la procreación. No se puede elegir no enamorarse, pero sí enamorarse brevemente, por unos meses y luego largarse", puntualiza. "En cambio sí se puede evitar el compromiso del amor, que es otra cosa respecto al flechazo. Porque el amor es algo que se construye, que se basa en la amistad, la ternura y el cariño y la compasión, además de una parte de enamoramiento. Es algo menos biológico, es un fenómeno más cultural, social y que se puede escoger como una opción cualquiera".

Dicho de otra manera: la flecha de Cupido sí existe. Es inevitable, pero por definición es breve. Lo que ocurre es que existen personas que se conforman con eso y no dan el paso siguiente. Son los miembros de un colectivo que simplemente ha decidido vivir sin tener relaciones estables como estilo de vida o bien que optan mantener una relación permanente con otra persona aunque sin estar del todo enamorados. El sociólogo Francesco Alberoni declaró una vez que "enamorarse es un acto de rebeldía" en contra de la pereza, de las convenciones, de las costumbres. Pero al parecer no todos somos tan rebeldes, en este sentido. Enamorarse puede ser cosa de valientes, pero, pese a la presión social y cultural que lleva consigo, no es siempre indispensable. Hoy más que nunca. Y menos aún, en la pareja.

"A partir del 2000 la llegada de internet está renovando el lenguaje del amor. Nacen encuentros e historias de amor que revelan, tanto entre los chicos como las chicas, la existencia de un apetito sexual cada vez más desvinculado de cualquier connotación amorosa", advierten Attali y Bonvicini, que citan una encuesta reveladora: "Las razones para hacer el amor se transforman. Según un estudio norteamericano de agosto del 2007, existirían hasta un total 237. El primer motivo es la atracción física, mientras que la necesidad de amor está en el cuarto lugar para las mujeres y en el quinto para los hombres. Cada uno de los dos sexos ya no sabe qué esperar del otro y se está generando un fenómeno colectivo en el que pronto cada uno será enamorado sólo de sí mismo".

El cuadro puede resultar excesivo, pero –Romeo y Julieta nos perdonarán– si se aspira a vivir en pareja feliz, el estar enamorado… ¡puede ser un aspecto secundario! Carmen Penales López, del centro de Psicología Clínica y Psicoterapia de Madrid (psicoterapeutas.com) invita a no caer en el mito erróneo de que el amor romántico está en la base de un buen matrimonio. "Los estudios confirman que el enamoramiento dura entre 18 y 24 meses. Pero después esta pasión deja espacio a otras cosas. Aunque un miembro de la pareja sienta que no está enamorado, de alguna manera, sabe que la quiere. El amor es una elección, un acto de voluntad que se lleva a cabo con el lóbulo frontal", recuerda esta experta. En su opinión, "aunque se pueda experimentar en algún momento menos afecto o una disminución sensación emocional, es posible tener una relación feliz basándose en conductas como bondad, amabilidad, consideración, comunicación, participación conjunta en varias actividades, consenso en valores, reciprocidad, respeto mutuo. El matrimonio no es algo romántico, es una relación práctica y seria".

El reputado etólogo Desmond Morris va más allá al sostener que el enamoramiento exclusivo hacia una persona para toda la vida es incompatible con la evolución humana, lo que justifica la infidelidad por ejemplo. En un reciente artículo en la prensa británica, recordaba: "La estrategia principal del macho y de la hembra es la de dedicar una parte relevante de su tiempo y de sus energías a criar los hijos nacidos en la pareja. Pero existe una estrategia menor, que remonta a un pasado antiguo, que consiste en estar en condiciones, cuando tenga la oportunidad, de lanzarse a una aventura sexual, siempre que no se perjudique su estrategia principal. Hasta en un matrimonio feliz cualquier miembro de la pareja puede transgredir en nombre de este instinto primario de reproducción".

La reciente devaluación del enamoramiento explica también el auge que están teniendo los singles. Un tema de salsa de Ray Sepulveda y Johnny Rivera de hace unos años reflejaba bien este fenómeno. "No vale la pena enamorarse / El amor te da la vida. Y también te la quita / Cada que vez que te enamoras y luego termina". Si se busca el vídeo en YouTube, se verá como los usuarios dejan algunos comentarios muy indicativos al respeto. "Enamorarse es pura fantasía barata, porque la vida es dura... y los únicos que te quieren de verdad son los miembros de la familia". "Enamorarse: eso es pura mentira, algo que no existe".

¿Son estas personas unos fracasados? En absoluto. Porque, en el fondo, enamorarse no es tán importante como parece. "En las grandes ciudades como Barcelona y Madrid se puede hablar de un culto a la soltería y a las relaciones esporádicas. La gente no se enamora, pero tampoco está sola. Vivimos en la edad de la precariedad, incluso en lo laboral. Tampoco los sentimientos parecen ser la excepción", explica Leticia Brandon.

Según un estudio de Parship, portal de contactos en internet, en Europa hay unos 44 millones de singles sin pareja estable. De estos, un 24% no ha tenido ni una relación seria en su vida. Por lo tanto, en el Viejo Continente hay unos diez millones de personas que no se han enamorado nunca (o que en todo caso no han podido experimentar el amor al no ser correspondidos). De acuerdo con las mismas fuentes, en España existen 7,5 millones de solteros (más que todos los habitantes de Barcelona y Madrid juntos). No son unas almas en pena, sino todo lo contrario: de acuerdo con el informe, alrededor de la mitad de ellos no busca relación estable. Es decir, que no quieren saber nada del amor. Aparentemente, para ellos no hay química (y compromiso) que valga.

El culto al individualismo y el bienestar han hecho que el número de estas personas se haya disparado. Según la revista Impar, los solteros, separados, viudos y divorciados alcanzan al 42% de la población. ¿Deprimidos? Para nada. Los impares (así se llaman) son los que más salen, viajan, van al cine. Según sostiene el psicólogo Jorge Barraca en su libro 500 preguntas a un psicólogo (ed. Zenith) en la última década ese colectivo se ha incrementado un 10%. "A diferencia del pasado, la situación del single se idealiza, se percibe como algo provechoso, pues se supone que es una demostración de independencia, un deseo de no renunciar a la propia autonomía, de ir contra corriente, algo que revela la capacidad de dirigir la propia vida". ¿Vamos hacia una sociedad llena de cínicos y ascetas del enamoramiento? ¿San Valentín celebra algo que hoy por hoy carece de importancia?

Riso discrepa: "No es verdad que el colectivo del solterón empedernido aumente. Lo que aumentan son las separaciones. Por ejemplo, por primera vez, el número de separados ya supera al de casados en Estados Unidos. En pleno auge del individualismo, aumenta la propensión a buscar propuestas nuevas. Ojo, que los egoístas también se enamoran". En su opinión, no hay que caer en el estereotipo de que los que han decidido no enamorarse sean superficiales, inmaduros o irresponsables. "De alguna manera los que han optado por este camino también han asumido un compromiso: siguen su dictamen casi como si fuera una actitud religiosa, como un voto de castidad sentimental", explica.

El ya mencionado estudio de Parship muestra, no obstante, una contradicción que es muy reveladora. Sólo el 9% de los solteros en España (alrededor de un millón de personas) se declara "muy feliz". "Muchos no son felices, pero al mismo tiempo no quieren cambiar su estatus: significa que para ellos no estar enamorados tampoco es algo tan grave y que pueden sobrevivir así", dice Brando. De alguna manera, el mito de soltero feliz es igual de equivocado que el de la pareja feliz. Esta psicóloga concluye: "En realidad, ni estar en pareja es un paraíso, ni estar soltero nos asegura independencia, libertad y fiestas interminables. Tanto los hombres como las mujeres provienen de un hogar, que suele implicar una pareja: una madre y un padre. Por tanto, las personas solteras siguen aspirando a enamorarse y encontrar un compañero de ruta".

En resumen, puede que el hecho de enamorarse no sea tan determinante como antes, pero, ojo, que Cupido nos persigue…

sábado, 31 de octubre de 2009

Adultescentes. La generación 'peter pan' está hipotecada

España tiene casi 8 millones de treintañeros, nacidos al final del 'baby boom' - Están desencantados y altamente endeudados - Son consumistas y buscan en el ocio la nostalgia de su infancia

JOSEP GARRIGA

EL PAÍS - Sociedad - 25-10-2009

En Estados Unidos se les bautizó como kidults -del inglés kid (niño) y adult (adulto)-. En Latinoamérica optaron por un juego de palabras en español, adultescentes, por la unión de adulto y adolescente. Y en España los sociólogos prefieren definirles como treintañeros bajo el síndrome de Peter Pan, mientras que los expertos en mercadotecnia les llaman Generación X. Constituyen, según los últimos datos demográficos del Instituto Nacional de Estadística, el segmento de población mayoritario en España, con casi ocho millones de personas y, en consecuencia, representan una bolsa ingente de consumidores.

Son los últimos hijos del baby boom de los setenta y, en general, todos responden a los mismos patrones. Constituían la generación mejor preparada pero que se ha dado de bruces con un mundo que ha cambiado repentinamente ante sus narices. Ahora deben construirse una nueva realidad y piensan, quizá con razón, que ya están llegando tarde. Son unos jóvenes que rompieron esquemas, abrieron nuevos caminos a base de luchas sociales y, de golpe, se ven amarrados a una hipoteca o, por el contrario, tienen que regresar al nido familiar, a esa casa de la que ansiaban emanciparse. En definitiva, un final de trayecto infernal. Y se dicen: "Yo no entiendo nada".

El único refugio que les queda ahora es su retorno a la etapa juvenil. Pero como retroceder en el tiempo se antoja imposible, mantienen las mismas actitudes y formas de ocio que entonces. Por eso se les llama kidults, adultescentes o Peter Pan.

El problema de los treintañeros arranca -y nunca mejor dicho- de su pecado original: su propio tamaño generacional. No es que nacieran muchos: nacieron demasiados. La tasa de fecundidad alcanzó los 2,8 hijos por mujer fértil. Este estigma les ha marcado desde entonces: masificaron las aulas de las escuelas, después las del instituto, las de la Universidad y, una vez con el título debajo del brazo, las colas de demanda de empleo y las oficinas del paro.

El sociólogo Enrique Gil Calvo apunta que, además de su peso demográfico, los treintañeros heredaron el objetivo de emanciparse con un piso de propiedad, una cultura enraizada en España e Italia, pero no en el norte de Europa, donde el propio Estado promueve y subvenciona el alquiler. "Aquí el Estado del bienestar sólo se entiende para la gente mayor, en ningún caso para los jóvenes", abunda Pau Miret, sociólogo del Centro de Estudios Demográficos. "Y en España las presiones para comprar una vivienda eran muy fuertes y constantes", agrega. El porcentaje de vivienda en propiedad en España se sitúa en el 92% frente al 6% de alquiler.

Pero ¿cómo comprar una vivienda con un contrato temporal y sin estabilidad laboral? La Generación X fue la primera que firmó hipotecas a 35 y 40 años vista. "Se hipotecaban no sólo por el hecho de comprar un piso, sino porque significaba comprarse la emancipación que ansía todo joven. Y los bancos se aprovecharon de este efecto llamada", resume Lorenzo Navarrete, decano del Colegio de Sociólogos de Madrid. A esta presión familiar y social -"con un alquiler estás tirando el dinero", les recriminaban- se sumó la bajada de los tipos de interés y unas entidades financieras que les recibieron con los brazos abiertos.

Sin embargo, su situación se asemeja a la del pez que se muerde la cola. El primer pilar para la transición al mundo adulto es el mercado laboral, porque supone la base para el resto de transiciones. Es decir, la compra de la vivienda, la creación de una familia y los hijos. Pero si el primer pilar no es lo suficientemente sólido o se resquebraja, se hunde el resto y con ello, incluso, la trayectoria vital. De ahí que la edad de emancipación en España se sitúe entre las menores de Europa, en el 45,6% del total de jóvenes. "Poco a poco se multiplica el efecto porque hasta que no consiguen el capital para dar la entrada del piso o un contrato estable van aplazando su salida de casa. Pero continúan pensando que la compra de una vivienda es la mejor inversión, incluso como apuesta biográfica, porque el título universitario no basta", insiste Gil Calvo, que denomina a este grupo Generación H, por la hipoteca. Un informe de Estados Unidos evidencia que los treintañeros representan la primera generación que, en términos relativos, gana menos que la de sus propios padres.

"Es la primera generación en la historia de la humanidad que no ha tenido que hacer lo que hacían sus padres. Y esto crea incertidumbre. Además, les ha fallado el tótem de la vivienda", comenta Gerard Costa, profesor de Marketing Social de la escuela de negocios Esade. Y Navarrete, de acuerdo con este análisis, apunta otra frustración: "Se pelearon por todos y con todo el mundo y, en muchas ocasiones, tiraron la toalla para poder irse. Y ahora casi no disfrutan de esas conquistas sociales que ellos consiguieron. Es una generación a la que debemos mucho y ellos, a su vez, también deben mucho, pero a los bancos".

Este turbulento contexto ha creado, según la mayoría de sociólogos, una generación desencantada, desorientada, perpleja, aplastada, con sensación de pesadez, con enormes y constantes dudas porque el mapa de rutas que trazaron sus padres ya no les sirve y han de orientarse con uno nuevo en blanco y con unos valores diferentes. "Es una generación desencantada, que no se ha adaptado, que podría romper pero no lo han hecho y esto comporta un desgaste. Pero yo el eje lo veo por las dudas ya que se han encontrado sin red de protección y tienen una sensación de oportunidad perdida", resume Gerard Costa.
Los treintañeros casados que buscan descendencia calcan, en su mayoría, esos parámetros de constantes dudas, considera Gil Calvo. ¿Sabré hacer bien de padre?, se preguntan. "Están atemorizados por hacerlo mal. Pero incapaces de imponer autoridad a los hijos optan por mimarles y por sobreprotegerles. Los protocolos de sus padres no les sirven y ahora carecen de manual de uso", comenta. Pero incluso en ellos -la pareja- se da una contradicción: culturalmente son transgresores y modernos pero sociopolíticamente conservadores. "Es una mezcla contradictoria y ambivalente", añade este sociólogo.

Ese conservadurismo se aprecia también en su inmovilismo laboral y en su visión del mundo del trabajo. Para sus padres el éxito y progreso profesional representaban una meta; en cambio, los treintañeros tienen otra escala de valores y dan mayor importancia a otra serie de elementos como el ocio y a colmar sus emociones. De ahí que, como subraya Costa "las empresas hayan entrado a degüello en este segmento de edad".

La eslóganes publicitarios de la tienda de muebles Ikea reflejan, con exactitud, la situación personal y el estado de ánimo de los treintañeros. "Donde caben dos, caben tres" no iba destinado a las parejas que querían ser padres sino a los treintañeros llamados boomerang, los que regresan a casa de sus padres después de una etapa frustrada y frustrante de emancipación. Y los hay en número. "Redecora tu vida", era un anzuelo para esta generación que no entiende nada perpetuo y desencantada, señala Pilar Alcázar, periodista y autora del libro Entre singles, dinkis, bobos y otras tribus, sobre las oportunidades de negocio destinadas a estos grupos de treintañeros. Y por fin, "La República independiente de tu casa", es sinómino de búsqueda de emancipación, incluso en el seno del hogar. También va dirigido a quienes viven solos. Y la Generación X es la más abundante. Según la última EPA, del tercer trimestre de 2009, en España hay 539.300 viviendas unifamiliares de personas activas en este segmento de edad.

El consumo de los treintañeros va ligado sobre todo al ocio entendido como retorno y nostalgia de la etapa juvenil, porque implica también un cambio de valores. "Antes estaba mal visto que una persona tuviese un punto infantil, le llamaban niñato, pero ahora es diferente", añade Alcázar. "Es un segmento más consumidor. Cuando era joven entrevió estas cosas, pero lo disfrutó con limitaciones. Ahora lo puede hacer con amplitud", incide Costa. Y Navarrete apunta su explicación sociológica: "El síndrome de Peter Pan es la garantía de mantener la equidistancia entre sentirse integrado y, al tiempo, también libre. Aun pensando ya como adultos conservan más actitudes y atributos juveniles. Una lucha contracultural". También es cierto que los términos juventud y juvenil se han estirado e incluyen a personas de 34 años que son y se sienten jóvenes.

Los estudios de mercado y, en definitiva, los hábitos consumistas de estos treintañeros no fallan. En Barcelona, por ejemplo, se han agotado las famosas muñecas Baby mocosete. No las han comprado los padres para sus hijos, sino la mamá para su disfrute. El pasado fin de semana, la película de dibujos animados Vicky el Vikingo batió record de taquilla. La mayoría de espectadores eran treintañeros con su prole. Lo mismo sucedió en 2005 con Mortadelo y Filemón. Los ejemplos se extienden a los musicales de Mecano, Abba o Queen. O a la reedición de filmes como Star Wars. O a los anuncios: la recuperación del espot en blanco y negro del gel Legrain-París y el "Anda, los donuts". Y cómo no, a la play station o el Scalextric.

"En cuanto al ocio son unos jóvenes que gastan mucho. Pero ahorran en cosas prácticas, porque no dejan que les tomen el pelo. Utilizan las compañías aéreas low cost o los outlet de ropa. Pero, en cambio, gastan mucho en satisfacer sus emociones y en caprichos", afirma Alcázar. Y Gerard Costa lo ejemplifica: "La figura de Jockey de Batman cuesta más de 200 euros y ha sido todo un éxito. Y los de Tim Burton se agotaron". El Baby mocosete supera también los 200 euros.




¿Y la jubilación?

España tiene una pirámide de edad embarazada, porque predominan los treintañeros que suman 7,9 millones de personas. De ellos, el 18% procede de la inmigración. La estadística del INE arroja un dato preocupante: el envejecimiento paulatino de la población y las repercusiones para los cuatro pilares del Estado del bienestar: las pensiones, el sistema nacional de salud, la educación y las ayudas sociales. De no aumentar el ritmo de nacimientos, España puede convertirse en un país de viejos y sin jóvenes que coticen a la Seguridad Social. Y además, la gente vive mucho más día a día.

Sin embargo, parece que este problema no inquieta sobremanera a los actuales treintañeros. Según una encuesta del grupo asegurador Caser, sólo el 46% de los entrevistados cree que la Seguridad Social -sanidad y pensiones- tendrá dificultades en el futuro, frente a una media total del 69%. El 11% cree que desaparecerá y el 35% que el Estado reducirá las prestaciones.

lunes, 20 de abril de 2009

El 'single' vuelve a ser un simple solterón

La opción vital de la soledad que proliferó en tiempos de bonanza vive horas bajas - El paro y las dificultades le han quitado todo encanto

Un 'single' en su cocina


AMANDA MARS EL PAÍS 27/03/2009

Se le estropea a usted la comida en la nevera. No tiene pareja, vive en una ciudad y tiene un trabajo que le permite mantenerse a sí mismo. Los estadounidenses, que lo rebautizan todo, dijeron hace cinco años que no era un solterón, que era un single, que los hombres eran metrosexuales y las mujeres freemales (libres o sin hombres). Dijeron que era usted el niño bonito del departamento de marketing de cualquier multinacional, porque gastaba un 40% más que el miembro de cualquier familia. Que es hedonista, porque como no tiene a nadie que dependa de usted, viaja varias veces al año y sale a cenar fuera cada semana. Que hace 18 años, su grupo representaba el 13% de la población española y que hoy ya son el 22%, hasta 3,5 millones de hogares. Que se iba usted a comer el mundo.

La oferta de pisos compartidos se ha disparado en seis meses

Algunos vuelven con sus padres. La familia sale al rescate

El hogar emerge como centro de ocio

Pero la crisis no perdona, y ejercer hoy de single en España es más difícil. Los solos -o impares, como se suele traducir en España-, no sufren la crisis más que los demás. Pero la sufren. Hay 155.700 hogares formados por una sola persona que está en el paro, un 74% más que hace un año. El número de quienes buscan compañeros de piso, a la vista de algunos portales de Internet, casi se ha duplicado. El crecimiento de hogares unipersonales después del incremento trepidante, echa el freno. Y las separaciones, esa fábrica de singles que trabajó a pleno rendimiento con el divorcio exprés, ha bajado ahora el ritmo, por el fin de ese efecto y también por la crisis económica. Eso sí, su consumo es el que mejor aguantó el tipo el año pasado.

"Es que el del single ha sido un fenómeno económico en España. Hemos vivido 10 años de casi pleno empleo en el que la gente ha podido emprender proyectos individuales y los han llevado a su máxima expresión social. Después de haber estado estigmatizado, ha habido cierta glorificación del soltero, la imagen de que tenía el mundo a sus pies", reflexiona el profesor de marketing de IESE José Luis Nueno, experto analista de consumo.

Patricia F. reniega de la etiqueta que las consultoras de consumo han decidido colgarle. Aunque por sus condiciones de vida es una single de libro. Soltera, con 40 años y 12 de experiencia en el sector, la empresa de informática en la que trabajaba dio un tijeretazo a su plantilla el pasado enero y decidió prescindir de ella, que cobraba 3.000 euros brutos al mes y podía vivir sola en su piso alquilado en Barcelona. "Porque con el paro, no tengo ni para la mitad de mis gastos. Lo he recortado todo: salía a cenar fuera como mínimo dos veces por semana, y ahora sólo salgo si se organiza la fiesta en casa de amigos. No soy de comprar mucha ropa, pero si algo me gustaba, no tenía que pensarlo. En momentos así trabajas para ti, vives como te apetece, pero ahora no", resume esta licenciada en Filosofía y Sociología, dentro de su nueva economía de guerra.

De vivir sola, también ha pasado a buscar un compañero de piso para ayudarse a pagar los 600 euros de alquiler. "Pero eso tampoco es tan fácil ya como antes, porque ahora hay mucha gente alquilando habitaciones que le sobran para pagar la hipoteca, y los precios bajan", asegura.

Idealista.com, uno de los portales de Internet con más usuarios para la búsqueda de viviendas, lo corrobora a golpe de cifra: su oferta de pisos compartidos en Madrid la semana pasada era de 2.245 anuncios, frente a las 1.799 de hace sólo seis meses. Lo mismo ocurre en la capital catalana: de los 367 pisos compartidos del mes de septiembre, a los 675 de la semana pasada. Y los precios, tal y como sospechaba Patricia, bajan levemente: de 370 euros de media a 360 en su ciudad, Barcelona, y de 360 a 350 en Madrid. Son los puntos de España con mayor oferta de pisos compartidos, aunque en el total del país también crece la oferta y se moderan los precios: de 330 a 320 euros como promedio, según Idealista.com

Meetic, una plataforma de Internet que pone en contacto a solteros y se ha convertido en un suculento negocio de 133 millones de euros el año pasado, pasó miedo en enero. Las suscripciones, después de subidas trepidantes, bajan por primera vez. "Temimos que esto fuera una tendencia y bajamos el precio de 30 a 20 euros, pero nos equivocamos. El precio no es un problema", apunta José María Ruano. En febrero las suscripciones remontaron. Y Meetic dejó de nuevo el precio en 30 euros mensuales.

Carmen Gómez, directora del Panel de Consumo de la consultora Nielsen España, quita hierro a esta coyuntura y pone la visión en el largo plazo. "Es cierto que los singles no son los reyes del mambo, y que ahora ya se habla menos de ellos, pero a largo plazo son un público muy importante. Entre 1991 y 2005 pasaron del 13% al 21% de los hogares y gastan mucho más per cápita". Claro que, el acelerón del citado periodo ha echado el freno y desde 2005 ha crecido un solo punto, hasta el 22%. "Un solo punto, pero no está mal, todo un punto", insiste Gómez.

Además de económico, el de los singles ha sido un fenómeno demográfico, alentado por el baby boom (nacidos durante la explosión demográfica de entre 1960 y 1975). De ahí la explosión de nuevos productos (minienvases para personas que viven solas) o negocios (agencias de viajes especializadas) a las que ha dado lugar.

El de los solos es también el único sector cuyo consumo creció el año pasado, según los datos de TNS Worldpanel. Sus compras en alimentación, bebidas o droguería subieron un 2,3%, cuando el resto del grupo formados por parejas con hijos o personas solas con descendencia bajaron.

Pero cuando un hogar formado por una sola persona entra en crisis, la estructura se tambalea. Una opción, en ocasiones, es regresar al hogar paterno. Y no es un trago fácil. A Rosa Alonso le acaba de ocurrir, a los pocos meses de estrenar su soltería. Dentro del microcosmos del single, ella, con 23 años, pertenece al sector más joven. Vivía en un piso de alquiler con su pareja, compañero de trabajo de una de esas firmas intermediarias de hipotecas que brotaron como setas con el boom del mercado del ladrillo, hasta que rompió hace unos meses. El pasado febrero, la compañía, caída en desgracia, cerró y dejó a ambos sin trabajo. Acaba de volver a casa de sus padres. "Y no me siento muy single ahora, claro".

"Esto es algo que ocurre en las recesiones, suelen servir para la cohesión familiar. Porque al final, en momentos así, sale la familia al rescate, ésa es la red en países como España. Las otras redes, las sociales, son más para chatear", apunta Nueno.

Y es que en otros países la cultura del individuo, del joven que se busca la vida, está más afianzada. En 2007, el mayor peso de los hogares unipersonales, sobre el 40%, se encontraba en Suecia, Noruega y Dinamarca, seguidos de Alemania y Francia. Fuera de Europa, Japón es el país con mayor proporción de hogares single, el 29%, según la agencia Euromonitor.

Pero esta agencia consultora de Chicago, la que más ha profundizado sobre el fenómeno, enciende luces de alarma por este grupo humano. En su último informe, de julio de 2008, ya sumergido en el desastre económico, la firma de estudios de mercado alerta de que la actual sequía crediticia "hace cada vez más difícil" para los solteros lograr el dinero prestado para acceder a su primera vivienda. Por estas perspectivas, sobre todo en el Reino Unido y Estados Unidos, el horizonte de crecimiento que esperaban sufrirá un "pequeño cambio".

A la nueva situación mundial se añade la dificultad consustancial a la naturaleza del solo: "Los costes de la vida, como la comida o el mantenimiento del hogar, son más altos por cabeza para las personas que viven solas".

"Y también pagamos más impuestos que nadie, porque no nos desgrava nada", se queja Patricia. Ejercer del single prototípico requiere que a uno le vayan bien las cosas. Martín Vivancos, profesor de la escuela de negocios EADA, va a la esencia básica: "Podemos decir que hoy son dos las clases de single: el que no está afectado por la crisis y el que sí lo está, y éste ve su nivel de consumo afectado". Es uno de los motivos por los que el turismo de fin de semana, la restauración y los locales nocturnos, los lugares de recreo habituales de grupos de impares, ven adelgazar sus ingresos.

Como en el caso de Patricia y sus fiestas caseras en casa de amigos. Según Vivancos, "hay una propensión a ello. Cada vez más aparece el hogar como centro de ocio, con DVD, videoconsolas Wii... Es algo muy afianzado en otros países europeos, pero en España no lo era tanto". "Y el gran peligro de éstos", añade, "es que la gente descubra que se lo pasa bien en casa. Es interesante y amenazante al mismo tiempo para el consumo".

Los restaurantes han visto caer sus ingresos en general. José Luis Guerra, presidente de la Federación Española de Hostelería, explica que "no se puede distinguir entre todos esos singles y el público en general, pero la caída ha sido generalizada. En lo que va de año, el gasto está cayendo entre un 9% y un 10% mes a mes". No bajan las visitas a los restaurantes, pero sí el gasto: de los dos platos se pasa al primero a compartir, y del postre, al café directamente.

Pero las actividades de grupo siguen y los múltiples portales de Internet o agencias de viajes online que aparecen cuando uno pone la palabra single en Internet continúan, aunque sin esconder el fantasma de la recesión económica. En Singlesbcn se ha habilitado un apartado de plan anticrisis con descuentos para los asociados, y dispone de una bolsa de trabajo. Detrás de todo el tinglado está Gary Walker, que le quita hierro a la crisis.

"Siempre intentamos ayudar a la gente que está con nosotros, muchos desde hace tiempo. Aquí es un buen lugar para que los profesionales se conozcan entre sí. Si uno de los singles tiene una empresa y otro busca trabajo, aquí pueden coincidir". Walter reconoce que algunos no pasan por buenos momentos, hay mucha gente que deja de pasar la pensión. Pero eso "también ocurría antes".

Vicente Pizcueta, que es portavoz de Empresarios por la Calidad del Ocio Nocturno, admite que la frecuencia de las salidas nocturnas ha bajado, de seis mensuales a una, y que las ventas -de entradas y bebidas, cuando uno habla del mundo de la noche- bajan un 10%, además de que está migrando la diversión dentro de los hogares. Pero lo enmarca en una tendencia que percibe desde la última década, no vinculada con la crisis.

Pizcueta advierte de que ha trabajado muchos años en el sector de los locales nocturnos para dar una versión muy diferente de José Luis Nueno y su teoría económica de los singles. "Pero, a ver, ¿qué es in single? Es una persona que busca una segunda juventud con mayor poder adquisitivo. Y lo que ocurrió en España es que pasó de estar mal visto a estar de moda. Sin más, pero sólo son personas que buscan conocer a otras personas, así que seguirán saliendo por la noche a poco que puedan", apunta Pizcueta. Lo mismo piensa el dueño del bar Minusa, en Barcelona. "Están fallando más las parejas que los solteros; éstos salen siempre, por fuerza. Al resto hay que estimularles con precios más bajos".

Pizcueta sentencia: "Algunos saldrán menos, pero para otros las noches no se pueden acabar. Con crisis o sin ella, el single sólo es alguien que sale a buscar contacto con el sexo opuesto". O con el propio.